El abogado de Diego Torres, el socio de Iñaki Urdangarín,
presenta al juez Castro en su recurso, una serie de Correos que tratan de
probar que toda la familia real estaba al tanto de las actividades y negocios
que llevaban entre mano los Duques de Palma y que incluso asesoraron al ahora
imputado en varias ocasiones, a petición de éste.
Los correos, que van dirigidos con total familiaridad al Rey
actual y también a Juan Carlos de Borbón, cuando aún ocupaba el trono, quieren
demostrar que las distancias con el cuñado y el suegro no existían y que todas
y cada una de las acciones llevadas a cabo por la Infanta Cristina y su marido,
era conocidas de sobra, en el Palacio de la Zarzuela.
Una vez presentado el recurso, el abogado de Torres ha
declarado que pretende citar como testigos en el transcurso del juicio a todos
los que han intercambiado correos con Urdangarín, aunque el aforamiento en que
se encuentran tanto los Reyes actuales, como los salientes, va a convertir en
prácticamente imposible que declaren ante el juez, aún cuando se admitiera la
petición como viable.
Una nueva vuelta de tuerca, arroja más leña al inmenso fuego
candente que constituye este caso y pone en evidencia, al menos, la pretendida
frialdad de las relaciones entre los miembros de la familia real, como muchos
ya habían intuido, desde que se iniciaron las investigaciones.
El juez Castro, que siempre ha defendido sus razones para
imputar a la Infanta, incluso en contra de la opinión del fiscal, ha debido
sentir bastante alivio al recibir dichos correos, porque vendrían a demostrar
que sus teorías sobre que Cristina era partícipe en los negocios de su marido,
no solo quedarían prácticamente probadas, sino que se verían reforzadas, si es
cierto que su padre y su hermano, apoyaban de manera tácita los negocios de
Urdangarín.
Por qué Diego Torres no había presentado hasta ahora estas
pruebas, es una incógnita que probablemente tenga que ver con las negociaciones
que en todo caso se establecen entre las partes, para poder llegar a un acuerdo
que beneficie a ambas lo más posible.
Pero de ser cierto que el antiguo Rey y el actual callaban
ante las actuaciones de Urdangarín, conociendo la naturaleza de sus negocios,
el escándalo se convertiría de inmediato, en el mayor de cuántos se han
conocido en el país y pondría en entredicho la transparencia de la Institución
monárquica.
Porque aunque ninguno de los otros miembros de Casa Real
participara de facto, en las empresas del Duque, el hecho de mirar hacia otro
lado, permitiendo que continuara con sus actividades, en un plano de total
ilegalidad, constituiría en sí mismo, un delito, por el que los españoles
estarían en su derecho de pedir que rindieran cuentas, todos los que en él se
encontraran implicados.
La presentación de estos correos, podría asimismo explicar la
urgencia en conseguir el aforamiento del antiguo Rey y el empeño del PP en
aprobarlo sin esperar a conseguir el consenso de los demás Partidos Políticos.
Está visto, que aquí nadie da puntada sin hilo, aunque,
sinceramente, cometen la torpeza de pretender engañar a una Sociedad que
finalmente, acaba enterándose de lo que está sucediendo y que es capaz de
hilar, por sí misma, los entresijos de todas las tramas, hasta llegar a la verdad,
aunque para ello, cada español haya de convertirse, por estricta necesidad, en
un auténtico sabueso.

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