miércoles, 20 de enero de 2016

Obligación de convivir


El asunto de los cuatro grupos parlamentarios que pretendía tener Podemos en el Parlamento empieza a ocasionar daños colaterales y los cuatro diputados de Compromís, la Formación valenciana, decide continuar su andadura en solitario, mientras los otros socios de Iglesias aceptan ir en comunión, en el último momento.
Con todo por decidir, cada gesto puntual que se produce en estos días es minuciosamente observado y analizado por la prensa, que muchas veces parece asumir el papel de consejero sobre cuestiones de alianzas, ofreciendo a los implicados posibles soluciones que puedan facilitar la dura labor dialogante que les queda de aquí a que Mariano Rajoy fracase, como es previsible, en su intento de ser investido Presidente y que puede durar aún bastante tiempo, hasta que empiecen a fraguar los acuerdos.
Está por primera vez, desde hace varias legislaturas, el panorama político interesante y el diario devenir de unos y otros, nos tiene atrapados ante los medios, por si se produce en algún momento una noticia de cierta relevancia y nos pilla fuera de onda, después de lo que hemos apostado por que se pueda iniciar esto del Cambio.
 Pero de momento, la única certeza , es que el PP parece haber asumido que le será imposible formar Gobierno, aunque sin reconocer, en ningún momento, que esta soledad en que se encuentra, desde que se supo el resultado de las Elecciones, se debe en su totalidad, al tiempo que ha empleado durante sus años en el poder, en ganar enemistades en todos los frentes, que son, a día de hoy, absolutamente irreconciliables.
Llegados a este punto, todo el mundo está prácticamente convencido de que será el líder del PSOE el próximo Presidente español y aunque nadie admite haberse rendido, hasta en el Rey se advierte un cierto conformismo con el futuro que se avecina y que en nada se parecerá, a todo lo ocurrido en el pasado, para bien o para mal de todos nosotros.
Ya nos hubiera gustado que las cosas hubieran estado más claras y que los Partidos de progreso lo hubieran tenido un poquito más fácil para alcanzar acuerdos, pero habrá que admitir que este episodio de nuestra historia, en el que todos tendrán que afinar posturas para propiciar al candidato que resulte finalmente ganador, tiene su encanto.
Asistimos a un momento de particular intríngulis, en el que por fin, los líderes se ven obligados a practicar sus dotes de hacer política, cuestión que tenían olvidada, prácticamente desde el mismo inicio de la democracia y que ahora se les ha venido encima con inusitada urgencia, pillándoles desentrenados y a algunos, mal acostumbrados a una comodidad, que de repente se ha esfumado sin dejar rastro.
No vamos a negar que hay tensión, pero a la vez, puede ser maravilloso esto de vivir peligrosamente, atentos a no dar un mal paso que malogre la posibilidad de pactar y en permanente estado de alerta ante las exigencias y las cesiones de los otros.
Por fin, a los políticos se les ha impuesto la obligación de convivir, como nos ocurre a los ciudadanos corrientes y esto, que parecía imposible hace solamente unos meses, lo hemos conseguido nosotros, los que formamos parte de esta Sociedad, únicamente con la fuerza de nuestros votos.
Ahora les toca a ellos jugar sus cartas, hablar, buscar vías que les acerquen o les separen de quiénes han sido hasta hace poco sus oponentes y apostar por lo que buenamente les parezca mejor, sin olvidar que el que finalmente gane la partida, habrá de procurar el bienestar de los ciudadanos de este País, aunque de manera distinta.
La incertidumbre de no saber quién será, aunque nos provoca cierto recelo, no debe sin embargo, restar un ápice de emoción al momento.
Estamos seguros de que por fin se encontrará el camino. Lo bueno de que pase el tiempo, es que termina por curarse todo.


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