El asunto de los cuatro grupos parlamentarios que pretendía
tener Podemos en el Parlamento empieza a ocasionar daños colaterales y los
cuatro diputados de Compromís, la Formación valenciana, decide continuar su
andadura en solitario, mientras los otros socios de Iglesias aceptan ir en
comunión, en el último momento.
Con todo por decidir, cada gesto puntual que se produce en
estos días es minuciosamente observado y analizado por la prensa, que muchas
veces parece asumir el papel de consejero sobre cuestiones de alianzas, ofreciendo
a los implicados posibles soluciones que puedan facilitar la dura labor
dialogante que les queda de aquí a que Mariano Rajoy fracase, como es
previsible, en su intento de ser investido Presidente y que puede durar aún
bastante tiempo, hasta que empiecen a fraguar los acuerdos.
Está por primera vez, desde hace varias legislaturas, el
panorama político interesante y el diario devenir de unos y otros, nos tiene
atrapados ante los medios, por si se produce en algún momento una noticia de
cierta relevancia y nos pilla fuera de onda, después de lo que hemos apostado
por que se pueda iniciar esto del Cambio.
Pero de momento, la única
certeza , es que el PP parece haber asumido que le será imposible formar
Gobierno, aunque sin reconocer, en ningún momento, que esta soledad en que se
encuentra, desde que se supo el resultado de las Elecciones, se debe en su
totalidad, al tiempo que ha empleado durante sus años en el poder, en ganar
enemistades en todos los frentes, que son, a día de hoy, absolutamente
irreconciliables.
Llegados a este punto, todo el mundo está prácticamente
convencido de que será el líder del PSOE el próximo Presidente español y aunque
nadie admite haberse rendido, hasta en el Rey se advierte un cierto conformismo
con el futuro que se avecina y que en nada se parecerá, a todo lo ocurrido en
el pasado, para bien o para mal de todos nosotros.
Ya nos hubiera gustado que las cosas hubieran estado más
claras y que los Partidos de progreso lo hubieran tenido un poquito más fácil
para alcanzar acuerdos, pero habrá que admitir que este episodio de nuestra
historia, en el que todos tendrán que afinar posturas para propiciar al
candidato que resulte finalmente ganador, tiene su encanto.
Asistimos a un momento de particular intríngulis, en el que
por fin, los líderes se ven obligados a practicar sus dotes de hacer política,
cuestión que tenían olvidada, prácticamente desde el mismo inicio de la
democracia y que ahora se les ha venido encima con inusitada urgencia, pillándoles
desentrenados y a algunos, mal acostumbrados a una comodidad, que de repente se
ha esfumado sin dejar rastro.
No vamos a negar que hay tensión, pero a la vez, puede ser
maravilloso esto de vivir peligrosamente, atentos a no dar un mal paso que
malogre la posibilidad de pactar y en permanente estado de alerta ante las
exigencias y las cesiones de los otros.
Por fin, a los políticos se les ha impuesto la obligación de
convivir, como nos ocurre a los ciudadanos corrientes y esto, que parecía
imposible hace solamente unos meses, lo hemos conseguido nosotros, los que
formamos parte de esta Sociedad, únicamente con la fuerza de nuestros votos.
Ahora les toca a ellos jugar sus cartas, hablar, buscar vías
que les acerquen o les separen de quiénes han sido hasta hace poco sus
oponentes y apostar por lo que buenamente les parezca mejor, sin olvidar que el
que finalmente gane la partida, habrá de procurar el bienestar de los
ciudadanos de este País, aunque de manera distinta.
La incertidumbre de no saber quién será, aunque nos provoca
cierto recelo, no debe sin embargo, restar un ápice de emoción al momento.
Estamos seguros de que por fin se encontrará el camino. Lo
bueno de que pase el tiempo, es que termina por curarse todo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario