martes, 18 de noviembre de 2014

Guerra de fiscales


Como si la confrontación potenciada por los políticos, entre españoles y catalanes, hubiera calado también en el particular mundo de la justicia, los fiscales procedentes de ambos territorios se embarcan en una guerra abierta y descarada para discernir si procede o no, considerar delito lo ocurrido el pasado nueve de Noviembre, con la celebración de la consulta.
Torres Dulce, Fiscal General del Estado y leal servidor de cualquier doctrina que propicie el Gobierno Rajoy, está por supuesto a favor de que el pseudo Referendum liderado por Mas acabe siendo juzgado en los tribunales, pero los fiscales catalanes parecen negar su autoridad, alegando total discrepancia con el criterio impuesto desde Madrid, quizá porque nos guste o no, también ellos, al formar parte del género humano, tienen determinadas preferencias.
Estas son las cosas que ocurren cuando durante años se abandona del todo la vía del diálogo político y se fomenta una especie de xenofobia local contra individuos procedentes de un determinado territorio, generando unas consecuencias que resultan del todo previsibles, sólo con pararse a pensar que las palabras y los hechos, pueden influir muy negativamente, en quienes son proclives a dejarse convencer por las opiniones de los otros.
Es sin embargo, vital para Torres Dulce que se le obedezca desde Cataluña, si no quiere, igual que Mariano Rajoy, ser también ridiculizado por sus colegas de profesión, quedando su autoridad seriamente dañada por este desacato y es, a la vez, de suma importancia para los fiscales catalanes, que quien se ha convertido en adalid de las pretensiones de una buena parte de los ciudadanos de ese territorio, salga impune de lo que ellos podrían considerar, como una simple travesura contra el mandato de un padre maltratador, a quién se ha perdido el respeto, a base de tanto enfrentamiento.
Pero es el PP quien se juega más en esta absurda partida, sobre todo estando como están, cerca, las Elecciones Municipales y no estando dispuesto, como ya han declarado sus líderes de todas las maneras posibles, a hacer concesiones en el tema de la unidad de una España, bastante maltrecha, a causa de otras muchas  cuestiones, que nada tienen que ver con el tema de la independencia, pero que afectan gravemente a la popularidad del mismísimo Presidente.
Y luego están otras Formaciones, como UPyD, que azuzan a base de reclamaciones en los tribunales, al Gobierno, al considerar que no se puede consentir que nadie asuma por libre la convocatoria de ninguna consulta que ponga en peligro una unidad territorial, que Rosa Díez lleva en el alma, desde que ejerciera como política, en el PSOE  en Euskadi.
Las aguas están tan revueltas, que al escurridizo Rajoy no le ha quedado otro remedio que lanzarse a viajar Cataluña, según dice, para explicar a los ciudadanos de allí, los fuertes argumentos que le han movido, a mantener su postura en contra de la celebración de un Referendum.
Otra cosa es lo que se encuentre al llegar, pues cuando a uno le insultan reiteradamente, le acorralan y le ridiculizan o le someten a un acoso constante durante años, difícilmente podrá recibir en su casa al principal autor de tales vejaciones, o si lo hace, probablemente será para enfrentarse abiertamente con él, tal vez, apoyado por toda la familia.
Claro que Rajoy estará absolutamente  protegido, como suele ser su costumbre y las explicaciones que ofrecerá serán  ante un auditorio integrado por la totalidad de los suyos, con lo que los aplausos y vítores se encuentran decididamente garantizados, así como la aprobación por aclamación popular, de todas sus propuestas.
Luego regresará haciendo gala de haber convencido en Cataluña, pretendiendo que los demás creamos a pies juntillas que su triunfo ha terminado con cualquier pretensión popular de secesión, como si los militantes del PP que le oyeron, representaran al grueso de una ciudadanía catalana, cuya opinión todos conocemos.
La verdad es otra bien distinta. Ya nadie respeta a Rajoy en aquel territorio. Sobre todo  cuando intenta aplicar la Ley y como vemos, fracasa también en este intento.





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