Se apresura Ciudadanos a comenzar su
labor en el Congreso, con una intervención de Albert Rivera a favor de un pacto
entre fuerzas que garanticen la estabilidad y proponiendo una defensa a
ultranza de la unidad del Estado español, ahora que corren vientos huracanados
en la Generalitat de Cataluña.
No puede permitirse perder tiempo el
Partido de Rivera, en el convencimiento de que en el caso de que hubiera que
repetir elecciones, muchos de los votos que tomó prestados del PP, volverían a su
legítimo dueño, lo que les colocaría en una situación de auténtica desventaja,
con respecto a los resultados obtenidos y que les han otorgado cuarenta
diputados en el Congreso.
Habiendo manifestado por activa y
pasiva, que nunca pactarían con Podemos y temiendo un pacto de Izquierdas que
les reste protagonismo en la Legislatura que empieza, Ciudadanos no tiene otra
opción que promocionar un tripartito con PSOE y PP, esperando que Pedro Sánchez
renuncie a su sueño de una alianza a la portuguesa, para sumarse a este
Gobierno de estabilidad democrática, presidido por Mariano Rajoy, que propone
Rivera.
Pero si Pedro Sánchez consiente en
esta aspiración, llegando finalmente a un acuerdo con los Partidos
conservadores y dando la espalda a las demás Formaciones de izquierdas, que
esperan de su investidura el comienzo de un cambio que han venido reclamando en
todos sus discursos, desde hace varios años, los propios militantes socialistas
y muchos electores que le han otorgado su confianza creyendo que su moderación podría
ser la que nivelara la balanza en un posible pacto progresista, quedarían
profundamente decepcionados y de su indignación podría derivarse, en un futuro,
una caída vertiginosa que colocara al PSOE cercano a su desaparición, después
de más de cien años de existencia.
Una cosa son las aspiraciones de
Rivera, que de seguro no se corresponden en nada con lo que le auguraban las
encuestas y otra, bien distinta, lo que conviene a un líder socialista que
incluso se ha visto obligado a enfrentarse ferozmente con barones del peso de
Susana Díaz y que por tanto, no puede ni debe permitirse abandonar la idea inicial de gobernar, cediendo
cobardemente a las presiones ejercidas por el Gobierno en funciones de Rajoy,
ni a las ínfulas presidenciales del líder de ciudadanos.
Y aunque no se sabe si al final podrá
conseguirse un acuerdo con el Partido de Iglesias y otras Fuerzas, el mero
gesto de tender la mano a Rajoy, a quién todos recordamos que se atrevió a llamar,
ante las cámaras de televisión, indecente, colocaría a Sánchez en una
encrucijada de la que le resultaría bien difícil escapar, jugándose además, su
propia dignidad personal, como líder del Partido que representa.
Ojo. Rivera no va a cejar en su
empeño, pues su temor a tener que volver a ser evaluado en las urnas se ha
convertido y se le nota, en una obsesión que le persigue y que de hacerse
realidad, le colocaría seguramente, en un lugar muy por debajo del que ahora
mismo ocupa, en este variopinto Parlamento.
Sus verdaderas intenciones, quedan en
evidencia, en el momento en que se constituye en auténtico protagonista del
inicio de la Legislatura, celebrando ruedas de prensa y auto proclamándose
mediador en las políticas de pactos que se avecinan, siendo como es en realidad,
el líder de la cuarta Fuerza política, en número de votos, según el resultado
de las Elecciones.
No les quepa la menor duda de que
Rivera quería y quiere ser el Presidente de este País, pero las cosas se le han
torcido de tal suerte, que su única e inaplazable opción es intentar que no se
lleguen a celebrar nuevos Comicios, al menos, hasta que consiga armarse e idear
nuevas estrategias que le permitan alcanzar su auténtico objetivo.
De los demás depende consentir o no
con lo que propone, ser o no, cómplices de sus aspiraciones presidenciales y
apoyo de sus reivindicaciones, que sólo a él conciernen, aunque, por encima de
todo, lo que debería primar es el respeto a la voluntad de los ciudadanos, que
por cierto, han desoído en su mayoría, las propuestas que presentó en la pasada
Campaña electoral, colocándole en el sitio en el que ahora se encuentra.

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