domingo, 20 de julio de 2014

Culpables en la sombra


El derribo de un avión de pasajeros en tierras ucranianas, que ha presentado un saldo de casi trescientos muertos, ha removido el plano de las relaciones internacionales y muy especialmente entre Rusia y occidente, al no estar claro aún quién lanzó el misil que impactó en el aparato que sobrevolaba la zona de conflicto, procedente de Holanda.
El estado de guerra encubierta que se vive entre adeptos al gobierno de Kiev y pro rusos, provoca de esta manera un daño colateral incomprensible y pone inmediatamente en funcionamiento todos los resortes del espionaje militar, para fijar la autoría del hecho.
Casi inmediatamente, EEUU ha adjudicado tal autoría a los partidarios de Rusia, colocando a Putin en la comprometida situación de tener que explicar el motivo de tal suceso y sobre todo, si el derribo del avión fue llevado a cabo de manera intencionada por las tropas bajo su mando.
La herida, que ya sangraba suficientemente sin que se hubiera producido la muerte de civiles extranjeros, se abre aún más si cabe, poniendo en evidencia que las relaciones entre los grandes bloques podrían estar llegando a un punto similar al que ya se diera en los años de la guerra fría.
Sólo que esta vez y en concreto en Ucrania, la guerra es mucho más caliente y la lucha entre rusos y occidentales por obtener la hegemonía en el pequeño territorio, está empezando a alcanzar cotas que pudieran hacerla derivar en un conflicto armado.
Sin embargo, parece pronto para poder confirmar quienes han sido los protagonistas del ataque y la postura de Obama, acusando claramente a los pro rusos, se antoja precipitada, partidista e incluso motivada por un odio ancestral aparentemente incurable.
Hace falta tiempo y mucho trabajo de laboratorio para poder determinar la causa de esta tragedia y las imágenes que todos hemos visto de la zona en que cayó el avión, evidencian la dificultad con que se encuentran los profesionales para poder cumplir con su trabajo, hasta emitir unas conclusiones.
Entretanto, cada cual puede conjeturar cuánto quiera, aunque esto signifique decantarse ciertamente por una de las dos partes beligerantes y pueda traer después consecuencias directas sobre los gobernantes que se atrevan a dar una opinión, sin conocer aún los resultados de las investigaciones.
Tampoco puede probarse que el lanzamiento del misil fuera alevoso, ni que quisiera intencionadamente  terminar con la vida de los pasajeros del vuelo, sin causas aparentes.
O a lo peor, es que no se nos cuenta toda la verdad sobre el suceso y aquellos que presumen de ecuanimidad ante los medios de comunicación, saben cosas que los demás nunca conoceremos.
Porque ¿qué motivaría abatir un avión de civiles que ni siquiera son ciudadanos del sitio en que se libra esta batalla del todo incoherente?
Los unos y los otros, saben a ciencia cierta que hacerlo, sería ganarse el rechazo inmediato de la comunidad internacional y perder la esperanza de conseguir apoyos foráneos, dada la gravedad de los hechos.
Por tanto, no convendría a ninguno de los bandos tener que asumir una acción como esta y  habría que pensar si no se ha debido a una nefasta casualidad, de esas que suelen producirse, por desgracia, en todas las guerras.
O eso, o algún interés oculto hay detrás de esta tragedia, que al final, solo ha afectado de verdad, a los casi trescientos inocentes que ya nunca volverán a casa.



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