martes, 11 de noviembre de 2014

El viajero


La Consulta de Catalunya ha conseguido restar cierto protagonismo al caso de Monago, que sin embargo representa, al tratarse del Presidente de la Comunidad de Extremadura, un nuevo y grave indicio de corrupción, también esta vez, de una de las figuras más relevantes del PP, que se ha caracterizado en los últimos tiempos, por desligarse de la opinión generalizada de su Partido.
Pero hacer treinta y dos viajes a Canarias por motivos estrictamente privados, con cargo al senado de la Nación y sobre todo mentir descaradamente en un primer momento ante todos los medios de comunicación, para decir después que pensaba devolver hasta el último euro utilizado para esos fines, anula en su totalidad, cualquier amago de progresismo que Monago hubiera podido tener y le convierte en el último miembro conservador que entra a formar parte de una larga lista de corruptos.
Este Presidente, que no lo hubiera sido sin la abstención de Izquierda Unida en la votación de Investidura y que en cierta medida, ha estado contentando a los extremeños con ciertas acciones, casi siempre relacionadas con temas monetarios, ha sido cazado in fraganti por el diario Público en la comisión de un delito y a pesar de haber defendido abiertamente que todos los corruptos debieran ser, automáticamente, expulsados de su Partido, permanece en su cargo.
Naturalmente, vuelven a manejarse ideas de conspiración en torno a su persona y también como viene siendo habitual, Mariano Rajoy le da todo su apoyo, en estos primeros momentos, pero tras lo vivido y oído, cada vez que ha producido un caso de estas características en el PP, ni ese apoyo garantiza en absoluto su estabilidad, ni quiere decir que si las cosas se ponen aún más feas, Monago no sea abandonado por los suyos, como otros muchos, a su suerte.
No está Rajoy para zarandajas que enturbien aún más la mala fama que está adquiriendo su formación, a los ojos de la ciudadanía, ni para consentir que nadie financie idilios amorosos, con cargo a las arcas del Estado.
Ahogado por la putrefacción que se ha generado a su alrededor y con la sombra de la sospecha que se cierne sobre su propia persona en el caso de la Financiación ilegal y de los sobresueldos, no puede permitirse ni una sola concesión,  aunque esto le cueste perder el gobierno de una Comunidad como Extremadura, que por otra parte, nunca fue verdaderamente afín a su ideología.
Por su parte, Monago ha dejado perplejos a todos aquellos que defendían de modo positivo sus diferencias con la cúpula del PP, atribuyéndole, igual que ocurrió con Gallardón, un progresismo que luego ha resultado ser totalmente falso.
E igual que ocurrió con Gallardón, a Rajoy no le temblará la mano si tiene que deshacerse de él, aunque tenga que inventarse con cierta premura, un cargo fácil, por el que pueda cobrar ocho o diez mil euros al mes, sin tener que hacer prácticamente nada.
O eso, o finalmente tendrá que plantearse si merece la pena para el Partido, continuar ejerciendo una presidencia, permanentemente acosada por la aparición de nuevos corruptos de renombre, uno detrás de otro, todos y cada uno de los días, como si todos los que le rodeaban procedieran de una trama de dimensiones astronómicas que no tuviera fin.
La últimas noticias no solo apuntan a Monago y a sus viajes, sino que también se empiezan a centrar en Valencia, con la imputación de Cotino y las recomendaciones que la Audiencia Provincial de Mallorca hace sobre la implicación de Camps y Barberá, en el entramado del caso Noos.

De verdad que ya no tiene sentido continuar defendiendo lo que resulta, a todas luces, del todo indefendible.

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