martes, 2 de septiembre de 2014

Las cifras de la verdad


Los datos del paro hechos públicos hoy, contradicen radicalmente las ínfulas triunfalistas de Rajoy, demostrando que la verdad siempre acaba por ser conocida, colocando a cuál en el lugar exacto que le corresponde y sin que sirvan de nada los subterfugios empleados, de la índole que sean, para tratar de ocultarla.
Ya presagiábamos hace unos meses que los brotes verdes a que hacía referencia el PP y esos miles de puestos de trabajo de ínfima calidad que presumían haber creado, gracias a su gestión política, eran un espejismo creado por la llegada del Verano y la consecuencia lógica de un aumento de las prácticas turísticas en nuestro país y del periodo de rebajas en el comercio.
Naturalmente, el pronóstico se ha cumplido y sólo un día después de la aparición de Rajoy en un mitin en el que su delirio  se materializó en todo el contenido de un discurso en el que se alardeaba de que los brotes verdes se habían ya convertido en raíces profundas, la cruda realidad que nos vemos forzados a soportar todos los españoles se ha aparecido ante sus ojos, en forma de un aumento del desempleo, echando por tierra cualquier presunción que tuviera en mente y frustrando sus planes para las próximas elecciones municipales, gane o no la lucha que mantiene ahora, por colocar en las alcaldías al candidato de la lista más votada.
No han entendido en el PP que con los ciudadanos no se juega y que el engaño continuado y la contumacia al hacer un tipo de política que perjudique a las mayorías y reste bienestar social, acaba teniendo siempre un coste electoral, al menos mientras seamos libres para expresar nuestra opinión, cada vez que se nos consulta.
Tampoco parecen haberse dado cuenta de que su estancia en el poder depende precisamente de la fuerza de esos votos y que el tiempo que permanezcan al supuesto servicio de la Nación va en relación directa a la complacencia que demuestre el pueblo soberano con su gestión, que en este caso, no ha podido ser más desastrosa.
No ayuda nada un incumplimiento flagrante de promesas electorales, ni ir asfixiando poco a poco a las familias que conforman este País, con recortes que les han llevado directamente hasta los brazos de la más estricta miseria, ni el hecho de encontrase en una situación de tal desamparo, que sería propia de un territorio tercermundista que en el caso de España, creímos haber abandonado, afortunadamente, hace ya mucho tiempo.
Tener además blandiendo sobre la cabeza la espada de los innumerables casos de corrupción en los que se han visto implicados los miembros del Partido y muy concretamente aquel, en el que Bárcenas señala con su dedo a la mismísima cabeza de la cúpula dirigente de Génova, se convierte inevitablemente en un hándicap añadido para que a los españoles se les pase por la cabeza volver a votar al PP, ni por supuesto,  creer una sola de sus palabras.
Los ciudadanos de este país, nos hemos visto por otra parte, obligados a ejercer la única oposición real que el Partido Popular ha tenido, desde que llegara al poder en Noviembre de 2012. Un PSOE envilecido por la conducta de un puñado de nefastos dirigentes y una derechización absoluta de esta Formación, se han encargado de otorgarnos esa enorme responsabilidad, que hemos tenido que asumir, como una cuestión de mera supervivencia.
Y como en esto de la política, no hay como empezar a practicar para aprender deprisa la lección de que casi siempre se juega con cartas marcadas, la experiencia acumulada en las calles durante todo este tiempo, nos ha servido, sin la menor duda, para tener muy claro que solo podremos tener aquello que seamos capaces de conseguir por nuestros propios medios, sin dar más oportunidades a meros charlatanes de feria que únicamente persiguen aumentar su patrimonio personal, casi siempre en perjuicio de la espalda de los trabajadores.
Es por eso, que nos molesta profundamente cuando se acusa a Formaciones como Podemos, desde las instancias del poder, de populismo, ya que todo lo que tiene que ver con el pueblo es lo que sentimos como propio, lo que nos duele y lo que realmente ahora nos interesa, pues no es populismo relatar cronológicamente la situación real que ha estado viviendo el País durante esta larguísima crisis, ni las historias humanas que todos hemos conocido a nuestro alrededor, sin que ninguno de estos pseudo políticos haya hecho absolutamente nada por evitarlas.
Esta negra cronología, triste, luctuosa e inaceptable, no es otra cosa que nuestra realidad, la de todos nosotros, que además de electores, somos fundamentalmente, personas y que vivimos y respiramos, precisamente, en las desastrosas condiciones que nos han regalado nuestros políticos.
Quizá por eso, aguardamos nuestro momento, resguardados de los discursos de macroeconomía triunfalista con que nos obsequian nuestro Presidente y los suyos, cada vez que aparecen, en unos medios, casi siempre inclinados a ser vasallos de quienes sostienen el cetro del poder, sin respetar el principio de fidelidad a la verdad al que se deben, como informadores que se dicen.
Tengan por seguro que cuando llegue la ocasión, aquí gobernará quienes nosotros decidamos. Ese sí que es un principio absolutamente inamovible, en cualquier Democracia que se precie.






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