La solución salomónica adoptada por la Audiencia de Mallorca,
manteniendo la imputación de Cristina de Borbón por fraude fiscal, pero
desestimando la acusación por blanqueo de capitales, aunque defrauda a la
mayoría de los ciudadanos, que esperaban un poco más de contundencia por parte de los jueces, consigue mantener
viva la esperanza de que al menos en cierta medida, se haga justicia y que
tanto la Infanta, como su marido y los demás imputados en el caso, paguen por
los delitos cometidos, sin importar los apellidos que tengan.
Las miradas se vuelven de nuevo hacia el Juez Castro, que
será finalmente el encargado de decidir si sienta o no en el banquillo de los
acusados a la mujer de Urdangarín, pero teniendo en cuenta la lucha en
solitario que ha venido manteniendo el Magistrado para lograr la resolución
total de este caso, todo lleva a pensar que hará lo posible para que nadie
escape impune del peso de una Ley, últimamente bastante denostada por la
actitud de ciertos profesionales, incluido el fiscal encargado específicamente
de este caso.
La primera reacción de Horrach, al conocer la resolución de
la Audiencia, fue, como todos pudimos ver, de auténtico estupor, sobre todo si
se piensa que durante toda la instrucción del caso, ha estado defendiendo
fehacientemente la inocencia de la hermana del Rey, con más vehemencia que si
de su abogado defensor se tratara.
El fallo, que da con toda justicia parte de la razón a
Castro, coloca al fiscal en una incómoda postura, si es que desea continuar
encargándose del caso, pues en algún momento tendrá que asumir la función que
se supone propia de su cargo, sin que le quede otro remedio que el de acusar y
solicitar para esta imputada, la máxima pena posible.
Ya se ha empezado a hablar de la posibilidad de que la
defensa solicite acogerse a la doctrina Botín, para intentar como último
recurso que la Infanta se libre del bochornoso espectáculo de que todo el país
la vea sentada en el banquillo de los acusados, pero la acusación particular,
representada en este caso por Manos Limpias, se opone de pleno a esta
estrategia y opina que no ha lugar a dicho acogimiento, al ser los capitales de
los que se trata, patrimonio de todos
los españoles.
Tampoco creo que Castro esté dispuesto a decir que sí a tal
componenda, que daría al traste con todos los meses de duro trabajo que le ha
costado una instrucción, que como todos recordamos, ha transcurrido llena de
sobresaltos y sospechosos incidentes.
El afán de este Juez por dejar claro que la justicia ha de
ser igual para todos y su más que probada profesionalidad al no hacer
distinciones entre supuestos delincuentes, con toda probabilidad, será la baza
que incline la balanza para que Cristina de Borbón tenga que hacer frente a la
acusación que se le imputa, colocada exactamente en el mismo lugar, que el
resto de los encausados.
Así que es casi seguro que no podrá librarse del banquillo y
que por primera vez en España, veremos a la hija de un Rey condenada por un
caso flagrante de corrupción, sin que ningún tipo de presiones, consiga
evitarlo.
Castro y su empeño en el esclarecimiento de la verdad, su
valentía al afrontar con ecuanimidad un caso de tales connotaciones, bien lo
merece.
Ya le hubiera gustado al Juez que se mantuviera también la
imputación por blanqueo, pero estando como están las cosas en este país, eso sí
que hubiera sido un hito para quedar reflejado en los anales de la historia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario