lunes, 22 de septiembre de 2014

El incidente


Acude Esperanza Aguirre a los juzgados, a declarar como imputada por el incidente que protagonizó frente a la Policia Local de Madrid y que erróneamente pensó que no pasaría nunca a mayores, amparándose en el renombre que le daba haber sido Presidenta de la Comunidad, a la que los agentes pertenecían.
Pero, afortunadamente, quedan vigilantes de la ley que no hacen distinciones entre ciudadanos y son capaces de denunciar a quienes cometan un delito, se llamen como se llamen y ocupen el cargo que ocupen.
Quizá creyó Aguirre que Madrid era suyo y que podía aparcar su coche en plena Gran vía, interrumpiendo la libre circulación de los demás, impunemente y que tampoco tenía por qué soportar, como cualquiera, el tiempo que los agentes consideraran oportuno mientras la sancionaban, por lo que decidió darse a la fuga.
También erró en el cálculo de las distancias durante la maniobra de evasión y fue a dar con la moto que llevaba uno de los agentes, al que estuvo a punto de tirar al suelo, en su apresurada huida.
Seguida hasta su domicilio y finalmente denunciada, la estrategia a seguir, fue inmediatamente perfeccionada por la ex presidenta y consistió en quitar importancia a lo sucedido ante las cámaras de todas las cadenas televisivas, definiéndose a sí misma como una pobre sexagenaria que había sido, poco menos, que acosada, por los rudos modales de los agentes.
La maniobra no pareció haber convencido en absoluto al juez encargado del caso, que optó finalmente por imputarla, estando como seguramente estaría, en el punto de mira de todos los medios informativos, ávidos de que alguna vez, al menos, se hiciera justicia.
Después llegaron los intentos de comparar el caso con otros, considerados como simples faltas y las demostraciones de estar deseosa por declarar, para contar una verdad, que sólo parece conocer ella  misma.
Y hoy por fin, Esperanza Aguirre se sentará ante el juez y ya veremos en que acaba esta historia,  cuyo desenlace podría perjudicar gravemente las pretensiones de acceder como candidata a la Alcaldía de Madrid, de esta incansable amante del poder, a la que todos tan bien conocemos.
Lo que parece que se olvida es que la gente que ocupa cargos de importancia deben, precisamente por ello, predicar con su ejemplo y que por tanto, han de ser los primeros en acatar las leyes rigurosamente, si no quieren que los ciudadanos a los que supuestamente representan, copien sus actitudes y actúen del mismo modo en que ellos lo hicieron.
Porque aprovechar los privilegios de un cargo en beneficio propio, tiene un nombre y saltarse las reglas que se escribieron para todos, reclamando por ser quién se es, una total impunidad, dice mucho de la catadura moral  del que se atreve a tal tropelía, pertenezca a la formación que pertenezca.
Así que todos esperamos que el peso de la ley, que en este caso será poco, caiga sobre Esperanza Aguirre, del mismo modo que hubiera caído sobre cualquiera de nosotros, con el agravante de que su renombre en el panorama político del país, hace que sea aún más grave su comportamiento y la desacredita para siempre, como posible representante nuestra.
Si el juez cumple con lo que se espera de su trabajo, no cederá a presiones externas, a la hora de aplicar estrictamente lo que la ley impone y la ilustre Presidenta habrá de aceptar, con sumisión, la sentencia que se le imponga, del mismo modo en que la tendría que aceptar un ciudadano de a pie, en circunstancias semejantes.
Entonces se podrá decir que existe igualdad entre nosotros, una igualdad que, desgraciadamente, se viene vulnerando con demasiada frecuencia, en los últimos tiempos.



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