lunes, 10 de noviembre de 2014

Indicios de un futuro incierto


La celebración de la pseudo Consulta catalana y los resultados provisionales de la misma, plantea una serie de incógnitas, no sólo relacionadas con el tema de la reclamada Independencia, sino también con la imagen de indecisión y fracaso que ha proporcionado al mundo Mariano Rajoy, al no haber sido capaz de gestionar una cuestión, que se le ha terminado escapando de las manos, poniéndole en ridículo.
El nueve de Noviembre representa por tanto, un punto de inflexión que no solo afecta a las futuras relaciones con una Catalunya que se ha desmarcado del todo, del voto de supuesta obediencia que debe a las Instituciones del Estado, pero que ha protagonizado una desobediencia civil  impecable.
Cuáles serán los próximos pasos que se atreverá a dar Artur Mas, en relación con este tema, aún no lo sabemos, pero parece que su hasta ahora denostada figura, muy afectada por el desgaste que acarrean las labores de gobierno, ha salido suficientemente reforzada de lo que en principio parecía ser un problema irresoluble, por lo que parece que, por ahora, no tendrá necesidad de convocar nuevas elecciones.
La otra cara de la moneda la ofrece Mariano Rajoy, absolutamente ninguneado por la celebración de las votaciones en Catalunya y arrojado de bruces a las fauces de los dirigentes de su propio partido y de todos los unionistas, desobedecido como ha sido, en todas y cada una de sus exigencias.
La lección recibida, no ha podido ser más contundente y le coloca en una incomodísima situación para continuar en sus labores de gobierno, habiendo quedado en entredicho toda su aparente autoridad, lo que bien podría generar nuevas actitudes de desobediencia civil, en otros planos de la agitadísima vida que atraviesan numerosos colectivos del Pais, en estos momentos.
Su incapacidad para afrontar los problemas y sobre todo para arbitrar una solución razonable para los mismos, convierten a este hierático y silencioso Presidente en una caricatura que no podrá aguantar mucho más tiempo en la cima del poder y que debiera retirarse ahora, si es que le queda un mínimo de dignidad personal, antes de ser fagocitado por la naturaleza de sus propios fracasos.
A Rajoy se le han torcido demasiadas cosas y sin embargo, viendo su actitud, parece que aquí no ha pasado absolutamente nada, en los tres años que lleva dirigiendo el gobierno.
Pero los ciudadanos y no solo los catalanes, conservan en la memoria, todas y cada una de las afrentas recibidas, la indiferencia con que sus problemas son tratados desde los más altos cargos del poder y el sufrimiento que se les ha generado por la continua cerrazón demostrada por este gobierno, por el PP y principalmente por su Presidente.
Tantas heridas, no pueden sino acabar provocando la muerte y el tiempo de Mariano Rajoy se agota cada día, cuando no  por los casos de corrupción que le circundan, por la falta de iniciativa que demuestra, al evitar dar cualquier tipo de explicación a una Sociedad, a la que debe explícitamente su puesto.
Es por tanto el Presidente del Estado español quien debiera convocar nuevas elecciones generales y permitir a los españoles decidir en uso de su inapelable libertad, quiénes quieren que a partir de ahora les gobiernen.
No vale pues, la estrategia de permanecer anclado al poder a la espera de que amainen los huracanes que tiene sobre su cabeza, ni atemorizar a la nación con negras profecías de futuro, si vence en los comicios, alguna formación como Podemos.
Porque por encima de su propio pensamiento ha de estar, necesariamente, la soberanía popular, a la que todo dirigente se debe y que ha de ser, en última instancia, la que decida cómo, de qué manera y capitaneada  por quién, desea afrontar los tiempos venideros.
Si las encuestas tienen al menos parte de razón, no será Rajoy el que vuelva a sentarse, jamás, en el sillón de mando.











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