lunes, 8 de septiembre de 2014

Negando lo evidente


Las declaraciones de Felipe González, afirmando que no cree que Jordi Pujol sea un corrupto, a pesar de haber confesado el ex President catalán que ha estado ocultando una herencia en paraísos fiscales durante más de treinta años, dejan claro que parece haber llegado la hora de que quién fuera Presidente de la nación española durante tantos años, tome con urgencia el camino del retiro político para dedicarse a otras cosas que no interfieran para nada en la vida de los ciudadanos, si quiere que se le recuerde por lo que fue y no por la penosa imagen que ofrece en la actualidad, cada vez que interviene ante las cámaras.
 Que quienes gobernaron alguna vez no se resignen al anonimato, una vez que abandonaron estas funciones, viene siendo una cosa habitual en esta parte del Mundo y su afán por opinar de todos y cada uno de los temas políticos que acontecen, se ha convertido en una constante, aunque a nadie interese ya, si ellos hubieran actuado de otra manera, en caso de continuar en activo.
Hay casos, que por su evidencia hablan por sí mismos y el revuelo que ha levantado el de la familia Pujol y la trama mafiosa que, presuntamente, traían entre manos, ha dejado bastante claro que los indicios de culpabilidad que sobre ellos recaen, parecen estar asentados jurídicamente. Por eso llama poderosamente la atención que alguien que profesionalmente pertenece al terreno de la justicia, como es el caso de González, se atreva a pronunciarse con tanta rotundidad, en contra de lo que se considera casi probado, por los investigadores encargados del tema.
Tal vez, su pretensión al salir en defensa de Pujol, se encuentre estrechamente relacionada con una presunta connivencia demostrada durante los años en que González se encontraba en el poder y en los que necesitó del apoyo del partido que entonces regentaba Pujol, para sacar su política adelante.
Naturalmente,  admitir que conocía las veleidades con el fisco del catalán, ya sugeridas en esa etapa por Maragall, sería como reconocer que cerró conscientemente los ojos ante sus supuestos delitos y asumir que se dio, de esta manera, cierta complicidad para que la trama de evasión siguiera funcionando, sin denunciar su existencia.
Así que conviene más convertirse en improvisado abogado defensor de Pujol para guardar la espalda, aunque con ello la imagen de seriedad que sobre él teníamos una gran parte de los españoles quede definitivamente deteriorada y en riesgo de no recuperarse nunca.
Pero como ya hemos dicho muchas veces, la verdad termina siempre por aflorar y es muy posible que en un corto espacio de tiempo, los ciudadanos lleguemos a conocer cuáles han sido las auténticas razones de esta defensa a ultranza de González sobre Jordi Pujol.
Aunque entretanto, haría muy bien el ex Presidente en callar lo que piensa, no sea que después tenga que arrepentirse de haber emitido ciertas opiniones, ya que como todos sabemos, el hombre, siempre, es esclavo de sus palabras.



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