Llega la hora del descanso estival, tras un año marcado por
un ritmo frenético de noticias, sobre las que he intentado en todo momento
informar desde un punto de vista objetivo, pero con la autoridad que da emitir
la opinión personal, cuando se habla de cosas que a todos nos afectan.
Han sido doce meses difíciles para todos nosotros y muchas
veces ha costado trabajo decidir sobre qué escribir, aunque al final, parece
que he conseguido sacar adelante esta deliciosa rutina y vosotros me habéis
premiado con vuestra atención, devolviéndome la alegría de saber que el
esfuerzo se ve correspondido con la fidelidad de gente que se asoma a esta
humilde ventana, prácticamente desde todo el mundo.
Un agradecimiento especial, a todos aquellos lectores que me
siguen desde determinadas zonas de conflicto, como es el caso de Ucrania por
ejemplo, y también a los que se arriesgan entrando en la red estando en sus
países prohibidos hacerlo. Su fidelidad diaria y la satisfacción de saber que
en cierta medida, puedo ayudarles a estar informados de lo que ocurre en
España, con total libertad, representan para mí un motor que no me permite
parar y una fuente de inspiración en este oficio de hilar palabras, que tanto
me gusta y aprecio.
Vamos ahora a descansar los unos y los otros, dejando un
tiempo para reflexionar sobre todas las cosas sobre las que hemos hablado este
año y sin olvidarnos del vínculo que nos une y que volveremos a reactivar en
Septiembre.
Os pido que me esperéis y que no desfallezcáis en el intento de conservar la esperanza en
que la vida cambiará, para mejor, siempre ayudada por el esfuerzo común que nos
permita al fin, conseguirlo.
Las noticias, que seguirán llegando también en mi ausencia,
os pido que las interpretéis como os dicte el corazón y que os permitáis,
porque podéis, el derecho de hacerlo en total libertad, sin que nadie pueda
influir en vuestro pensamiento.
A la vuelta, con el ánimo renovado, quizá podríamos
comentarlas como un tema global, que sería
el tema central del primero de mis artículos.
No os digo más, descansad, disfrutad, vivid el momento y
nunca dejéis que la desesperación os pueda. Es una orden que no admite ninguna
discusión.

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