lunes, 21 de julio de 2014

La templanza


No le está saliendo muy bien a esperanza Aguirre la cruzada que ha decidido emprender contra Pablo Iglesias, a pesar de ser el miembro del PP más empeñado en desacreditar, por todos los medios, a Podemos.
Pero como siempre ha sido bastante osada, incluso cuando sin tener argumentos, se ha empeñado en alguna esperpéntica empresa, no pasa un solo día sin que propicie un momento para criticar ferozmente la manera de actuar del líder del nuevo partido, siempre intentando frenar un ascenso, que ya se considera imparable.
Aceptar el reto de intervenir en el Debate del sábado noche en La sexta, en una especie de cara a cara no presencial, frente a Iglesias, puede que fuera considerado por Aguirre como una oportunidad para desmontar en directo todas las líneas argumentales en que se basa la ideología de esta Formación, aprovechando a la vez la coyuntura para ridiculizar ante los telespectadores al joven profesor, al considerarlo mucho más inexperto que ella, en las lides de la  política.
Quizá pensaba que atreviéndose a acusarle directamente de estar financiado por Venezuela y de ser poco menos que simpatizante de primer orden de ETA, conseguiría alterar el estado de ánimo de Iglesias, provocando en él una reacción de cólera que terminara por romperle los nervios, haciéndole perder los papeles.
Se equivocó, como todos pudimos ver, de parte a parte y puede hasta que la intención se tornara en su contra , pues si hubiera que asignar una virtud al líder de Podemos, esa habría de ser, sin lugar a dudas, la templanza.
De nada sirvieron a Aguirre los años de experiencia, ni el hecho de doblar la edad de su oponente, ni menos aún, la manida relación de argumentos que pronunciados como una letanía aprendida, recitó ante las cámaras de televisión.
En ningún momento consiguió alterar el pacífico saber estar de Iglesias, que incluso se atrevió a esbozar durante las intervenciones de Aguirre más de una sonrisa y que respondió con toda lucidez, pausadamente y sin esfuerzo, a todas y cada una de las acusaciones que se le hacían, como si hubiera estado en un estudio de televisión, toda la vida.
Ni siquiera se notó un desnivel entre la profesionalidad de uno y otro, ofreciendo a los espectadores la impresión de que el joven líder ya posee talla suficiente para poder enfrentarse al fructífero futuro que le aguarda.
La imagen de la frescura y la ilusión por intentar alcanzar metas que de momento podrían parecer utópicas, contrastaron significativamente con la evidente caducidad de los argumentos de quién ya poco tiene que hacer en un panorama político, estando como está, anclada en argumentos que no conducen a otra parte que a un pasado que todos deseamos dejar atrás y además, con urgencia.
Puede que tras el enfrentamiento, Aguirre llegue a plantearse lo inútil que está resultando su estrategia y opte por cambiar, al menos en cierta medida, su manera de afrontar a partir de ahora, sus relaciones con un Partido que sin duda dará mucho más que hablar, de cara a la celebración de próximos comicios.
Al menos, debe quedarle claro que no salió victoriosa del lance, sino que más bien y como suele sucederle en los últimos tiempos, quedó, de cara a la galería, bastante maltrecha.

Su tiempo ya pasó, afortunadamente, y quiéranlo o no, ella y su partido, habrán de ir acostumbrándose a discutir en serio sobre la política del país, con el Partido de Pablo Iglesias, porque va a estar y de forma significativa, en el próximo Parlamento.

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