Siguiendo la tónica europea, España decide al fin reconocer
el Estado Palestino, que lleva años luchando por ser entendido como tal a los
ojos del Mundo, aunque algunas grandes potencias le niegan sistemáticamente tal
privilegio, probablemente forzados por la influencia que Israel tiene en su economía y por las
presiones continuas que les llegan desde allí, aunque invadan
indiscutiblemente, su propia soberanía.
El momento se ha visto ensuciado por el atentado en una Sinagoga judía, en el que ha habido
una serie de muertos y que seguramente forma parte de los ataques continuos que
intercambian palestinos e israelíes, en torno a la franja de Gaza.
Ya hemos hablado otras veces de la eternidad de este
conflicto y de cómo la posesión de un trozo de tierra puede originar absurdas
guerras que no terminan de solucionarse nunca, pero que las naciones
reconozcan, igual que lo hicieron con Israel, al Estado Palestino, puede tener
una importancia garrafal para los ciudadanos que lo habitan y que hasta ahora,
no habían podido encontrar una vía para canalizar sus protestas, al carecer de
una identidad propia, como si se tratara de seres absolutamente inexistentes.
Parece que Suecia ha levantado el veto, atreviéndose a hacer
tangible una realidad que no podía ser ignorada por más tiempo, siendo
inmediatamente secundada por otros países de Europa y afortunadamente, desde
ayer, también por el nuestro.
Hay que alegrarse por todas esas personas que en total inferioridad
económica, han mantenido una lucha desigual frente a Israel, para conservar sus
derechos, sistemáticamente vejados por la probada supremacía judía, que no
ahorra en medios para poner en claro la naturaleza de su dominio, sin que en
ningún momento importe a qué métodos haya que acudir para conseguirlo.
La desmemoria de todo
lo sucedido durante el Holocausto, no
puede ser más evidente y a menudo, los procedimientos adoptados contra los
palestinos han guardado una importante coincidencia con los que se emplearon en
Alemania y otros países europeos, durante el mandato tiránico de Hitler.
Quizá corresponde al resto del mundo poner un punto de
cordura en esta tragedia y recordar a quienes tanto sufrieron durante aquella
época, que la xenofobia no puede ser entendida como algo plausible, en ninguna
situación, lugar o momento.
Por eso, es indispensable que Palestina pueda tener voz en
los Organismos internacionales y que su
problema pueda ser analizado como un ataque indiscriminado a una Nación y no
como se quiere hacer creer, a unos cuantos agitadores directamente relacionados
con el terrorismo islámico.
La urgencia de su integración como estado es absoluta, o al
final, la humanidad acabará tropezando de bruces, otra vez, con la enorme tragedia
de otro exterminio.
Cerrar los ojos, justificar que todo vale si anda por medio
el terrorismo, es ignorar de manera consciente que detrás de este tipo de
enfrentamientos están siempre una incontable mayoría de inocentes.
Y porque esos inocentes merecen ser tenidos en cuenta y
disfrutar de la oportunidad de vivir en una paz que muchos de ellos, por la
duración de las guerras, desconocen, resulta fundamental el apoyo universal a
su reclamación de una identidad y a ser escuchados, exactamente igual que los
demás, en los foros de discusión arbitrados para tales cuestiones.
Damos pues, la bienvenida a Palestina, a la que muchos ya
apoyábamos abiertamente reconociendo su identidad, desde hace mucho tiempo.
Ojalá y a partir de ahora, pueda mejorar la situación que
padece y haya algún modo de terminar con la inexplicable discriminación que ha
venido sufriendo y que supone, desde luego, una rotunda injusticia.

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