miércoles, 16 de julio de 2014

Un tedioso compás de espera


Un calor inmisericorde recorre la Península de Sur a Norte, haciendo prácticamente imposible realizar casi ninguna actividad, si no es bajo una buena sombra o en  el interior de una casa oscura y fresca.
Las ciudades medio vacías a causa del éxodo masivo, principalmente hacia las playas, y la bajada del intenso tráfico que se convierte en insoportable en invierno, contribuye también a crear una sensación de cierta tristeza, en los que no tenemos la suerte de haber empezado las vacaciones y tenemos aún que lidiar con las inclemencias del maldito tiempo.
Tampoco las noticias que nos llegan son, en sí, suficientemente importantes como para provocar en nosotros esa necesidad de comentarlas que a veces nos recorre la médula espinal, sobre todo si nos producen indignación o llaman a la ira, como suele ocurrir con demasiada frecuencia, en los últimos tiempos.
Solo personajes como Esperanza Aguirre parecen no dar tregua en su lucha contra cualquiera que pueda resultar un peligro para la permanencia de su Partido en el poder y ofrecen titulares en plena canícula, probablemente ayudados por la confortabilidad de un buen aire acondicionado, allá dónde celebran sus ruedas de prensa.
La vida política en verano, siempre sucede igual, se convierte en un largo receso hasta la llegada del Otoño y sus Señorías evidencian en sus apariciones una cierta inquietud por echar el cierre al Parlamento, para perderse, cada cual seguramente, en algún maravilloso y caro destino.
Poco o nada importa a los españoles en General, por ejemplo, el nombramiento de Juncker en Europa o si De Guindos puede llegar a ocupar un cargo de responsabilidad que seguramente habrá merecido por los servicios prestados a la troika y en contra de la estabilidad de los ciudadanos.
Tampoco la marcha de las supuestas negociaciones en Cataluña, ni las reuniones que Mas pueda estar teniendo con Rajoy o con el recién llegado Pedro Sánchez, causan la más mínima sensación en este momento, hastiados como estamos, de que continuamente se utilicen como cortina de humo, para tapar males mucho mayores.
Sí que es verdad, que esta bendita desidia nos ofrece un delicioso compás de espera y nos libera en cierto modo de algunas de nuestras preocupaciones más urgentes, lo cual nos ayuda a tranquilizar  el espíritu y a hacer un acopio de fuerzas de cara a lo que se pueda avecinar y que no se prevé, por razones obvias, que pueda ser nada bueno.
Esto no significa que nos hayamos entregado al ocio, ni que hayamos dejado de pensar mal de todos aquellos que nos hacen padecer toda suerte de indignidades. Únicamente y aún estando siempre alerta, no nos queda otro remedio que bajar el ritmo y dedicarnos en cierta medida al reposo y a la meditación, a poder ser, por favor, en agradable compañía.


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