Renuncia Cayo Lara a la lucha por la Presidencia de la Nación desde
IU, dejando paso a nuevas generaciones
que ayuden a modernizar un poco la imagen que tienen del Partido los españoles
y demostrando que también en política existe la posibilidad de retirarse a
tiempo, antes de ser artífice de un fracaso que pueda resultar irrecuperable,
para aquello que uno representa.
A Izquierda Unida se la ha comido por completo la irrupción
en el panorama político de Podemos y los resultados que le auguran las
encuestas de cara a próximos comicios, no pueden ser más decepcionantes.
Por varias razones, Lara no ha sabido conectar con la gente y
aunque el esfuerzo personal realizado no se corresponde con sus cotas de
popularidad, al menos demuestra que es capaz de sacrificar su posición de
poder, en aras de un beneficio para la marcha de su Partido.
Le sobran a esta Formación demasiadas figuras relevantes
ancladas a un comunismo recalcitrante
que hace mucho tiempo que pasó de moda y que a pesar de no obtener respuesta
popular continúan apostando por una misma línea ideológica que el paso del
tiempo ha terminado por superar y que ya no tiene calado, ni siquiera en el
corazón de la clase trabajadora.
Y es quizá esa negativa a la evolución, la que no permite el
avance de un Partido que sin embargo siempre ha estado comprometido con las
exigencias y protestas de la calle, aunque probablemente desde una posición que
en sí misma, suena trasnochada para el grueso de la población española.
Tampoco ha ayudado conocer que también aquí y en la corriente sindical amiga se han dado
casos de corrupción, exactamente iguales a los que ocurren en el corazón del
bipartidismo y tener que remontarse a los años de Carrillo, Anguita y Camacho,
para encontrar una izquierda modelo de limpieza que satisfacía las aspiraciones
de todos.
Igual que Lara, debieran abandonar cargos otros muchos viejos
rinocerontes del antiguo PC, que nunca fueron, la verdad, santos de la devoción
de los ciudadanos, pero que continúan ejerciendo sobre todo en Ayuntamientos
del país, ofreciendo una imagen desfasada de una realidad, que no han
transformado en modo alguno desde el poder que detentan, acomodados tal vez, a
los privilegios que se obtienen desde posiciones de mando.
Sinceramente, poco o nada puede hacer IU frente al torrente
imparable que ha supuesto Podemos y la única posibilidad que le queda para
sobrevivir es la de contemplar una política de alianzas que por ideología, no
resulta nada descabellada.
Ya decíamos hace unos días que el modo de hacer política está
cambiando y quienes no asuman como obligación subir al carro de las nuevas
tendencias, puede quedar sepultado para siempre.
Hay que reconocer a Cayo Lara, su adiós complaciente para con
la entrada en el juego de los más jóvenes de su cuerda y la caballerosidad de
ceder el sitio a quienes con toda probabilidad, representan una manera distinta
de ver las cosas y poseen el brío necesario para llevar adelante un nuevo
proyecto.
Si son Alberto Garzón o Tania Sánchez, mucho mejor para los
intereses de Izquierda Unida, aunque ninguno de los dos puede igualar, me
parece, el increíble carisma y la facilidad de conexión con las masas que tiene
Pablo Iglesias.
Se abre pues, un periodo de reflexión que estarán obligados a
superar aquellos que finalmente sean elegidos para representar al Partido y que
debería servir, además, para dejar atrás el lastre que constituye la vieja
escuela del antiguo PC, a la que nadie atiende ni entiende desde hace muchos
años.
La fuerza de la lucha por el poder ya no emana de células
clandestinas ocultas en pequeños antros de aislamiento, sino de la voluntad
popular expresada a voces desde los foros abiertos de las calles.
Lara parece haberlo entendido y por eso se va. Ahora hace
falta que otros muchos también lo entiendan y que sopesen cuál sería la mejor
solución para los problemas del país, si que ellos continúen ejerciendo sus
cargos o propiciar una unión de la izquierda que sumara los votos necesarios
para retirar a un bipartidismo nefasto para los intereses de las mayorías.
La jugada, sólo depende de la voluntad de los que se
encuentran alrededor de esta mesa.

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