Mueve ficha Mariano Rajoy en el problema de Cataluña, sin
salirse de la línea marcada por su Partido y sin haber aprendido nada de la
lección de civismo que se produjo el nueve de Noviembre y ordena al Fiscal del
estado querellarse contra los Organizadores del evento, sin aclarar muy bien
por qué delitos y por supuesto, sin dar explicaciones a una Sociedad, cansada
hasta el hartazgo de sus continuados silencios.
Incide en el error de no abrir inmediatamente un itinerario
de diálogo y lo que es peor, sin ofrecer soluciones alternativas que tal vez
pudieran detener, al menos por un tiempo, las ansias independentistas de Mas,
ya que nunca fue realmente, un radical nacionalista.
Busca, como es habitual, respaldo legal, sin poner en práctica
una sola estrategia política, que sería lo que se espera de alguien que ha sido
elegido para una Presidencia de
Gobierno, ahondando otra vez, sólo en las diferencias que separan a
catalanes y españoles, sin pararse a buscar las múltiples similitudes que nos
unen y que no parecen importar, una vez que se ha herido su orgullo personal de recalcitrante
unionista.
Qué tiene que pasar para que Rajoy por fin comprenda que a
los pueblos no se les gana con prohibiciones y represión, y hasta adónde habrá
que llegar para que cumpla con la obligación de sentarse a escuchar a la gente,
es una incógnita que no acaba de resolverse, pero transcurre el tiempo en su
contra, mientras Mas, reforzado por la respuesta obtenida de los que están bajo
su gobierno, se arma de valor atreviéndose a dar nuevos pasos para conseguir
sus objetivos, en vista de la negativa continuada de Madrid, a sentarse en una
mesa de negociaciones.
Tampoco está claro a quién o quiénes contenta Rajoy con su
empecinamiento, ni hasta cuándo podrá mantener el tipo sin sufrir un grave
descalabro también por esta causa y la impresión que da, es la de haberse
autoproclamado adalid de la Unidad de una España, que sin embargo, no es para
nada la principal preocupación de los ciudadanos a quiénes se debe.
Debe creer que la opinión popular, en este y en todos los
temas, es la misma que la de sus compañeros de bancada en el Parlamento, cuando
le secundan por aclamación, ignorando que la realidad de la vida cotidiana
española, nada tiene que ver con lo que ocurre dentro de las paredes tranquilas
del Hemiciclo.
Pero no aprender de los errores conlleva el peligro de volver
a caer en los mismos y sólo un ignorante que peca de un exceso de soberbia, es
incapaz de admitir que nadie se encuentra en todos los casos, en posesión de la
verdad, y que la política se nutre en gran medida del arte para la negociación
y muy poco, de la práctica de la
represión y la prohibición, a las que nos tiene acostumbrados el PP, desde el
principio mismo de su mandato.
Esta legislatura de Rajoy, sin embargo, será sin duda
recordada por un continuo trajín en torno a los tribunales de Justicia. Unas
veces, investigado por asuntos poco claros de corrupción y otras, pidiendo
amparo para legislar, decretar o acusar a determinadas personas o Instituciones,
de delitos que casi siempre tienen que ver con algún acto de oposición o
protesta, contra alguna de las medidas adoptadas por el Presidente, en sus
funciones de Gobierno.
Pero los poderes judiciales, quizá Rajoy no lo recuerda, no
deben estar al servicio de ninguna persona u organización, sino tratar de
cumplir de manera imparcial e independiente, lo que marca estrictamente la Ley,
sin obligación de obedecer el mandato de ningún Gobierno.
Veremos qué responde Mas, pero mucho nos tememos que esta nueva
amenaza no sirva más que para convertirle, a los ojos de los catalanes, en mártir de una causa, cada vez más de todos,
encumbrándole a una posición de poder, del que no será fácil
apearle, si cuenta con el respaldo de una mayoría que se siente nuevamente
agredida, por la actitud incomprensible del Presidente de un Estado, que todavía incluye a Cataluña,
aunque por la actitud de algunos, parezca que ya es independiente.

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