lunes, 17 de noviembre de 2014

Comprar salud


La prueba de que la sanidad española se está privatizando de manera encubierta y de que los recortes del PP están afectando de manera gravísima a una gran mayoría de los ciudadanos, se pone en evidencia cuando aparecen noticias como la que hemos conocido recientemente y que afectaba, en este caso, a enfermos de un tipo de hepatitis, a los que se niega hasta  hoy, el único tratamiento que podría curarles, por falta de medios.
Si usted se encuentra entre estos pacientes, sepa que  habrá de desembolsar la friolera de sesenta mil euros, aunque  la seguridad social ha recibido el mandato de incluir dicho tratamiento entre los que se dispensan en el régimen sanitario que todos pagamos.
Si su economía marcha tan bien, como para poder desprenderse de la cantidad antes citada, cosa casi imposible en los tiempos que estamos viviendo, usted se curará, pero si pertenece a alguno de los muchos colectivos seriamente afectados por la crisis, está parado, o simplemente está pagando una de las millonarias hipotecas de cincuenta años de duración que concedieron tan “generosamente” los bancos en tiempos de bonanza, habrá de sufrir con resignación los muchos y graves síntomas que esta enfermedad provoca y rezar para que el Gobierno de Rajoy se apiade de su situación y decida que sus recortes no pueden de ningún modo afectar a su salud, ni a la del resto de los españoles.
Pero en este momento, la preocupación principal de los políticos y muy especialmente la de los que nos gobiernan, es obtener el máximo poder en las próximas elecciones municipales y no parece buen momento para exigir un gasto de esta categoría que influya negativamente en la cuadratura feliz de cuentas de las que poder presumir, en la campaña venidera.
Ahora, lo que toca, es embaucar a los ciudadanos con falsos triunfos e intentar que se acaben creyendo, a base de oírlo una y otra vez, que lo peor de la crisis ha pasado y que tal éxito se debe, en exclusiva, a la gestión de un Partido Popular, al que las encuestas auguran un estrepitoso fracaso.
Casos como el de los enfermos de esta hepatitis , no podrán pues, más que constituir una mancha en el inmaculado expediente que se nos quiere presentar como cierto y lo que en realidad ayudaría a conseguir tal fin, sería silenciarlos a la mayor brevedad posible, sea cual sea la suerte que se vean obligados a correr, los muchos afectados.
Pero esta pérdida del derecho a la salud, piedra angular en un Sistema Sanitario Público como el nuestro, no puede ni debe quedar enterrada bajo la alfombra, en pos de las intrigas políticas, porque constituye un grave atentado contra el que resulta ser el bien más preciado que las personas tienen y que se debe defender, con uñas y dientes, por parte de todos.
Comprar la sanidad, como ocurre en otros países económicamente mucho más fuertes, resulta en el caso del nuestro, una misión imposible para la casi totalidad de los ciudadanos.
Por tanto, está en nuestras manos no tolerar que la salud termine por convertirse en un lucrativo negocio y apoyar, sin reserva, cuántas acciones se propongan para preservar el sistema público de salud que antes de ahora, jamás daba por perdido a un paciente.
No se puede olvidar que cualquiera de nosotros podría llegar a verse en un caso similar al de estos pacientes  y que la obligación de nuestros gobernantes es la de intentar la sanación total de todos, sin que tal curación afecte en modo alguno, la endeble economía familiar que padecemos.
Los que tienen la suerte de conservar el empleo y todos los que contribuimos obligatoriamente, por medio de nuestros impuestos, al sostenimiento del erario público, hemos, por tanto, de exigir que la preservación del sistema sanitario español prime por encima de cualquier otra cosa y esto supone, cómo no, denunciar cualquier caso de discriminación que  suceda en nuestro entorno, como éste que ahora nos ocupa.
Nada puede valer más que la vida humana, así que luchemos por ella.



No hay comentarios:

Publicar un comentario