La Consulta de Catalunya ha conseguido restar cierto
protagonismo al caso de Monago, que sin embargo representa, al tratarse del
Presidente de la Comunidad de Extremadura, un nuevo y grave indicio de
corrupción, también esta vez, de una de las figuras más relevantes del PP, que
se ha caracterizado en los últimos tiempos, por desligarse de la opinión
generalizada de su Partido.
Pero hacer treinta y dos viajes a Canarias por motivos
estrictamente privados, con cargo al senado de la Nación y sobre todo mentir
descaradamente en un primer momento ante todos los medios de comunicación, para
decir después que pensaba devolver hasta el último euro utilizado para esos
fines, anula en su totalidad, cualquier amago de progresismo que Monago hubiera
podido tener y le convierte en el último miembro conservador que entra a formar
parte de una larga lista de corruptos.
Este Presidente, que no lo hubiera sido sin la abstención de
Izquierda Unida en la votación de Investidura y que en cierta medida, ha estado
contentando a los extremeños con ciertas acciones, casi siempre relacionadas
con temas monetarios, ha sido cazado in fraganti por el diario Público en la
comisión de un delito y a pesar de haber defendido abiertamente que todos los
corruptos debieran ser, automáticamente, expulsados de su Partido, permanece en
su cargo.
Naturalmente, vuelven a manejarse ideas de conspiración en
torno a su persona y también como viene siendo habitual, Mariano Rajoy le da
todo su apoyo, en estos primeros momentos, pero tras lo vivido y oído, cada vez
que ha producido un caso de estas características en el PP, ni ese apoyo
garantiza en absoluto su estabilidad, ni quiere decir que si las cosas se ponen
aún más feas, Monago no sea abandonado por los suyos, como otros muchos, a su
suerte.
No está Rajoy para zarandajas que enturbien aún más la mala
fama que está adquiriendo su formación, a los ojos de la ciudadanía, ni para
consentir que nadie financie idilios amorosos, con cargo a las arcas del
Estado.
Ahogado por la putrefacción que se ha generado a su alrededor
y con la sombra de la sospecha que se cierne sobre su propia persona en el caso
de la Financiación ilegal y de los sobresueldos, no puede permitirse ni una
sola concesión, aunque esto le cueste
perder el gobierno de una Comunidad como Extremadura, que por otra parte, nunca
fue verdaderamente afín a su ideología.
Por su parte, Monago ha dejado perplejos a todos aquellos que
defendían de modo positivo sus diferencias con la cúpula del PP, atribuyéndole,
igual que ocurrió con Gallardón, un progresismo que luego ha resultado ser
totalmente falso.
E igual que ocurrió con Gallardón, a Rajoy no le temblará la
mano si tiene que deshacerse de él, aunque tenga que inventarse con cierta
premura, un cargo fácil, por el que pueda cobrar ocho o diez mil euros al mes,
sin tener que hacer prácticamente nada.
O eso, o finalmente tendrá que plantearse si merece la pena
para el Partido, continuar ejerciendo una presidencia, permanentemente acosada
por la aparición de nuevos corruptos de renombre, uno detrás de otro, todos y
cada uno de los días, como si todos los que le rodeaban procedieran de una
trama de dimensiones astronómicas que no tuviera fin.
La últimas noticias no solo apuntan a Monago y a sus viajes,
sino que también se empiezan a centrar en Valencia, con la imputación de Cotino
y las recomendaciones que la Audiencia Provincial de Mallorca hace sobre la
implicación de Camps y Barberá, en el entramado del caso Noos.
De verdad que ya no tiene sentido continuar defendiendo lo
que resulta, a todas luces, del todo indefendible.

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