lunes, 25 de enero de 2016

El fondo y las formas


La iniciativa de Pablo iglesias, ofreciendo un pacto de gobierno al PSOE y reclamando a la vez, los cargos que le corresponderían proporcionalmente al número de votos obtenido, parece haber ofendido gravemente a la vieja guardia socialista, sin duda acostumbrada a pergeñar acuerdos en la sombra, lejos de la curiosidad y el interés de los ciudadanos, a los que después afectarán las decisiones tomadas, de un modo u otro.
Heridos en su vanidad y sin reconocer aún el gravísimo retroceso que han sufrido como Partido, en las últimas elecciones generales, las grandes cabezas pensantes afines a la ideología conservadora de Susana Díaz o del propio Felipe González, al que cuesta trabajo reconocer en sus opiniones, últimamente, han emprendido una campaña de acoso y derribo contra los representantes de Podemos, visiblemente contrariados por las formas empleadas el viernes por su líder, pero sin contemplar en ningún momento el fondo que encierran las medidas que se preconizaban en el discurso.
Estamos asistiendo a un tiempo en el que parece importar más la estética de los políticos que su ética y en el que resulta habitual hacer cómo que se ignoran los  mensajes que provienen directamente de lo que se ha dado en llamar la indignación ciudadana, adoptando desde las Formaciones tradicionales una pose de pretendida superioridad, que no hace otra cosa que perjudicar a quienes la practican, poniendo en evidencia la decadencia de su política.
Desde que Podemos naciera como partido político, para presentarse a los comicios europeos, ha sido sistemáticamente infravalorado, ninguneado, criticado y difamado por representantes de las Formaciones bipartidistas y por la prensa que les es afín, primero, considerando que se trataba de una moda efímera cuyo efecto pasaría más pronto que tarde y después, argumentando que constituía una amenaza contra la estabilidad del sistema establecido, que entretanto, mermaba considerablemente el nivel de vida de los ciudadanos.
Pero la moda no pasó y aquellos jóvenes procedentes del 15M, defensores del movimiento asambleario y de la participación de la gente en los asuntos políticos, fueron afianzando su posición entre los electores, hasta conseguir posicionarse como tercera fuerza, en las últimas elecciones generales.
Naturalmente que en nada se parecen a los representantes que ocupaban hasta ahora el Parlamento y que sus reivindicaciones son diametralmente opuestas a las que hasta ayer mismo preconizaban PP y PSOE y que se basaban fundamentalmente, en medidas de recortes y pérdida de derechos.
De eso precisamente se trataba y los millones de electores que se han decantado en todo el territorio nacional por estas opciones, han defendido, al introducir su voto en las urnas,  esas notables diferencias, que ahora permiten exigir, a los que han recibido su confianza, una serie de cambios, esencialmente en el área social, que devuelvan al pueblo español la dignidad que en los últimos años le ha sido arrebatada, primero en la última etapa de gobierno de Zapatero y después, durante la última legislatura, con Mariano Rajoy a la cabeza.
No se comprende que esa fingida indignación que protagonizan estos días, los barones del PSOE y por supuesto, los incombustibles pesos pesados del PP, capitaneados por personajes del estilo de Esperanza Aguirre, se base únicamente en las formas empleadas por Pablo Iglesias para ofrecer su apoyo a un gobierno de progreso, mientras se olvida conscientemente el modo en que agraviaron a los ciudadanos, todos los líderes pertenecientes a ambas formaciones que se han visto y se ven, imputados en gravísimos casos de corrupción, eso sí, ataviados de corbata y trajes de seda, confeccionados a medida y con impecable vocabulario, mientras cometían los delitos.
Pero la experiencia acumulada durante este tiempo por los sufridos ciudadanos, la capacidad de leer entre líneas que se han visto obligados a desarrollar, para entresacar de cada discurso, lo que resultaba ser verdaderamente importante, ha agudizado y mucho, el ingenio para discernir entre lo que aparentemente parece correcto y lo que queda en realidad, después del cribado a que debe ser sometido, todo aquello que se nos dice.
Hace ya tiempo que pensamos que por encima de la estética está y estará siempre la ética y que se impone, por encima de todas las cosas el deber de estar al lado de los que están dispuestos a cumplir sus promesas.
Es por ello, que mientras los barones socialistas se consideraban atacados  por la escenificación elegida por Podemos para transmitir su mensaje, los ciudadanos, muy por encima de la clase política, se dedicaban a oír en profundidad, las propuestas que para ellos supondrían, una mejora considerable de su modus vivendi.
Si el Partido socialista aún no sabe que no tiene otra forma de acceder al poder, que haciendo concesiones justas a los que prácticamente le igualan en votos, sean cuales fueren las maneras empleadas en hacer el ofrecimiento, más le vale pactar con Rajoy y olvidarse del todo de cuáles fueron sus auténticos principios y el fondo de su ideología.
Con la pelota en su tejado y quiéralo o no, Sánchez no tiene otro remedio que dialogar, negociar, ceder, admitir sus errores y tratar de corregirlos o nunca se deshará de los enormes lastres que le acompañan, si quiere formar parte de este tiempo nuevo.
La cerrada obstinación de sus barones, muchos de ellos vinculados al pasado reciente del que el PSOE no puede, en modo alguno, sentirse orgulloso, representa en este momento algo de lo que convendría prescindir, si se desea de verdad, el bienestar de las mayorías.
A última hora de ayer, Sánchez e iglesias hablaron por primera vez, después de la renuncia de Rajoy. Esperemos que no sea la última.


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