Le ha faltado tiempo a Rajoy, tras la dimisión de Gallardón,
para desaparecer del país y se ha marchado a China, con la intención de abrir
mercados, dejando tras de sí las primeras protestas de las organizaciones anti
abortistas, en contra de la retirada de la Ley e indignadas por la falta de
explicaciones que les ha ofrecido el gobierno.
Tampoco está contenta
la oposición con la oscura maniobra que se ha llevado a cabo en relación a este
tema y se ha tenido que conformar con el manido discurso que ha ofrecido Fátima
Báñez en el Parlamento, aunque hubiera correspondido a Soraya Sainz de
Santamaría ocupar su lugar, al haber asumido las competencias del recién
dimitido Ministro.
Como si no tuviera suficientes colectivos en contra, el PP
tendrá que lidiar ahora, además, con la ira furibunda de curas y beatos, a los
que había prometido personalmente que la reforma de la ley del aborto sería
aprobada en esta legislatura y que han sido desde siempre, votantes leales de la
derecha española, que había representado todos sus intereses.
Esta bofetada que han recibido en plena cara, la consideran
imperdonable y ya han amenazado, manifestándose ante las sedes del PP y en
varias cadenas de televisión ligadas a su ideología, que se sienten traicionados
por el Presidente y que su intención es la de no volver a votar a quien les
mintió descaradamente sobre sus auténticas intenciones en relación con el
aborto.
Se quejan además, de haber sido ninguneados por un Presidente
que ni siquiera les había informado sobre lo que pensaba hacer y que parece
haber optado por huir, en lugar de enfrentarse a las quejas de las
organizaciones pro vida y de la propia Iglesia Católica, de la que se declara
seguidor y practicante de su doctrina.
Tampoco la vicepresidenta está dispuesta a un encuentro con
estas organizaciones, y menos aún, si es verdad que la idea de retirar la ley
partió explícitamente de ella y como se dice en los mentideros, ha sido su
enfrentamiento con Gallardón el que ha provocado finalmente su dimisión y
retirada de la política.
No sé de qué se extrañan estos votantes del PP, a los que
jamás se ha visto protestar de otros incumplimientos mucho más graves de las
promesas electorales del Presidente, ni en todas aquellas manifestaciones que
durante los casi tres años que dura su mandato, han estado reclamando derechos
sociales y laborales que se han ido perdiendo, precisamente, por la
incompetencia de este gobierno.
Ahora sin embargo, considerándose abandonados, se rasgan las
vestiduras y arremeten contra quienes tanto les satisfacían hasta anteayer,
amenazando con una macro protesta que denuncie este particular incumplimiento y
que seguramente exhibirá, como otras veces, en primera línea, capelos
cardenalicios y familias particularmente numerosas, que decidieron, ellas sí
libremente, traer al mundo una numerosa prole.
Que el presidente no esté dónde debe, no es algo inusual para
los que seguimos de cerca su manera de hacer política y estamos de sobra
acostumbrados a que no se nos dé explicación
alguna de las medidas que se están
tomando en esta legislatura, por mucho que afecten a nuestros intereses
personales y colectivos, de ciudadanos absolutamente normales.
Huir, esconderse para la prensa tras una pantalla de plasma y
legislar a base de decreto sobre nuestro panorama laboral y social, es la
tónica natural adoptada por este gobierno y por quién lo preside,
particularmente.
Claro que nosotros hemos de acatar con sumisión cualquier
disposición del tipo que sea, ya que nuestras protestas no sólo suelen ser
reprimidas con extrema dureza por medios policiales y políticos, sino que son
consideradas desde el poder, como intentos de desestabilizar el Sistema
protagonizados, poco menos, que por peligrosos delincuentes.
Distinto será, de seguro, el tratamiento que reciban los
antiabortistas cuando lleguen a Madrid y no hay más que esperar para ver qué
clase de vigilancia se hace del futuro evento y cómo se comporta la policía
teniendo en frente a curas, beatos y gente de las llamadas “buenas familias”.

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