El mayor escollo que encuentra la policía cuando investiga
casos como los del pederasta de Ciudad lineal, hoy detenido, es que quienes
cometen este tipo de delitos son, por lo general, gente corriente.
Viven entre nosotros sin que podamos siquiera imaginar cuáles
son sus actividades cuando se quedan a solas, compran en el mismo supermercado
que nosotros y hasta puede que más de una vez, hayamos bromeado con ellos en
algún bar del barrio en que vivimos, sobre temas triviales.
Suelen ser bastante discretos y educados, por lo que
seguramente les permitiríamos sin sospechas acariciar a nuestros hijos y son
capaces de mirarnos a los ojos aparentando cierta candidez, sin que en su
manera de comportarse se atisbe siquiera, una brizna de sus oscuros pensamientos.
Por tanto resulta verdaderamente difícil dar con ellos y más
de uno pondría la mano en el fuego por su inocencia, en el caso de ser
preguntado sobre la opinión que les causa el sospechoso del delito.
Éste de Ciudad Lineal, cumple todos los requisitos
mencionados y jamás habría sido descubierto si no hubiera fallado el narcótico
que administró a una de sus pequeñas víctimas, que a pesar de su corta edad,
fue capaz, superando el terror que le había causado su secuestro, de describir
al detalle el rostro del delincuente y hasta el coche en que fue transportada,
seguramente presa del pánico.
Se le ha buscado durante meses, pero la normalidad bien
estudiada con que se movía entre sus vecinos, ha ido retrasando su detención y
cerrando el círculo de las posibilidades que barajaban los agentes, hasta que sabiéndose acorralado, huyó a Santander, con
la esperanza de que las aguas volvieran a su cauce.
Pero la descripción facilitada por la pequeña víctima ha
terminado dando sus frutos y para tranquilidad de padres y familiares del
entorno en que se han producido las agresiones, este individuo ya se encuentra
bajo arresto y se supone que pagará todos y cada uno de sus delitos, si los
jueces se niegan en redondo a admitir el trastorno mental que probablemente
alegará, como línea de defensa.
La lección que sacamos del suceso es que como decían nuestras
madres, los niños no pueden perderse de vista un solo momento y conviene muy
mucho recordarlo cuántas veces sean necesarias, ahora que los horarios de los
padres y madres trabajadoras propician que en algunos casos, se vean obligados
a pasar cierto tiempo en soledad, a pesar de ser aún bastante pequeños.
La conciliación laboral que se viene reclamando
encarecidamente, paliaría, al menos en gran parte este tipo de historias que
tanto se repiten y más aún desde que con la crisis, muchos padres se han visto
obligados a aceptar un aumento de su jornada laboral, si no querían ser
inmediatamente despedidos de sus empresas.
Muchos de estos niños regresan a casa de la escuela y si no
tienen algún familiar que se haga cargo de su vigilancia, generalmente los
abuelos, la única alternativa que les queda es la de armarse de paciencia y
esperar la vuelta de alguno de sus progenitores, en la soledad de su cuarto.
Precisamente esa
soledad, resulta ser el caldo de cultivo adecuado para un temprano acercamiento
a unas redes sociales, en las que se mueven con aparente impunidad la clase de
individuos de los que estamos hablando y para los que es increíblemente fácil
contactar con este tipo de niños, amparándose en falsas identidades, con las
que les conducen hábilmente, exactamente, hasta dónde les interesa.
El vacío legal en el tema, hace que muchísimos menores sean
agredidos de múltiples maneras a través de internet y al mismo tiempo,
amenazados por individuos que simplemente por ser adultos, manejan la situación
con mano experimentada y sin escrúpulos.
Por esta razón habría que exigir a nuestros gobernantes
alguna solución que remedie el tremendo abandono que sufren a diario nuestros
hijos, condenados por un sistema que sólo piensa en obtener el máximo de
beneficios del trabajo de los españoles.
Y quizá no habría que esperar a que vuelvan a producirse
agresiones físicas reales, como las de Ciudad Lineal, sino profundizar sin
descanso en la información que nos proporcionan
las redes, pues a pesar de ser gente
corriente, estos delincuentes suelen pecar de vanidad, colgando sus oscuras
proposiciones en foros dedicados a estos temas.
Detener a uno de ellos, no termina con el grave problema de
la pederastia, sino que es una aguja en el pajar inmenso de este mundillo en el
que habitan los que se atreven a cometer el más atroz de los delitos, de
cuántos se conocen.
Matar la inocencia de un niño no puede ni debe nunca ser
perdonado, porque de estos traumas, no se recupera uno jamás.

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