jueves, 4 de septiembre de 2014

Elogio de la humildad


Las imágenes de Marta Ferrusola, esposa de Jordi Pujol, mandando a un periodista a la mierda, mientras se sube a un taxi, ponen en evidencia que a pesar de que su familia y ella misma se encuentran en el filo de la navaja, la soberbia de haber sido durante años primera dama de Cataluña, la ha impregnado con el desdén hacia los demás que suele ser propio de quién se considera superior, sin que muestre ninguna evidencia de arrepentimiento por los gravísimos delitos presuntamente cometidos, sino más bien, una mala educación impropia en sus  circunstancias actuales.
La humildad, que es un bien que escasea en los tiempos que vivimos, habría sido mucho más conveniente para la señora Ferrusola, ahora que junto a su marido e hijos le queda por delante un largo y farragoso camino que recorrer, si su implicación en el caso, como se presume, resulta tener una importancia capital para la acción de la justicia.
Puede que con cierta ignorancia, la mujer de Pujol haya creído que al pronunciar la frase en catalán, los españoles no seríamos capaces de saber el significado exacto de sus palabras, pero la similitud de estas en concreto, con el idioma que hablamos, nos ha permitido una traducción prácticamente simultánea, aunque ya los medios de comunicación que han ofrecido la información también hayan puesto en claro su contenido.
Sin embargo, parece que la señora Ferrusola no se ha enterado de que se han terminado sus privilegios y que toda la poca o mucha admiración que pudieran haber levantado los Pujol en Cataluña, hasta hace unos meses, ha quedado sepultada por la avalancha de la vileza de sus supuestos delitos, dando paso a un rechazo general del que probablemente, no podrán recuperarse nunca.
Así que le incomode o no, habrá de acostumbrarse a ser abordada por la prensa allá dónde vaya y a tener que escuchar preguntas que seguramente en casi ningún caso serán de su agrado, todas ellas relacionadas con el caso de corrupción que parece haber protagonizado el clan al que pertenece y que parece sacado de una novela de Mario Puzzo y no de los quehaceres normales de la historia familiar de un político.
Estafar el peculio de los ciudadanos manteniendo cuentas corrientes en el extranjero, con capitales de oscura procedencia, suele provocar una curiosidad natural en los que se dedican a informar como profesión y su obligación para obtener a cambio de ello un sueldo, no es otra que indagar a base de preguntas, en el mismo meollo de la cuestión y por añadidura, intentando ser contestados por los primeros actores del caso  que se trata.
Habrá que anticipar a Marta Ferrusola que le quedan meses de dura lidia con los medios de comunicación y que si nada lo remedia, hasta puede que tenga que responder ante la justicia como imputada, junto a los suyos, para lo que necesitará templar nervios y mantener la calma, porque si respondiera al juez de la misma manera en lo ha hecho hoy con la prensa, con toda probabilidad incurriría en un delito y no saldría tan bien parada  de tal suceso.
Hubo un tiempo en que los delincuentes, al cruzarse con otros por la calle, bajaban la cabeza avergonzándose de sus actos, como señal de respeto hacia la sociedad y hacia sí mismos.
Los de ahora, no solo no aparecen en público con la  cabeza alta e intentando situarse por encima del bien y del mal, sino que se permiten insultar a sus interlocutores, como si ellos tuvieran la culpa de sus problemas con la justicia.
Pues no. La culpa de cada cual, sólo a sí mismo corresponde y está claro que la señora Ferrusola podría vivir con total tranquilidad, si no se hubiera metido antes, por voluntad propia, en tamaño lío.


No hay comentarios:

Publicar un comentario