Mucho estaba tardando la patronal en expresar su opinión
sobre los resultados electorales y lo hace, cómo no, coincidiendo con reclamar
junto al Presidente Rajoy un gobierno que garantice la estabilidad del país, a
ser posible de derechas y por favor, que no derogue la Reforma laboral que les
regaló el PP, casi al principio de la última legislatura y que ha permitido
despedir con, total libertad, a un incontable número de trabajadores,
fundamentalmente fijos y con sueldos por encima de los mil quinientos euros,
para reemplazarlos, con cuentagotas, por otros de carácter temporal y con
salarios por debajo de la mitad de los
que les antecedieron en los mismos puestos.
La fragmentación parlamentaria salida de las urnas, debe
haber supuesto un duro golpe para esta CEOE, acostumbrada a torear a su antojo
a los señores del bipartidismo y no cabe la menor duda de que en el momento
actual, sus integrantes deben estar aterrorizados ante la perspectiva de que un
gobierno de coalición de izquierdas pueda, mediante ley, arrebatarles alguno de
sus múltiples e incomprensibles privilegios.
La reacción, no por tardía resulta ser menos esperada y
constituye un espaldarazo a las tesis mantenidas desde la Unión Europea, que ha
contado durante varios años con la connivencia y la sumisión de los gobiernos
conservadores reinantes, lo que le ha permitido hacer y deshacer a su antojo en
cuanto a políticas de recortes se refiere, en la seguridad de que los
Presidentes de las naciones más endeudadas, como es el caso de España, Irlanda,
Grecia o Portugal, no tendrían la osadía de desobedecer a ninguno de sus
inapelables mandatos.
Ya tuvieron un susto y grande, en la vecina Grecia, aunque
con la mala suerte de que Tsipras se encontró en una lucha que tenía que librar
en solitario y ya hicieron todo lo posible y más, porque el díscolo Presidente
heleno volviera pronto al redil, provocando el cierre de los bancos durante
varias semanas y amenazando con peores medidas a un pueblo que sin embargo, se
negó heroicamente a agachar la cabeza, volviendo a otorgar su confianza a la
misma persona.
Ya dijimos entonces que todo hubiera sido muy distinto, de
haber contado Tsipras con el apoyo de otros gobiernos progresistas, en otros
países de Europa y ahora que en Portugal se ha consolidado un ejecutivo de
izquierdas y en España parece que la solución pasa por un pacto que ha, necesariamente,
de contar con Podemos, peligra el férreo control ejercido durante tanto tiempo
sobre los ciudadanos del sur y aquella estabilidad que Merkel y los suyos daban
por sentada, casi a perpetuidad, puede empezar a tambalearse seriamente, si
nada lo remedia.
Es por eso, porque se corre el riesgo de perder esta especie
de giro hacia el modelo laboral asiático que estaban implantando, a la fuerza,
en Europa y porque si las cosas llegan a cambiar, ya no podrán mantener el nivel de beneficios que les venía
reportando la explotación descarada de los trabajadores, por lo que los señores
del poder están visiblemente nerviosos por las circunstancias actuales y por lo
que tratan desesperadamente de amedrentar a las sociedades con su discurso
catastrofista, que tan bien les ha funcionado, desde el comienzo de la crisis.
Nada importan los
daños infringidos a las familias, europeas y españolas, a través de la pérdida
de empleo y los recortes sociales, ni que hayan aumentando tan escandalosamente
las diferencias entre ricos y pobres o que haya, prácticamente, desaparecido la
clase media, dando paso a un modelo en el que no se es capaz de afrontar las
más elementales necesidades, incluso si se está trabajando.
Lo que importa, es que los dueños del dinero conserven
íntegramente su capacidad de maniobrar a su libre albedrío, sobre las Sociedades
en general y muy particularmente, que no pierdan de ninguna manera, la potestad
de hacer con nuestras vidas y las de nuestros hijos, lo que les de la real
gana.
Pero los momentos históricos evolucionan desde siempre
empujados por posturas de fuerza y la cuerda, en nuestro caso, se ha tensado
tanto y de manera tan cruel e irreverente, que no nos ha quedado otro remedio
que intentar, a través de nuestros votos, cambiar una situación que por causa
de la avaricia y la deshumanización expresa del poder, se había convertido en
absolutamente insostenible.
Acostumbrados a ganar, los dueños del capital van a luchar
con uñas y dientes por no tener que dar pasos atrás en las políticas que han
propiciado, para desgracia nuestra. Otra cosa es que consigan finalmente sus
propósitos. Porque parece que la soledad que condenó a Grecia a tener que
aceptar ciertas medidas con las que estaba en desacuerdo, ya no es tal y menos
que va a ser, a medida que se vayan celebrando elecciones, en otros países del
entorno.
Les guste o no a la patronal española y a los jefazos
europeos, no les va a quedar otro remedio que adaptarse a los acontecimientos
actuales y acostumbrarse a que los tiempos de hegemonía tiránica sobre los
pueblos, van a terminar para siempre.
Los afectados por su dictatorial mandato ya no vamos a ceder.
Así que serán ellos y no nosotros, los que tendrán que renunciar al menos a una
parte de sus beneficios, si les interesa mantener un pedazo de su status de poder, antes de que
se barajen nuevas formas de financiación, en las que no sea imprescindible su
presencia.

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