Los buenos resultados de la EPA, de los que Mariano Rajoy ha
alardeado ante las cámaras de Televisión como si se debieran al éxito de la
aplicación de su Reforma Laboral, habrá que atribuirlos a la buena marcha del
turismo que todos los años abre el campo laboral español, creando puestos de
trabajo que no son más que lo que son, nubes de verano que después se disipan
con la llegada del Otoño.
La llamada de las playas que atrae a una buena cantidad de
personal extranjero y que trae continuos desplazamientos en el sector nacional
con la época de vacaciones, naturalmente provoca una reacción en cadena que
empieza por la contratación de personal en hoteles y hostelería y sigue con la
de dependientes de comercio, ahora en rebajas, pues es natural que al aumentar
el número de personas, se reactive en cierta medida, el consumo.
Porque Rajoy en su intervención ni siquiera hace referencia
al tipo de empleo del que se habla y mucho menos, a la remuneración que genera
a los nuevos trabajadores, ni tampoco a la duración del contrato que acaban de
firmar los nuevos empleados, ni a la duración de la jornada laboral que habrán
de cumplir los aludidos y que todos intuimos, será necesariamente larga.
Sin embargo, parece haber llegado la hora de empezar a
presumir de objetivos cumplidos, ya que solo faltan unos meses para la
celebración de Elecciones Municipales y el PP no puede por menos que intentar
una maniobra agresiva de manipulación de los datos, si quiere mejorar la mala
previsión de resultados que le adjudican todas las encuestas.
Los casi seis millones de parados pesan como una losa en los
resultados de esta legislatura y recuerdan con su presencia el evidente fracaso
de la Reforma Laboral con que nos han premiado los populares, por lo que la
buena marcha del sector turístico, supone un soplo de aire fresco para las
ambiciones futuras de Rajoy y los suyos, aunque todos sepamos que estas cifras
que publica la EPA, son desafortunadamente, pasajeras.
Poco o nada habla el PP de la creación de nuevas Industrias
que puedan poner al país en el mismo plano laboral que otros países emergentes
y ni siquiera se sugiere en el discurso qué se piensa hacer como sustitutivo
del empleo que generaba el sector de la construcción, cuya burbuja provocó en
parte la crisis que actualmente padecemos y que no tiene visos de ser
remediada, si no se aborda la aventura de abrirse a otros campos más acordes
con los tiempos que corren, por ejemplo el de la tecnología o la ciencia.
Pero mientras otras naciones más avispadas se dedican a
invertir fuertemente en estos sectores, en España se manda a los científicos y
tecnólogos fuera, obligándoles a esta emigración forzosa por falta de
oportunidades para trabajar aquí, en este panorama que ha dejado tras de sí la
aprobación del despido libre y una reducción de salarios que coloca, por
ejemplo, a un ingeniero, en una categoría salarial similar a la que podría
tener un peón en Alemania.
No nos dejemos engañar por las apariencias. Los que acaban de
encontrar estos trabajos, siempre temporales, algunos con periodos de prueba de
dos meses sin sueldo y con horarios que superan con mucho las ocho horas de
trabajo, con toda probabilidad, volverán a engrosar las listas del INEM, en
cuanto los turistas regresen a sus casas.
Así que en Otoño volverá a haber tormenta y este espejismo
que se nos trata de vender como un repunte de recuperación quedará seguramente
eclipsado por otros datos bien distintos en las encuestas de la EPA. Advertirlo
antes de que pase, es una obligación.
Creer al PP resulta ya para los españoles, prácticamente
imposible.

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