miércoles, 19 de noviembre de 2014

Welcome Palestina


Siguiendo la tónica europea, España decide al fin reconocer el Estado Palestino, que lleva años luchando por ser entendido como tal a los ojos del Mundo, aunque algunas grandes potencias le niegan sistemáticamente tal privilegio, probablemente forzados por la influencia  que Israel tiene en su economía y por las presiones continuas que les llegan desde allí, aunque invadan indiscutiblemente, su propia soberanía.
El momento se ha visto ensuciado por el atentado  en una Sinagoga judía, en el que ha habido una serie de muertos y que seguramente forma parte de los ataques continuos que intercambian palestinos e israelíes, en torno a la franja de Gaza.
Ya hemos hablado otras veces de la eternidad de este conflicto y de cómo la posesión de un trozo de tierra puede originar absurdas guerras que no terminan de solucionarse nunca, pero que las naciones reconozcan, igual que lo hicieron con Israel, al Estado Palestino, puede tener una importancia garrafal para los ciudadanos que lo habitan y que hasta ahora, no habían podido encontrar una vía para canalizar sus protestas, al carecer de una identidad propia, como si se tratara de seres absolutamente inexistentes.
Parece que Suecia ha levantado el veto, atreviéndose a hacer tangible una realidad que no podía ser ignorada por más tiempo, siendo inmediatamente secundada por otros países de Europa y afortunadamente, desde ayer, también por el nuestro.
Hay que alegrarse por todas esas personas que en total inferioridad económica, han mantenido una lucha desigual frente a Israel, para conservar sus derechos, sistemáticamente vejados por la probada supremacía judía, que no ahorra en medios para poner en claro la naturaleza de su dominio, sin que en ningún momento importe a qué métodos haya que acudir para conseguirlo.
 La desmemoria de todo lo sucedido  durante el Holocausto, no puede ser más evidente y a menudo, los procedimientos adoptados contra los palestinos han guardado una importante coincidencia con los que se emplearon en Alemania y otros países europeos, durante el mandato tiránico de Hitler.
Quizá corresponde al resto del mundo poner un punto de cordura en esta tragedia y recordar a quienes tanto sufrieron durante aquella época, que la xenofobia no puede ser entendida como algo plausible, en ninguna situación, lugar o momento.
Por eso, es indispensable que Palestina pueda tener voz en los Organismos internacionales  y que su problema pueda ser analizado como un ataque indiscriminado a una Nación y no como se quiere hacer creer, a unos cuantos agitadores directamente relacionados con el terrorismo islámico.
La urgencia de su integración como estado es absoluta, o al final, la humanidad acabará tropezando de bruces, otra vez, con la enorme tragedia de otro exterminio.
Cerrar los ojos, justificar que todo vale si anda por medio el terrorismo, es ignorar de manera consciente que detrás de este tipo de enfrentamientos están siempre una incontable mayoría de inocentes.
Y porque esos inocentes merecen ser tenidos en cuenta y disfrutar de la oportunidad de vivir en una paz que muchos de ellos, por la duración de las guerras, desconocen, resulta fundamental el apoyo universal a su reclamación de una identidad y a ser escuchados, exactamente igual que los demás, en los foros de discusión arbitrados para tales cuestiones.
Damos pues, la bienvenida a Palestina, a la que muchos ya apoyábamos abiertamente reconociendo su identidad, desde hace mucho tiempo.
Ojalá y a partir de ahora, pueda mejorar la situación que padece y haya algún modo de terminar con la inexplicable discriminación que ha venido sufriendo y que supone, desde luego, una rotunda injusticia.





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