Un Septiembre de calor reventón nos recibe a la vuelta de las
vacaciones como si se fuera a reiniciar el verano y añade un punto de sorpresa
a las rocambolescas historias que rodean a la vida de los españoles, a quienes
las noticias no permiten recuperar resuello, ni siquiera en el tiempo que en
principio, habíamos destinado al ocio y a una merecida tranquilidad que nos
corresponde en buena ley, después de tanto sobresalto.
Ha sido este agosto, además de inusual en su climatología,
profuso en sucesos de toda índole, incluso en cuestiones políticas, como si la
carrera contra reloj por las elecciones
municipales se hubiera anticipado de manera precipitada y todas la Formaciones
que pretenderán obtener una parcela de poder a través de ellas, se encontraran
ya en el punto de salida, completamente pertrechadas para la intención de
llegar primeras a la meta.
El caso Pujol continua acaparando portadas sin permitir que
el paso de los días reste un ápice de interés sobre los entresijos que
encierra, lo que contribuye cada vez con más fuerza a que el Referendum de
Artur Mas pierda cualquier posibilidad que tuviera, no ya en las altas
instancias judiciales, sino en el corazón de una gran parte de los catalanes,
que son en definitiva, quienes al fin y a la postre, interesan.
Por su parte, Rajoy ha debido emplear su periodo vacacional
en intentar cimentar de la mejor manera posible su teoría del triunfalismo que
sigue sin convencer en absoluto al pueblo español, pero que parece gustar a
Merkel, como ha dejado claro en la visita que hizo a nuestro país el pasado mes
y en la que fue recibida por los ciudadanos con cajas destempladas, dada la
fama de la que goza entre nosotros.
Ello ha bastado a nuestro Presidente, su más fiel servidor,
para sacar pecho en su primera aparición televisiva y presumir sin recato de lo
bien que lo ha hecho para salvar a la Patria del negro porvenir que sin su
llegada providencial le aguardaba, por supuesto sin mencionar la herencia que
va dejando en su camino y que cuenta con seis millones de parados y una pérdida
casi total de todos los derechos laborales y sociales que disfrutábamos
antes de que tomara el poder y que ahora se han ido por la alcantarilla que
todas sus reformas y recortes nos han traído, gracias y solo gracias, a esa
gestión de la que tanto alardea, con la esperanza de no perder un solo voto.
Pero es que Podemos avanza imparable en la carrera y está a
punto de desbancar al PSOE como segunda fuerza política, según auguran las
encuestas celebradas sobre la intención de voto de los españoles, sin que por
el momento, estén funcionando ninguna de las estrategias de difamación que
sobre el Partido de Pablo Iglesias urden a diario los representantes del
bipartidismo y que están consiguiendo justamente el efecto contrario al que se
pretendía, logrando que se instale casi sin hacer nada, en un lugar preferente
del panorama político del país.
Cómo no, los innumerables casos de corrupción en los
tribunales continúan sumando información y presuntos culpables a los que ya
existían como tales y si los jueces no pierden el norte y son capaces de salir
airosos de las innumerables presiones externas que probablemente están
recibiendo, pronto llegará el momento de que un incontable desfile de facinerosos
delincuentes financieros empiece a desfilar por los juzgados para, con un poco
de suerte, ser condenados a pagar su inaceptable y cuantiosa deuda con una
sociedad incapaz de perdonar sus delitos.
Sin embargo, la mejor noticia que nos ha traído Agosto, ha
sido sin duda el inesperado reencuentro de Estela Carlotto, una de las más
prestigiosas abuelas de Plaza de Mayo, en Argentina, con un nieto que le
arrebató la dictadura hace casi cuarenta años y que tras someterse
voluntariamente a las pruebas de ADN, ha conseguido contactar con esta
luchadora, ofreciéndole la mejor recompensa posible a unos años de esfuerzo,
que sólo quienes han buscado alguna vez el rastro de un desaparecido conocen y
que no deja de ser la mayor penitencia de cuántas puede alguien soportar,
cuando se trata de seres queridos.
La alegría de esta abuela ejemplar, naturalmente, oscurece
toda la importancia que hayan podido tener otros asuntos que con toda
seguridad, habrán de tener solución en un futuro y nos enseña que por muy mal
que estén las cosas, nunca, jamás, hay que perder la esperanza.
Con esta idea, retomo la voluntad de escribir tras el
descanso estival y así os lo digo, para que conste, en este primer día de
Septiembre.

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