Las declaraciones de Felipe González, afirmando que no cree
que Jordi Pujol sea un corrupto, a pesar de haber confesado el ex President
catalán que ha estado ocultando una herencia en paraísos fiscales durante más
de treinta años, dejan claro que parece haber llegado la hora de que quién
fuera Presidente de la nación española durante tantos años, tome con urgencia
el camino del retiro político para dedicarse a otras cosas que no interfieran
para nada en la vida de los ciudadanos, si quiere que se le recuerde por lo que
fue y no por la penosa imagen que ofrece en la actualidad, cada vez que
interviene ante las cámaras.
Que quienes gobernaron
alguna vez no se resignen al anonimato, una vez que abandonaron estas
funciones, viene siendo una cosa habitual en esta parte del Mundo y su afán por
opinar de todos y cada uno de los temas políticos que acontecen, se ha
convertido en una constante, aunque a nadie interese ya, si ellos hubieran
actuado de otra manera, en caso de continuar en activo.
Hay casos, que por su evidencia hablan por sí mismos y el
revuelo que ha levantado el de la familia Pujol y la trama mafiosa que, presuntamente,
traían entre manos, ha dejado bastante claro que los indicios de culpabilidad
que sobre ellos recaen, parecen estar asentados jurídicamente. Por eso llama
poderosamente la atención que alguien que profesionalmente pertenece al terreno
de la justicia, como es el caso de González, se atreva a pronunciarse con tanta
rotundidad, en contra de lo que se considera casi probado, por los
investigadores encargados del tema.
Tal vez, su pretensión al salir en defensa de Pujol, se
encuentre estrechamente relacionada con una presunta connivencia demostrada
durante los años en que González se encontraba en el poder y en los que
necesitó del apoyo del partido que entonces regentaba Pujol, para sacar su
política adelante.
Naturalmente, admitir
que conocía las veleidades con el fisco del catalán, ya sugeridas en esa etapa
por Maragall, sería como reconocer que cerró conscientemente los ojos ante sus
supuestos delitos y asumir que se dio, de esta manera, cierta complicidad para
que la trama de evasión siguiera funcionando, sin denunciar su existencia.
Así que conviene más convertirse en improvisado abogado
defensor de Pujol para guardar la espalda, aunque con ello la imagen de
seriedad que sobre él teníamos una gran parte de los españoles quede
definitivamente deteriorada y en riesgo de no recuperarse nunca.
Pero como ya hemos dicho muchas veces, la verdad termina
siempre por aflorar y es muy posible que en un corto espacio de tiempo, los
ciudadanos lleguemos a conocer cuáles han sido las auténticas razones de esta defensa
a ultranza de González sobre Jordi Pujol.
Aunque entretanto, haría muy bien el ex Presidente en callar
lo que piensa, no sea que después tenga que arrepentirse de haber emitido
ciertas opiniones, ya que como todos sabemos, el hombre, siempre, es esclavo de
sus palabras.

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