Acude Esperanza Aguirre a los juzgados, a declarar como
imputada por el incidente que protagonizó frente a la Policia Local de Madrid y
que erróneamente pensó que no pasaría nunca a mayores, amparándose en el
renombre que le daba haber sido Presidenta de la Comunidad, a la que los
agentes pertenecían.
Pero, afortunadamente, quedan vigilantes de la ley que no
hacen distinciones entre ciudadanos y son capaces de denunciar a quienes
cometan un delito, se llamen como se llamen y ocupen el cargo que ocupen.
Quizá creyó Aguirre que Madrid era suyo y que podía aparcar
su coche en plena Gran vía, interrumpiendo la libre circulación de los demás,
impunemente y que tampoco tenía por qué soportar, como cualquiera, el tiempo
que los agentes consideraran oportuno mientras la sancionaban, por lo que
decidió darse a la fuga.
También erró en el cálculo de las distancias durante la
maniobra de evasión y fue a dar con la moto que llevaba uno de los agentes, al
que estuvo a punto de tirar al suelo, en su apresurada huida.
Seguida hasta su domicilio y finalmente denunciada, la
estrategia a seguir, fue inmediatamente perfeccionada por la ex presidenta y
consistió en quitar importancia a lo sucedido ante las cámaras de todas las
cadenas televisivas, definiéndose a sí misma como una pobre sexagenaria que
había sido, poco menos, que acosada, por los rudos modales de los agentes.
La maniobra no pareció haber convencido en absoluto al juez
encargado del caso, que optó finalmente por imputarla, estando como seguramente
estaría, en el punto de mira de todos los medios informativos, ávidos de que
alguna vez, al menos, se hiciera justicia.
Después llegaron los intentos de comparar el caso con otros,
considerados como simples faltas y las demostraciones de estar deseosa por
declarar, para contar una verdad, que sólo parece conocer ella misma.
Y hoy por fin, Esperanza Aguirre se sentará ante el juez y ya
veremos en que acaba esta historia, cuyo
desenlace podría perjudicar gravemente las pretensiones de acceder como
candidata a la Alcaldía de Madrid, de esta incansable amante del poder, a la
que todos tan bien conocemos.
Lo que parece que se olvida es que la gente que ocupa cargos
de importancia deben, precisamente por ello, predicar con su ejemplo y que por
tanto, han de ser los primeros en acatar las leyes rigurosamente, si no quieren
que los ciudadanos a los que supuestamente representan, copien sus actitudes y
actúen del mismo modo en que ellos lo hicieron.
Porque aprovechar los privilegios de un cargo en beneficio
propio, tiene un nombre y saltarse las reglas que se escribieron para todos,
reclamando por ser quién se es, una total impunidad, dice mucho de la catadura
moral del que se atreve a tal tropelía,
pertenezca a la formación que pertenezca.
Así que todos esperamos que el peso de la ley, que en este
caso será poco, caiga sobre Esperanza Aguirre, del mismo modo que hubiera caído
sobre cualquiera de nosotros, con el agravante de que su renombre en el
panorama político del país, hace que sea aún más grave su comportamiento y la
desacredita para siempre, como posible representante nuestra.
Si el juez cumple con lo que se espera de su trabajo, no
cederá a presiones externas, a la hora de aplicar estrictamente lo que la ley
impone y la ilustre Presidenta habrá de aceptar, con sumisión, la sentencia que
se le imponga, del mismo modo en que la tendría que aceptar un ciudadano de a
pie, en circunstancias semejantes.
Entonces se podrá decir que existe igualdad entre nosotros,
una igualdad que, desgraciadamente, se viene vulnerando con demasiada
frecuencia, en los últimos tiempos.

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