lunes, 18 de enero de 2016

Adaptación forzosa


Mucho estaba tardando la patronal en expresar su opinión sobre los resultados electorales y lo hace, cómo no, coincidiendo con reclamar junto al Presidente Rajoy un gobierno que garantice la estabilidad del país, a ser posible de derechas y por favor, que no derogue la Reforma laboral que les regaló el PP, casi al principio de la última legislatura y que ha permitido despedir con, total libertad, a un incontable número de trabajadores, fundamentalmente fijos y con sueldos por encima de los mil quinientos euros, para reemplazarlos, con cuentagotas, por otros de carácter temporal y con salarios por debajo de la mitad  de los que les antecedieron en los mismos puestos.
La fragmentación parlamentaria salida de las urnas, debe haber supuesto un duro golpe para esta CEOE, acostumbrada a torear a su antojo a los señores del bipartidismo y no cabe la menor duda de que en el momento actual, sus integrantes deben estar aterrorizados ante la perspectiva de que un gobierno de coalición de izquierdas pueda, mediante ley, arrebatarles alguno de sus múltiples e incomprensibles privilegios.
La reacción, no por tardía resulta ser menos esperada y constituye un espaldarazo a las tesis mantenidas desde la Unión Europea, que ha contado durante varios años con la connivencia y la sumisión de los gobiernos conservadores reinantes, lo que le ha permitido hacer y deshacer a su antojo en cuanto a políticas de recortes se refiere, en la seguridad de que los Presidentes de las naciones más endeudadas, como es el caso de España, Irlanda, Grecia o Portugal, no tendrían la osadía de desobedecer a ninguno de sus inapelables mandatos.
Ya tuvieron un susto y grande, en la vecina Grecia, aunque con la mala suerte de que Tsipras se encontró en una lucha que tenía que librar en solitario y ya hicieron todo lo posible y más, porque el díscolo Presidente heleno volviera pronto al redil, provocando el cierre de los bancos durante varias semanas y amenazando con peores medidas a un pueblo que sin embargo, se negó heroicamente a agachar la cabeza, volviendo a otorgar su confianza a la misma persona.
Ya dijimos entonces que todo hubiera sido muy distinto, de haber contado Tsipras con el apoyo de otros gobiernos progresistas, en otros países de Europa y ahora que en Portugal se ha consolidado un ejecutivo de izquierdas y en España parece que la solución pasa por un pacto que ha, necesariamente, de contar con Podemos, peligra el férreo control ejercido durante tanto tiempo sobre los ciudadanos del sur y aquella estabilidad que Merkel y los suyos daban por sentada, casi a perpetuidad, puede empezar a tambalearse seriamente, si nada lo remedia.
Es por eso, porque se corre el riesgo de perder esta especie de giro hacia el modelo laboral asiático que estaban implantando, a la fuerza, en Europa y porque si las cosas llegan a cambiar, ya no podrán  mantener el nivel de beneficios que les venía reportando la explotación descarada de los trabajadores, por lo que los señores del poder están visiblemente nerviosos por las circunstancias actuales y por lo que tratan desesperadamente de amedrentar a las sociedades con su discurso catastrofista, que tan bien les ha funcionado, desde el comienzo de la crisis.
 Nada importan los daños infringidos a las familias, europeas y españolas, a través de la pérdida de empleo y los recortes sociales, ni que hayan aumentando tan escandalosamente las diferencias entre ricos y pobres o que haya, prácticamente, desaparecido la clase media, dando paso a un modelo en el que no se es capaz de afrontar las más elementales necesidades, incluso si se está trabajando.
Lo que importa, es que los dueños del dinero conserven íntegramente su capacidad de maniobrar a su libre albedrío, sobre las Sociedades en general y muy particularmente, que no pierdan de ninguna manera, la potestad de hacer con nuestras vidas y las de nuestros hijos, lo que les de la real gana.
Pero los momentos históricos evolucionan desde siempre empujados por posturas de fuerza y la cuerda, en nuestro caso, se ha tensado tanto y de manera tan cruel e irreverente, que no nos ha quedado otro remedio que intentar, a través de nuestros votos, cambiar una situación que por causa de la avaricia y la deshumanización expresa del poder, se había convertido en absolutamente insostenible.
Acostumbrados a ganar, los dueños del capital van a luchar con uñas y dientes por no tener que dar pasos atrás en las políticas que han propiciado, para desgracia nuestra. Otra cosa es que consigan finalmente sus propósitos. Porque parece que la soledad que condenó a Grecia a tener que aceptar ciertas medidas con las que estaba en desacuerdo, ya no es tal y menos que va a ser, a medida que se vayan celebrando elecciones, en otros países del entorno.
Les guste o no a la patronal española y a los jefazos europeos, no les va a quedar otro remedio que adaptarse a los acontecimientos actuales y acostumbrarse a que los tiempos de hegemonía tiránica sobre los pueblos, van a terminar para siempre.

Los afectados por su dictatorial mandato ya no vamos a ceder. Así que serán ellos y no nosotros, los que tendrán que renunciar al menos a una parte de sus beneficios, si les interesa mantener  un pedazo de su status de poder, antes de que se barajen nuevas formas de financiación, en las que no sea imprescindible su presencia.

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