domingo, 6 de julio de 2014

Sin tirón


Muy mal anda el PSOE, si realmente cree que volverá a ganar la confianza del electorado español eligiendo un nuevo Secretario General y dando un somero lavado de cara a su manera de hacer política, porque la imagen que ofrecen los tres candidatos en liza a la ciudadanía en general, es en definitiva, un claro reflejo de la caótica situación que se vive en el seno de la Formación y no consigue paliar, ni siquiera mínimamente, ni uno solo de los grandes errores que cometieron durante la etapa en que Zapatero gobernaba el país, ni en el tiempo que Rubalcaba ha sido cabeza de una oposición que ha parecido más bien inexistente.
Verán, la clave del éxito del PSOE  durante la etapa de la transición y en años posteriores no fue otra que hacer a los ciudadanos pensar que estaban votando a una izquierda moderada, alejada de planteamientos radicales, capaz de luchar por los derechos laborales y sociales en el Parlamento y con líderes que nada tuvieran que ver con las corruptelas que se acostumbraban a practicar, durante la etapa del franquismo.
En esa época, el carisma innegable del tándem González y Guerra y el ansia indiscutible de cambio que corría por las venas de los habitantes de la nación, fue suficiente para aupar desde la nada a un Partido al que avalaban cien años de historia y una presumible transparencia a la hora de hacer política, que convencieron a una gran parte de aquel electorado que en 1982 le dio la victoria.
Pero esa época de florecimiento quedó atrás y la evidencia de que el poder corrompe y de que sobre todo, es capaz de transformar las creencias hasta pulverizarlas del todo, han conseguido ir deteriorando las bases en que se asentaba aquel socialismo de los primeros años, hasta convertirlo en esta especie de esperpento ideológico sin definición que pulula entre la derecha y la izquierda según soplen los vientos y carente de todo sentido y de líderes capaces de cerrar definitivamente las páginas de su pasado más reciente, deshaciéndose de todos los lastres humanos responsables de lo que ha sido una pérdida de identidad que ha dejado a la gente huérfana de todo aquello en lo que creyó e indignada por el enorme engaño que bajo esas siglas se ha urdido, en los últimos tiempos.
 Ninguno de los tres candidatos que ahora se presentan como salvadores del proyecto socialista trae un discurso mínimamente capaz de hacer tambalearse los cimientos de su Partido, ni parecen tener la fuerza necesaria para comprender que se debe partir desde cero, para lograr borrar la enorme degeneración que ha sufrido este socialismo español que se ha perdido en su totalidad, a causa del servilismo demostrado a los grandes, que asfixian a la población con sus continuas exigencias.
A ninguno de los tres se ha oído aún hacer una autocrítica profunda de su última etapa de gobierno, ni reconocer que ellos fueron quienes empezaron a abrir peligrosas puertas por las que después se ha colado Rajoy con sus destructivas reformas laborales y sociales que han dejado a este pueblo en la más absoluta de las ruinas, ni atreverse a expulsar de sus filas a todos aquellos que hace tiempo cambiaron los principios fundamentales de su ideología, por un ambicioso proyecto más cercano a las fuentes del capitalismo feroz, que a las de un pensamiento concebido como apoyo incondicional a los problemas de unos trabajadores, hoy abandonados a su suerte.
Asentados en cimientos de barro y en un imposible afán reformista que en ningún caso puede dar resultados que saquen a su Partido del hoyo profundo en que se encuentra, los candidatos parecen hablar, exclusivamente, para los incondicionales capaces de soportar estoicamente todo lo que se pueda llegar a hacer, simplemente por la fuerza de un fanático amor a unas siglas, francamente desgastadas por la evidencia de unos actos abyectos.
Muchas veces hemos dicho y nos reafirmamos en ello, que el PSOE más que una transformación necesita una auténtica Revolución, si quiere sobrevivir a su propia tragedia y ninguno de estos tres candidatos posee ni el empaque ni el criterio que debe mover a un revolucionario en sus comienzos, ni la firmeza en tomar decisiones sin titubeos que caracteriza a los líderes capaces de cambiar radicalmente una situación tan viciada.
Para eso tendrían que olvidarse, en principio, de su ambición por el poder y entender que ser socialista está radicalmente reñido con las aspiraciones que Europa tiene para nosotros.
Y partiendo de ahí, empezar a construir desde abajo, sin prisa por gobernar, todo aquello que empezó a hacerse añicos cuando decidieron que ya no eran marxistas, bajaron el puño, dejaron de cantar la Internacional y se acomodaron a los placeres del consumismo, sucumbiendo a las exigencias de los que ya antes se habían transformado en socialdemócratas en su querida Europa y que en realidad, lo que habían descubierto era que coincidiendo con el capitalismo se vivía, a nivel personal, infinitamente mejor.
Siento decir que cuando finalmente termine esta lucha por el puesto de Secretario general y este PSOE que no está dispuesto a cambiar elija por fin un nuevo líder, sea quien sea, los españoles continuaremos pensando que ya no nos convencen, para nada, sus argumentos y que en el fondo, estamos asistiendo a una sustitución de personas por otras que nada nuevo tienen que ofrecer.
Qué pena de Partido y qué pena de espacio ideológico perdido, únicamente por la influencia del color del dinero.





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