Forzado a dar la cara ante la sociedad, después de lo
sucedido en Cataluña el 9 de Noviembre, Rajoy se enfrenta a la prensa como si
nada hubiera pasado y deriva las preguntas de los profesionales hacia el campo
de la economía, convirtiéndola en una excusa para no responder sobre la
desobediencia civil que protagonizaron los catalanes el pasado Domingo.
Vuelve a delegar la responsabilidad de enfrentarse de cara
con el problema a Soraya Sáinz de Santamaría, que compareció en el Senado ayer
y se enroca en la única postura que ha venido adoptando desde que se conocieran
las intenciones de Mas y que no es otra que escudarse en la ilegalidad de la
celebración, sin concederle ninguna importancia a un conflicto, que a todas
luces, se le ha ido de las manos.
Como si los ciudadanos de este país hubiéramos vivido en otro
mundo durante los tres años que dura su mandato, vuelve el Presidente a
presumir de haber conseguido innumerables triunfos en la Economía, llegando
incluso a adjudicarse el hecho de haber contribuido grandemente a la creación
de puestos de trabajo, a pesar de que el desempleo afecta al veintidós por
ciento de los españoles y a día de hoy, contamos con un millón de parados más, que cuando él
aterrizó en la Moncloa.
Ni contesta a los retos de Mas, ni parece querer admitir la
urgente necesidad de acudir al diálogo en relación con el conflicto de Cataluña,
como si lo ocurrido allí hace unos cuantos días, hubiera sucedido en otro
lugar, fuera del ámbito de su gobierno.
Empecinado en el españolismo patriotero y seguramente mal
aconsejado por unos asesores que han demostrado en demasiadas ocasiones la más
absoluta insolvencia, ofrece la impresión de ser aún más nacionalista que
aquellos a los que tanto critica y no da para nada, la talla que debe tener
todo buen Presidente que se precie.
Así que mientras Mas sale reforzado de su enfrentamiento con
el Estado español, Rajoy huele, de lejos, a cadáver político, asfixiado por una
multitud de problemas que por todos los medios quiere ignorar, pero forman
inexorablemente parte de una realidad, que no por cerrar los ojos, desaparece.
Sinceramente, parece harto improbable que sea capaz de
resistir el año que le queda de legislatura o acabará por enterrar a su Partido
en un oscuro pozo del que le será prácticamente imposible salir, estando como
está, saturado de podredumbre y corrupción y capitaneado por un ineficaz
Presidente.
Pero si se arriesga a continuar, incluso cabe la posibilidad
de que llegue a ser imputado por alguno de los gravísimos casos que traen entre
manos los jueces o se encuentre de bruces con una declaración unilateral de
Independencia del Parlamento catalán,
sin poder explicarse siquiera, cómo se ha llegado a esa situación, al haberse
negado sistemáticamente al diálogo y la utilización de la vía diplomática.
Malo es el futuro de los españoles, pero peor es el de Rajoy,
se lo garantizo.

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