miércoles, 6 de enero de 2016

Fin de Fiesta


Finalizadas las vacaciones de Navidad y aparcado hasta el año que viene ese espíritu que nos obliga a parecer mejores personas durante los últimos días de Diciembre, los españoles afrontamos la siempre dura cuesta de Enero, sumidos en un mar de incertidumbres sobre lo que nos espera en el futuro y rogando por que la solución que finalmente se nos imponga, fruto o no del consenso, mejore, al menos en parte, nuestras vidas, devolviéndonos la alegría perdida y el sueño de poder trabajar dignamente, en pro de nuestro propio crecimiento.
 La única certeza que hasta ahora tenemos, es la de que ningún político de renombre está dispuesto a marcharse, aunque sólo sea por conservar un pundonor que hace tiempo perdieron y que todos parecen, anclados s su sillón de mando, dispuestos a luchar hasta el último aliento, por conseguir encabezar, a nivel nacional o autonómico, la que será la próxima legislatura, que sin embargo, no estará exenta de dificultad, como bien demuestra la enorme fragmentación de todos y cada uno de nuestros Parlamentos.
Las cifras del paro, se saldan con cincuenta y cinco mil parados menos en el mes de Diciembre, cosa que no resulta ser significativa si se tiene en cuenta que tanto las navidades como las rebajas, crean anualmente un cierto número de empleos temporales que después vuelven a perderse y que no significan, en absoluto, que la situación haya mejorado en nada, sobre porque aún tenemos más de cuatro millones de desempleados con pocas o ninguna esperanza de volver al mundo laboral en 2016.
Se marchan de nuevo los jóvenes exiliados que volvieron a pasar unos días con sus familias, a sus lugares de destino, dejando una estela de tristeza en el corazón de los que nos quedamos aquí y que entendemos su forzoso desplazamiento, como una fuga incesante de cerebros hacia otros lugares del mundo, que deja a nuestro país, huérfano de sus mejores talentos, quizá para siempre.
Deseosos de que empiecen en serio las negociaciones entre Partidos y ya casi seguros de que en Cataluña habrá nuevas Elecciones en la Primavera que viene, retomamos la rutina que abandonamos en el periodo vacacional para volver cada cual a nuestros menesteres, ávidos por conocer cómo de irán desarrollando los acontecimientos en las próximas y cruciales semanas que nos aguardan y deseosos de que por fin, se imponga un punto de cordura que agilice lo máximo posible la resolución del conflicto electoral, que entre todos hemos creado, con la enorme fragmentación política que han reseñado nuestros votos.
De momento, vamos a disfrutar del día de Reyes, admirando los ojos atónitos de nuestros niños y compartiendo su llamarada de ilusión, pues son estos pequeños detalles, los únicos capaces de traernos esos retazos impagables de una felicidad común, que nada ni nadie nos puede robar, por pertenecer exclusivamente a nuestra intimidad y por ser una de esas cosas que todavía se nos permiten conservar intactas, aisladas por completo, de cualquier influencia externa.


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