domingo, 23 de noviembre de 2014

Un adiós complaciente


Renuncia Cayo Lara a  la lucha por la Presidencia de la Nación desde IU, dejando paso a  nuevas generaciones que ayuden a modernizar un poco la imagen que tienen del Partido los españoles y demostrando que también en política existe la posibilidad de retirarse a tiempo, antes de ser artífice de un fracaso que pueda resultar irrecuperable, para aquello que uno representa.
A Izquierda Unida se la ha comido por completo la irrupción en el panorama político de Podemos y los resultados que le auguran las encuestas de cara a próximos comicios, no pueden ser más decepcionantes.
Por varias razones, Lara no ha sabido conectar con la gente y aunque el esfuerzo personal realizado no se corresponde con sus cotas de popularidad, al menos demuestra que es capaz de sacrificar su posición de poder, en aras de un beneficio para la marcha de su Partido.
Le sobran a esta Formación demasiadas figuras relevantes ancladas a un  comunismo recalcitrante que hace mucho tiempo que pasó de moda y que a pesar de no obtener respuesta popular continúan apostando por una misma línea ideológica que el paso del tiempo ha terminado por superar y que ya no tiene calado, ni siquiera en el corazón de la clase trabajadora.
Y es quizá esa negativa a la evolución, la que no permite el avance de un Partido que sin embargo siempre ha estado comprometido con las exigencias y protestas de la calle, aunque probablemente desde una posición que en sí misma, suena trasnochada para el grueso de la población española.
Tampoco ha ayudado conocer que también aquí  y en la corriente sindical amiga se han dado casos de corrupción, exactamente iguales a los que ocurren en el corazón del bipartidismo y tener que remontarse a los años de Carrillo, Anguita y Camacho, para encontrar una izquierda modelo de limpieza que satisfacía las aspiraciones de todos.
Igual que Lara, debieran abandonar cargos otros muchos viejos rinocerontes del antiguo PC, que nunca fueron, la verdad, santos de la devoción de los ciudadanos, pero que continúan ejerciendo sobre todo en Ayuntamientos del país, ofreciendo una imagen desfasada de una realidad, que no han transformado en modo alguno desde el poder que detentan, acomodados tal vez, a los privilegios que se obtienen desde posiciones de mando.
Sinceramente, poco o nada puede hacer IU frente al torrente imparable que ha supuesto Podemos y la única posibilidad que le queda para sobrevivir es la de contemplar una política de alianzas que por ideología, no resulta nada descabellada.
Ya decíamos hace unos días que el modo de hacer política está cambiando y quienes no asuman como obligación subir al carro de las nuevas tendencias, puede quedar sepultado para siempre.
Hay que reconocer a Cayo Lara, su adiós complaciente para con la entrada en el juego de los más jóvenes de su cuerda y la caballerosidad de ceder el sitio a quienes con toda probabilidad, representan una manera distinta de ver las cosas y poseen el brío necesario para llevar adelante un nuevo proyecto.
Si son Alberto Garzón o Tania Sánchez, mucho mejor para los intereses de Izquierda Unida, aunque ninguno de los dos puede igualar, me parece, el increíble carisma y la facilidad de conexión con las masas que tiene Pablo Iglesias.
Se abre pues, un periodo de reflexión que estarán obligados a superar aquellos que finalmente sean elegidos para representar al Partido y que debería servir, además, para dejar atrás el lastre que constituye la vieja escuela del antiguo PC, a la que nadie atiende ni entiende desde hace muchos años.
La fuerza de la lucha por el poder ya no emana de células clandestinas ocultas en pequeños antros de aislamiento, sino de la voluntad popular expresada a voces desde los foros abiertos de las calles.
Lara parece haberlo entendido y por eso se va. Ahora hace falta que otros muchos también lo entiendan y que sopesen cuál sería la mejor solución para los problemas del país, si que ellos continúen ejerciendo sus cargos o propiciar una unión de la izquierda que sumara los votos necesarios para retirar a un bipartidismo nefasto para los intereses de las mayorías.
La jugada, sólo depende de la voluntad de los que se encuentran alrededor de esta mesa.




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