Estrechamente vigilado por los nacionalistas de ER, Artur Mas
convoca formalmente el Referendum de Cataluña, mientras Mariano Rajoy, desde
China, amenaza con poner en marcha todos los mecanismos del Estado, para
impedir que tal consulta se celebre.
Entretanto, slogans a favor de la independencia empiezan a
parecer en los medios de comunicación catalanes, en la que probablemente será
la campaña electoral más corta de cuántas se han celebrado en el mundo, ya que
durará lo que tarde en reunirse el Tribunal Constitucional y declarar nulo el
decreto firmado por el líder de Convergencia y Unió.
La inexplicable parsimonia del PP, que en ningún momento se
ha planteado la vía de un diálogo racional para hallar un camino de
entendimiento entre las dos partes implicadas en este litigio, ha propiciado
que ahora nos encontremos en un callejón sin salida, del que será difícil escapar,
sin pagar un alto tributo en uno y otro territorio, por algo que debió
resolverse, únicamente con diplomacia.
Ahora, se ha creado una ilusión masiva respaldada por
millones de catalanes, que han visto en las propuestas nacionalistas un camino
para huir de una crisis que también está arruinando sus vidas y cuya culpa se
adjudica mayoritariamente, a la política económica llevada a cabo por el
gobierno español.
Ahora, ya no se atiende a razones, si proceden de cualquiera
que no se declare exclusivamente catalán y se desdeña por sistema a todos
aquellos que nunca votarían la independencia, bien por considerarse españoles,
bien por estar plenamente convencidos de la inviabilidad del proyecto de Mas,
al considerar que una Cataluña independiente quedaría aislada del devenir de la
Unión Europea y habría de bregar sola ante el peligro en el campo de la
economía, tratando de financiarse poco menos que de una manera autóctona, sin
ayuda de nadie y con su propia moneda.
Ahora, las cosas se han enquistado hasta tal punto, que en
cualquier acción llevada a cabo por alguna de las partes, subyace una violencia
psicológica que asusta, por el odio que representa, puesto que se ha conseguido
enfrentar a vecinos que teóricamente debieran mantener relaciones de estrecha
amistad, pero que se han convertido en enemigos acérrimos de una guerra
incruenta, curiosamente iniciada por dos políticos, Mas y Rajoy, provenientes
de un mismo tronco ideológico y que pudieran estar, de no ser por el asunto de
la territorialidad, militando en un mismo partido de derechas y coincidiendo en
todos sus planteamientos.
Ahora, no hay vuelta atrás y haya o no campaña electoral, se
celebre o no el Referendum y se
desobedezcan o no las leyes del Estado español, la semilla del odio entre
españoles y catalanes está plantada y empieza a florecer con virulencia, sin
que nadie pueda parar su crecimiento y que posteriormente, de sus frutos.
Los nacionalismos exacerbados de Mas y Rajoy, que como todos
los nacionalismos son indefectiblemente excluyentes, hacen que, por sistema, se
imagine malo, en esencia, todo lo que proceda de los territorios considerados
como enemigos y que se acabe por detestar, sin motivo aparente, a ciudadanos
anónimos que nada tienen que ver con la encarnizada lucha que se libra entre
líderes políticos cerrados al diálogo.
Así que al final, habrán conseguido que españoles y catalanes
militemos en bandos enfrentados y que tampoco entre la gente normal sea posible
un debate sosegado sobre los que consideramos nuestros intereses y otra vez,
como ya ha sucedido infelizmente a lo largo de la historia, los hombres serán abducidos
por la nimiedad de los colores de las banderas, abandonando la fuerza de la
razón, para combatir las ideas de los otros con la razón de la fuerza.
No hemos aprendido nada de cuánto se ha vivido antes. Qué
pena.

No hay comentarios:
Publicar un comentario