Lógicamente, no puede resultar nada fácil para quienes habían
creído encontrar en el ejercicio de la política, un filón inagotable con el que
disfrutar vitaliciamente de extraordinarios privilegios, tener que admitir que
la inexpugnable estructura que habían construido, que los oscuros entramados
que habían ido forjando bajo el amparo del poder y las sinuosas estrategias que
habían diseñado para hacer de la impunidad, una ley de obligado cumplimiento,
podrían estar empezando a tambalearse haciendo peligrar un sistema
milimétricamente estudiado para la alternancia de un Bipartidismo, que ni
siquiera había contemplado la más mínima posibilidad de que nada ni nadie
pudiera quebrar la comodidad de su asentamiento periódico en los más altos
cargos de una Nación, a la que ambos han llevado, finalmente, a uno de los
periodos más desgraciados de su Historia.
El estado de amplísimo bienestar que han venido disfrutando
PP y PSOE desde que en las elecciones de 1977 estrenáramos la Democracia y la
más que explicable sensación de que no había rivales en el panorama político
español, capaces de arrebatarles la supremacía que les ha venido permitiendo
disputarse de manera continuada la intención de voto de la mayoría de los
españoles, han podido ser los causantes de que erróneamente, los integrantes de
ambas formaciones pensaran que dicha situación se mantendría intacta a
perpetuidad, llegando a conseguir que en nuestro País terminaran por
desaparecer otros grupos, desengañados ante la imposibilidad de poder llegar a
formar nunca, por sí mismos, equipos de gobierno.
Pero esta presunción, que ahora que contemplamos a diario
tantísimos casos de corrupción, resulta ser tan evidente, partía de la errónea premisa de que los ciudadanos
españoles estarían dispuestos a soportar
que la putrefacción invadiera hasta límites inimaginables las más
importantes Instituciones de la Nación, aceptando con mansedumbre la veracidad
del discurso expuesto desde los púlpitos políticos, por el simple hecho de dar
por sentada la honradez y la moralidad de aquellos a quienes habían elegido,
para representar sus intereses.
Eso explica la estupefacción y el temor que ahora sienten
ante la escalada imparable de Podemos y el intento desesperado por encontrar un
resquicio por el que poder denigrar al Partido de Iglesias, a quién en un
principio infravaloraron pensando que proviniendo de los movimientos ciudadanos
del 15M, terminaría por hacerse invisible entre las muchedumbres reunidas en
asambleas que nunca supusieron ningún otro peligro, más que el de ser órganos
organizativos de huelgas y manifestaciones, que al final, terminaban en nada.
Sin embargo, parece que a nadie se le ocurrió pensar que el
avance de esa tecnología, que con tanto ahínco los dos grandes Partidos se
esforzaron en implantar, se volvería en su contra convirtiéndose en una nueva forma
de comunicación, capaz de poner en contacto, en cuestión de segundos, a grandes
masas humanas a las que la indignación por la clase de política que estaban
practicando sus dirigentes, había colocado al borde mismo de la desesperación
más absoluta.
Por este medio y gracias a que los ciudadanos poseen un nivel
de inteligencia y formación muy superior
al que se les presupone desde las altas esferas, la semilla plantada en la
misma Puerta del Sol de Madrid hace apenas tres años, ha ido germinando y
creciendo hasta convertirse en una planta de incalculables dimensiones, que
ahora amenaza con fagocitarse, de un solo bocado, la plácida vida del bien
organizado Bipartidismo.
La última encuesta que hemos conocido esta mañana, coloca a
Podemos como primera fuerza en intención de voto de los españoles y a su líder
a la cabeza de sus preferencias , demostrando que todas las utopías son
factibles de convertirse en realidades y que cualquier plan, por muy organizado
que esté, puede ser desmontado con la fuerza de un buen argumento, sobre todo
si está por medio el poder de decisión que las urnas otorgan a los pueblos.
El cambio que ahora se
augura como cierto, no podrá tener
marcha atrás y afortunadamente para la sociedad en que vivimos, a los señores
del bipartidismo ya no les queda tiempo material para urdir una nueva red de
mentiras que pueda torcer la voluntad de los ciudadanos.
Las próximas elecciones municipales, que serán el barómetro
que marcará con toda claridad la magnitud de lo que será su fracaso, se
aproximan inapelablemente, al mismo tiempo que se cierne a diario sobre ellos,
la negra sombra de sus propias tramas de corrupción, que ya por sí mismas,
constituyen una fortísima motivación para que la mayoría de los españoles no vuelva
jamás a otorgarles su confianza.
El infravalorado poder de decisión que asiste a los
ciudadanos, a través de las urnas, será
pues, el encargado de administrar, inexorablemente, toda esa justicia que se
les ha venido negando reiterativamente durante tantos años, colocando a cada
cual, ecuánimemente, en el lugar exacto que le corresponde.

No hay comentarios:
Publicar un comentario