Tenía que haberlo hecho él. Rajoy debió cesar a Ana Mato y no
permitir por las razones que hayan sido, una dimisión a través de un
comunicado, como si no fuera una Ministra de su gobierno la que se lucró de la
extensísima trama Gurtel y a quién un Juez sentará en el banquillo, convencido
de su participación en los hechos.
Tenía que haberlo hecho él, dando por una vez, la cara
delante de los españoles, convocando una rueda de prensa y admitiendo con
humildad, que la corrupción en el PP, no son unos cuantos casos aislados y que
ha salpicado directamente a la cúpula del ejecutivo.
Ni siquiera Soraya Sáinz de Santamaría se ha atrevido esta
vez a lidiar con el problema, quizá porque debe estar cansada de estar al
servicio del Presidente cada vez que hay que comunicar un asunto sucio al
pueblo o porque probablemente no estaba de acuerdo en que se cediera a Mato la
facultad de dimitir, sabiendo como todos sabemos ahora, la enorme mancha que
representa para el honor del ejecutivo y la más que posible pérdida de votos
que traerá este asunto al PP, en las próximas elecciones municipales.
No debe ser grato asumir en todas las ocasiones difíciles el
papel que corresponde al Presidente, ni vivir con la sombra de la sospecha
planeando a diario sobre las cabezas de los compañeros más cercanos, esperando
con angustia que en cualquier momento pueda saltar la noticia de una nueva
implicación en delitos fiscales de alguno de ellos.
La cobardía de Rajoy no puede ser más evidente y le obliga a
cometer error tras error, sempiternamente oculto en la oscuridad de su remanso
de intimidad, lejos de cualquier conflicto que pueda perturbarle.
Pero está demostrado que en Política no hay amigos y la
necesidad de dejar patente la limpieza absoluta de los gobiernos, exige mayor
contundencia y una intervención inmediata, cuando uno de estos casos sucede.
Así que lo primero que tenía que haber hecho Rajoy es admitir
la presunta culpa de Mato y apartarla fulminantemente del cargo que ocupaba,
ofreciendo después todas las explicaciones posibles a una opinión pública,
demasiado crispada por la profusión de corruptelas que se están descubriendo
dentro del PP, en los últimos tiempos.
Es su responsabilidad y es su Partido. Él eligió a Mato y él la puso al frente de uno de los Ministerios
más complicados de gestionar y en el que no ha hecho otra cosa que cometer faltas
garrafales, incluyendo la crisis del ébola.
El gesto “caballeroso” de permitirle dimitir, no ayuda en
nada a que mejore la opinión que los ciudadanos tenemos de él, sino todo lo
contrario. Puede que Ana Mato se haya sentido de este modo arropada por su
Presidente y por la formación en la que milita, pero precisamente ese apoyo,
parece denotar que a quienes nos gobiernan no les importa en absoluto tener en
sus filas a presuntos delincuentes.
Mala publicidad para quien espera en la cuerda floja que no
suceda una hecatombe electoral que deje al PP en tercera o cuarta posición en
el ranking de los partidos políticos, perdiendo, tal vez para siempre, la
hegemonía que junto al PSOE ha disfrutado mientras que ha durado la era del
bipartidismo.
Y esto no ha hecho más que empezar. La sospecha de que muchos
más miembros del PP puedan estar a un paso de ser imputados en la múltiple y
variada gama de casos de corrupción que han sucedido en el país, es más que una
mera evidencia.
El mismo Rajoy aparece en los papeles de Bárcenas y Ruz ha
demostrado que no se arredra ante el peso de ningún nombre, a pesar de la mala
instrucción que hizo al principio de estos casos, cuyas dimensiones son, al
parecer, incalculables.
Lo único bueno, es que Mato se ha ido y que con toda
seguridad no volverá a ocupar ningún cargo de responsabilidad a partir de
ahora, de lo cual, nos congratulamos grandemente.
Dada la ineptitud demostrada, es un alivio pensar que ya
nunca caerá en sus manos nada que nos afecte y que además, no saldrá impune de
los posibles delitos que haya cometido,
aceptando regalos provenientes de los negocios sucios de la Gurtel, de los que
tendrá que devolver hasta el último euro.
En nada favorece esta historia a la comparecencia de Rajoy,
hoy en el Parlamento, precisamente para tratar el tema de una corrupción, que
va a terminar por empujarle a tener que convocar nuevas elecciones, si continúa
al ritmo que va… y nadie lo remedia.

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