Aunque todavía no hay un cálculo exacto de la fortuna que
poseen los Pujol, la cifra que se baraja podría escandalizar al más escéptico
de los lectores, sobre todo si se tiene en cuenta los puestos de trabajo que
podrían haberse creado con ella y las necesidades que se podrían haber
remediado, estando el País como está.
Estos fraudes, en los que se habla de miles de millones de
euros, como si se tratara de céntimos y que se han convertido en una cosa
habitual, de esas que se leen en los periódicos todos los días, ya ni siquiera
consiguen asombrar a la mayoría de los ciudadanos, aunque inciden de manera
absolutamente desfavorable, en la imagen que tienen de toda la clase política.
Estamos hartos de que se nos intente convencer de que los
políticos corruptos son una minoría, mientras las noticias diarias se encargan
de contradecir tal afirmación con la contundencia de la verdad rotunda y ya ni
siquiera es posible hacer distinciones entre Partidos, en cuanto a estas
prácticas ilícitas, pues todos ellos tienen en sus filas innumerables casos, cada cual más espeluznante
y que enturbian irremediablemente, el presente y el futuro de la credibilidad
que ofrecen.
Lo que vivimos y lo que nos duele cada vez que se nos
descubre la total desvergüenza con que se comportan los políticos es haber cometido el error irrecuperable de haber
puesto alguna vez nuestra confianza en ellos, para después haber sido
traicionados y saqueados de manera tan contundente y que mientras se nos exige
un permanente sacrificio común para solucionar los problemas económicos por los
que todos atravesamos, los fondos, en cantidades astronómicas, continúen siendo
desviados hacia paraísos fiscales, con total impunidad, sin que los evasores
demuestren ningún signo de preocupación por la situación que dejan tras de sí,
ni por las necesidades perentorias que nos toca sufrir, a diario, sin
posibilidad de ser resueltas.
No queda después de esto
más que preguntarse si la política de recortes que se nos impone es
verdaderamente necesaria o si sería suficiente para salir del abismo, con que
todos los corruptos devolvieran las cantidades que han venido defraudando al
Estado, dejando las arcas de la Hacienda pública vacías y privando a la
sociedad de los derechos sociales que tanto necesita.
Porque si pudiéramos hacer el ejercicio de sumar todas las
cantidades que se han esfumado de las instituciones públicas, a manos de estos
ladrones de guante blanco que se han multiplicado como una plaga en los últimos
tiempos, al menos, se podría devolver y aún sobraría, el dinero que se ha
utilizado para rescatar a la Banca, lo cual nos permitiría vivir sin el agobio
de vivir bajo la vigilancia europea y poder afrontar el futuro, de manera
distinta.
Cuánto nos han robado los políticos, es un misterio cuya
respuesta no conoce nadie y la lista de delincuentes fiscales sigue aumentando
todos los días, mientras la Justicia les regala la impunidad y la oportunidad
de seguir ejerciendo una profesión que ha resultado ser de lo más lucrativa.
Por eso, el hecho de que Jordi Pujol haya renunciado hoy a los
privilegios que disfrutaba como ex Presidente de la Generalitat o el que Jaume
Matas haya entrado ayer en la cárcel para cumplir una escuálida condena de
nueve meses, ya no nos sirve.
Queremos que nos devuelvan hasta el último euro que nos han
robado, que se les aplique una contundente y ejemplar condena y que la paguen,
en la misma situación que disfrutan los presos comunes en las Instituciones
penitenciarias españolas. Y que no puedan volver a ejercer, jamás, ningún cargo
que tenga nada que ver nosotros.

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