Mucho ha tardado la CUP en decidir cuál será su postura en el
asunto de la investidura de Mas y aunque a algunos les duela la reiterada
negativa a aceptar que continúe siendo Presidente de la Generalitat, no queda
más remedio que decir que finalmente, se ha impuesto la coherencia.
No era normal que un Partido del corte ideológico de la CUP
prestara su apoyo al líder de Convergencia y no ya porque sus planteamientos políticos no
coinciden en modo alguno, sino porque además, la abundancia de casos de
corrupción aparecidos en los últimos tiempos y muy particularmente el de Jordi
Pujol, que siempre fue considerado como mentor de Mas, complicaban profusamente
cualquier intento de alianza.
En estos últimos meses, la CUP se ha visto injustamente
presionada por los más destacados líderes independentistas, bajo el argumento
de que su oposición a la investidura de Mas estaba retrasando el proceso que
decidieron iniciar tras las últimas elecciones, hasta tal punto, que incluso se
ha producido una clarísima división de opiniones entre sus propios afiliados,
que quedó claramente reflejada en el empate técnico que aportó el resultado de
las últimas votaciones.
Sin embargo, la obcecación de Junts pel si en presentar a Mas
como único e indiscutible candidato a la Presidencia y la propia obstinación de
este aspirante en proseguir en el poder, aún sabiendo que las negociaciones
podrían haber llegado a buen puerto con sólo haber cedido el puesto a cualquier
otro candidato, no puede, sino demostrar que una gran parte de la
responsabilidad de que finalmente no quede otro remedio que convocar nuevas
Elecciones, puede certeramente atribuirse a estos pésimos negociadores y no a
la CUP, como se están empeñando en recalcar, la antigua Convergencia y Esquerra
Republicana.
Antes que nada, no puede olvidarse que la CUP se debe
fundamentalmente a sus militantes y que las veleidades de Mas y los suyos no
pueden ni deben afectar a la libertad de expresión de ninguno de los grupos
políticos, ni hipotecar su estabilidad interna, simplemente por conseguir a la
mayor brevedad posible la Presidencia de Cataluña o por las prisas en poner en marcha la maquinaria independentista.
Desde un principio, podía pensarse que algo como lo ocurrido
esta tarde podría suceder, si se tiene en cuenta que en todas las sociedades,
políticas o no, resulta recomendable que sus integrantes sean, lo más afines posible, en las líneas de
su ideario y suele ocurrir cuando no se dan estas premisas, que las sociedades
terminan por disolverse, casi siempre por discrepancias de criterios, como
impone la lógica.
Buscar en la CUP y hasta cierto punto también, en Esquerra
Republicana, un apoyo a las políticas liberales defendidas por Mas y los suyos,
siendo como son, Partidos fundamentalmente de izquierdas y basar la supuesta
alianza solamente en la cuestión de la posible Independencia, ha sido uno de
los mayores errores cometidos por Convergencia y una apuesta personal de Mas,
irremediablemente abocada al fracaso.
De lo que ocurra en los próximos días, dependerá en gran
parte, el futuro más inmediato de Cataluña y no puede tampoco olvidarse que en
las últimas Elecciones Generales, no han sido los Partidos independentistas,
sino Podemos, con Ada Colau a la cabeza, quien ha resultado vencedor, por
amplia mayoría.
Quizá, solo quizá, la convocatoria de nuevas Elecciones,
daría a los catalanes un tiempo precioso para reflexionar lo que verdaderamente
quieren para sí mismos y discernir qué Partidos pueden ofrecérselo de verdad,
sin necesidad de alianzas atípicas que no terminan de convencer a nadie, por la
fragilidad con que fueron hechas.

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