domingo, 2 de noviembre de 2014

La justicia del pueblo


Lógicamente, no puede resultar nada fácil para quienes habían creído encontrar en el ejercicio de la política, un filón inagotable con el que disfrutar vitaliciamente de extraordinarios privilegios, tener que admitir que la inexpugnable estructura que habían construido, que los oscuros entramados que habían ido forjando bajo el amparo del poder y las sinuosas estrategias que habían diseñado para hacer de la impunidad, una ley de obligado cumplimiento, podrían estar empezando a tambalearse haciendo peligrar un sistema milimétricamente estudiado para la alternancia de un Bipartidismo, que ni siquiera había contemplado la más mínima posibilidad de que nada ni nadie pudiera quebrar la comodidad de su asentamiento periódico en los más altos cargos de una Nación, a la que ambos han llevado, finalmente, a uno de los periodos más desgraciados de su Historia.
El estado de amplísimo bienestar que han venido disfrutando PP y PSOE desde que en las elecciones de 1977 estrenáramos la Democracia y la más que explicable sensación de que no había rivales en el panorama político español, capaces de arrebatarles la supremacía que les ha venido permitiendo disputarse de manera continuada la intención de voto de la mayoría de los españoles, han podido ser los causantes de que erróneamente, los integrantes de ambas formaciones pensaran que dicha situación se mantendría intacta a perpetuidad, llegando a conseguir que en nuestro País terminaran por desaparecer otros grupos, desengañados ante la imposibilidad de poder llegar a formar nunca, por sí mismos, equipos de gobierno.
Pero esta presunción, que ahora que contemplamos a diario tantísimos casos de corrupción, resulta ser tan evidente, partía  de la errónea premisa de que los ciudadanos españoles estarían dispuestos a soportar  que la putrefacción invadiera hasta límites inimaginables las más importantes Instituciones de la Nación, aceptando con mansedumbre la veracidad del discurso expuesto desde los púlpitos políticos, por el simple hecho de dar por sentada la honradez y la moralidad de aquellos a quienes habían elegido, para representar sus  intereses.
Eso explica la estupefacción y el temor que ahora sienten ante la escalada imparable de Podemos y el intento desesperado por encontrar un resquicio por el que poder denigrar al Partido de Iglesias, a quién en un principio infravaloraron pensando que proviniendo de los movimientos ciudadanos del 15M, terminaría por hacerse invisible entre las muchedumbres reunidas en asambleas que nunca supusieron ningún otro peligro, más que el de ser órganos organizativos de huelgas y manifestaciones, que al final, terminaban en nada.
Sin embargo, parece que a nadie se le ocurrió pensar que el avance de esa tecnología, que con tanto ahínco los dos grandes Partidos se esforzaron en implantar, se volvería en su contra convirtiéndose en una nueva forma de comunicación, capaz de poner en contacto, en cuestión de segundos, a grandes masas humanas a las que la indignación por la clase de política que estaban practicando sus dirigentes, había colocado al borde mismo de la desesperación más absoluta.
Por este medio y gracias a que los ciudadanos poseen un nivel de inteligencia y  formación muy superior al que se les presupone desde las altas esferas, la semilla plantada en la misma Puerta del Sol de Madrid hace apenas tres años, ha ido germinando y creciendo hasta convertirse en una planta de incalculables dimensiones, que ahora amenaza con fagocitarse, de un solo bocado, la plácida vida del bien organizado Bipartidismo.
La última encuesta que hemos conocido esta mañana, coloca a Podemos como primera fuerza en intención de voto de los españoles y a su líder a la cabeza de sus preferencias , demostrando que todas las utopías son factibles de convertirse en realidades y que cualquier plan, por muy organizado que esté, puede ser desmontado con la fuerza de un buen argumento, sobre todo si está por medio el poder de decisión que las urnas otorgan a los pueblos.
 El cambio que ahora se augura como cierto,  no podrá tener marcha atrás y afortunadamente para la sociedad en que vivimos, a los señores del bipartidismo ya no les queda tiempo material para urdir una nueva red de mentiras que pueda torcer la voluntad de los ciudadanos.
Las próximas elecciones municipales, que serán el barómetro que marcará con toda claridad la magnitud de lo que será su fracaso, se aproximan inapelablemente, al mismo tiempo que se cierne a diario sobre ellos, la negra sombra de sus propias tramas de corrupción, que ya por sí mismas, constituyen una fortísima motivación para que la mayoría de los españoles no vuelva jamás a otorgarles su confianza.
El infravalorado poder de decisión que asiste a los ciudadanos,  a través de las urnas, será pues, el encargado de administrar, inexorablemente, toda esa justicia que se les ha venido negando reiterativamente durante tantos años, colocando a cada cual, ecuánimemente, en el lugar exacto que le corresponde.






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