miércoles, 24 de septiembre de 2014

Gente corriente


El mayor escollo que encuentra la policía cuando investiga casos como los del pederasta de Ciudad lineal, hoy detenido, es que quienes cometen este tipo de delitos son, por lo general, gente corriente.
Viven entre nosotros sin que podamos siquiera imaginar cuáles son sus actividades cuando se quedan a solas, compran en el mismo supermercado que nosotros y hasta puede que más de una vez, hayamos bromeado con ellos en algún bar del barrio en que vivimos, sobre temas triviales.
Suelen ser bastante discretos y educados, por lo que seguramente les permitiríamos sin sospechas acariciar a nuestros hijos y son capaces de mirarnos a los ojos aparentando cierta candidez, sin que en su manera de comportarse se atisbe siquiera, una brizna de sus oscuros pensamientos.
Por tanto resulta verdaderamente difícil dar con ellos y más de uno pondría la mano en el fuego por su inocencia, en el caso de ser preguntado sobre la opinión que les causa el sospechoso del delito.
Éste de Ciudad Lineal, cumple todos los requisitos mencionados y jamás habría sido descubierto si no hubiera fallado el narcótico que administró a una de sus pequeñas víctimas, que a pesar de su corta edad, fue capaz, superando el terror que le había causado su secuestro, de describir al detalle el rostro del delincuente y hasta el coche en que fue transportada, seguramente presa del pánico.
Se le ha buscado durante meses, pero la normalidad bien estudiada con que se movía entre sus vecinos, ha ido retrasando su detención y cerrando el círculo de las posibilidades que barajaban los agentes, hasta que  sabiéndose acorralado, huyó a Santander, con la esperanza de que las aguas volvieran a su cauce.
Pero la descripción facilitada por la pequeña víctima ha terminado dando sus frutos y para tranquilidad de padres y familiares del entorno en que se han producido las agresiones, este individuo ya se encuentra bajo arresto y se supone que pagará todos y cada uno de sus delitos, si los jueces se niegan en redondo a admitir el trastorno mental que probablemente alegará, como línea de defensa.
La lección que sacamos del suceso es que como decían nuestras madres, los niños no pueden perderse de vista un solo momento y conviene muy mucho recordarlo cuántas veces sean necesarias, ahora que los horarios de los padres y madres trabajadoras propician que en algunos casos, se vean obligados a pasar cierto tiempo en soledad, a pesar de ser aún bastante pequeños.
La conciliación laboral que se viene reclamando encarecidamente, paliaría, al menos en gran parte este tipo de historias que tanto se repiten y más aún desde que con la crisis, muchos padres se han visto obligados a aceptar un aumento de su jornada laboral, si no querían ser inmediatamente despedidos de sus empresas.
Muchos de estos niños regresan a casa de la escuela y si no tienen algún familiar que se haga cargo de su vigilancia, generalmente los abuelos, la única alternativa que les queda es la de armarse de paciencia y esperar la vuelta de alguno de sus progenitores, en la soledad de su cuarto.
 Precisamente esa soledad, resulta ser el caldo de cultivo adecuado para un temprano acercamiento a unas redes sociales, en las que se mueven con aparente impunidad la clase de individuos de los que estamos hablando y para los que es increíblemente fácil contactar con este tipo de niños, amparándose en falsas identidades, con las que les conducen hábilmente, exactamente, hasta dónde les interesa.
El vacío legal en el tema, hace que muchísimos menores sean agredidos de múltiples maneras a través de internet y al mismo tiempo, amenazados por individuos que simplemente por ser adultos, manejan la situación con mano experimentada y sin escrúpulos.
Por esta razón habría que exigir a nuestros gobernantes alguna solución que remedie el tremendo abandono que sufren a diario nuestros hijos, condenados por un sistema que sólo piensa en obtener el máximo de beneficios del trabajo de los españoles.
Y quizá no habría que esperar a que vuelvan a producirse agresiones físicas reales, como las de Ciudad Lineal, sino profundizar sin descanso  en la información que nos proporcionan las redes, pues a pesar  de ser gente corriente, estos delincuentes suelen pecar de vanidad, colgando sus oscuras proposiciones en foros dedicados a estos temas.
Detener a uno de ellos, no termina con el grave problema de la pederastia, sino que es una aguja en el pajar inmenso de este mundillo en el que habitan los que se atreven a cometer el más atroz de los delitos, de cuántos se conocen.
Matar la inocencia de un niño no puede ni debe nunca ser perdonado, porque de estos traumas, no se recupera uno jamás.




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