domingo, 10 de enero de 2016

In extremis


Finalmente, se rinde la CUP ante las presiones de Junts Pel Si, aunque consiguiendo que Artur  Mas se retire de la primera línea política, cediendo la candidatura a la Presidencia de la Generalitat al alcalde de Girona Carles Puigdemont, conocido por su defensa a ultranza del independentismo.
El acuerdo, que fue alcanzado in extremis, unas horas antes de que se cumpliera el plazo marcado, ha evitado la convocatoria de nuevas elecciones y pretende, según sus firmantes, conseguir dar al nuevo Gobierno catalán una estabilidad que posibilite una continuidad en el iniciado proceso por la independencia.
Un Artur Mas visiblemente afectado por lo ocurrido, se enfrentó ayer por la tarde en soledad a una larguísima rueda de prensa, en la que procuró en todo momento defender las bondades de sus argumentos  y en la que trató de presentarse a sí mismo como un fiel servidor del bienestar de su amada Cataluña, aunque para ello tuviera que echarse a un lado, por ser considerado un escollo para el triunfo de las negociaciones entre las Fuerzas separatistas.
Obviando que tomar esta decisión le ha costado más de tres meses y que sólo en última instancia ha cedido a regañadientes a ofrecer a otro candidato la oportunidad de ser investido, recalcó sin embargo, en varias ocasiones, que había sido la CUP la que había cometido varios y grandes errores y que sería por tanto esta Formación, la que habría de reflexionar sobre la trayectoria seguida desde que se conociera el resultado de las elecciones, sin admitir, en ningún momento, que de haberse retirado cuando comenzaron las negociaciones, la cuestión se hubiera resuelto hace ya mucho tiempo.
Tragado por su propio ego y aparentemente orgulloso de su trayectoria profesional e incapaz de hacer autocrítica o de reconocer el daño que han hecho a su Partido los múltiples casos de corrupción presuntamente cometidos por sus correligionarios y muy especialmente, por su mentor Jordi Pujol, Mas definió sus años de gobierno como una etapa que le había supuesto infinidad de sacrificios personales y en la que siempre había procurado, por encima de todo, servir a Cataluña, echando la culpa de todos los fracasos a la intolerancia de un Gobierno Central, que lo ha tenido “maniatado”, mientras ha durado su mandato.
Se abre ahora, un periodo de incertidumbre en el que sin duda habremos de asistir a acontecimientos dolorosos, sobre todo si Mariano Rajoy tuviera por fin la oportunidad de formar Gobierno, en primer o segundo intento, con el apoyo o la abstención de Ciudadanos y PSOE, lo que supondría un indeseado continuismo en las políticas llevadas a cabo desde Moncloa y un nuevo y más feroz enfrentamiento entre unionistas e independentistas catalanes.
Sólo queda, la frágil esperanza de que Pedro Sánchez consiga los apoyos deseados para arrebatarle la Investidura al líder popular y que atendiendo a la propuesta de Podemos, consienta en arbitrar el ansiado Referendum que tantas veces se ha reclamado sin éxito desde Cataluña y cuyo resultado podría zanjar, por fin, la cuestión de la independencia, en uno u otro sentido.
Mientras, todo está dispuesto para el comienzo del juicio del caso Noos y Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarín aguardan el desafortunado momento de tener que sentarse en el banquillo, para responder, junto a sus socios, de todas las acusaciones que pesan sobre ellos.

Del desarrollo de este juicio, iremos, como no podría ser de otra manera, hablando en los próximos días  y sólo esperamos, como en todos los casos de corrupción, que se haga justicia y que todo el peso de la Laey caiga, sin excepciones, sobre los culpables.

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