La confesión de Jordi Pujol, de haber estado ocultando una
abultada cuenta en Suiza durante más de treinta años, según él, procedente de
una herencia que le dejó su padre, se produce justo en el momento en el que
Artur Mas tiene previsto reunirse con Rajoy para hablar del tema del
Referendum, y perjudica claramente todos los intereses de CIU, rompiendo
estrepitosamente la mítica imagen que los ciudadanos catalanes tenían de su
persona, de una manera providencialmente oportuna, lo cual podría suavizar el acaloro de la reivindicada Independencia.
Por qué Pujol elige este preciso momento para confesar
voluntariamente su delito, ni queda claro en el escrito que presenta, ni puede
ser pasado por alto, ya que hace sólo unas semanas, negaba ante las cámaras de
televisión cualquier relación familiar con la evasión fiscal en general e
incluso apremiaba a la justicia a que les llamara a declarar, para poder al fin,
defenderse de las acusaciones que sobre ellos se venían vertiendo, desde hacía
demasiado tiempo.
Algunos dicen que todo puede tener que ver con la inminente
publicación de El Mundo sobre dichas cuentas y esto podría tener sentido, si
los Pujol no constituyeran en Cataluña una familia de poder infinito, cuya
impunidad ha venido siendo avalada durante mucho tiempo por el Estado español,
al haber necesitado varios Presidentes ,el apoyo de Convergencia para gobernar
y ser Pujol el referente más valorado de dicho grupo que ahora lidera Artur
Mas, pero que ha seguido rindiendo al ex Presidente, honores de auténtica
pleitesía.
Pero si se mira detenidamente lo que está sucediendo en Cataluña y la evidente tirantez de las
relaciones con un Estado español que necesita desesperadamente encontrar una
salida para afrontar las reivindicaciones de soberanismo que se le exigen, esta
confesión se convierte en una baza de impagable congruencia, si se tiene en
cuenta que el enorme mazazo que ella representa para los ciudadanos catalanes,
bien podría hacerles reflexionar sobre la honradez de las proposiciones hechas
por Convergencia y sobre todo, de la limpieza de miras de los que ahora la
lideran y de Mas en concreto.
Y si a esto se suma el acoso mediático del Mundo sobre los
Pujol y el hecho de que las informaciones que pudieran aparecer en breve en la
prensa, pudieran ir cerrando el círculo de sospecha sobre ellos, quizá una
conversación en la intimidad, en catalán por supuesto, de por ejemplo, el ex
Presidente Aznar, con el patriarca de los Pujol y alguna jugosa oferta que de
momento se nos escapa, podría convenir a ambas partes, si se tratara de
intercambiar amnistía fiscal, por
independencia.
Que en cualquier territorio los corruptos establecen como
prioridad absoluta su propio bienestar, por encima de cualquier patriotismo o
bandera, es un hecho probado y en esta Península nuestra, no iba a ser
distinto.
Es más, en los innumerables casos que hemos conocido en los
últimos años, en los que se han juzgado y en los que se encuentran en este
instante en proceso de serlo, todos y cada uno de los protagonistas de las
historias han orientado siempre su defensa a obtener una salida lo más airosa
posible para sí mismos, sin importar que la imagen del Partido al que
pertenecen o la ideología que supuestamente defienden, queden definitivamente
dañadas, llegando incluso a negociar mejoras de condenas, a cambio de tirar de
la manta en que estaban envueltos, una parte, o la totalidad de sus compañeros.
Pujol no va a ser la
excepción que confirme la regla y si ha venido ocultando en Andorra durante más
de treinta años un capital que, según El Mundo, podría superar en mucho, los
seiscientos millones de euros, habrá que suponer que si ha sido descubierto, su
deseo será sin duda, tratar de salvaguardar una parte importante de esta
fortuna, que tampoco había declarado al fisco catalán, demostrando con esta
acción, lo poco o nada que le ha venido importando la buena marcha de su suelo
patrio.
Sinceramente, por mucho que a Jordi Puyol le muevan las
ínfulas independentistas que Artur Mas ha conseguido instalar en el corazón de
una mayoría de catalanes, poder blanquear total o parcialmente su dinero y el
de su familia debe importarle en estos momentos infinitamente más, pues debe
pensar que más vale continuar siendo español y rico, que catalán independiente
y pobre.
Por eso, algo no huele bien en esta repentina confesión, que
se ha presentado a los medios como un profundo ataque de arrepentimiento y que
no cuadra en nada con la enorme inteligencia que se le atribuye al ex
Presidente de los catalanes.
Pero sí que es verdad que su traición daña y de qué manera,
mucho más a los intereses de Cataluña que a los de España en general y que le
reporta a Mariano Rajoy, un impagable motivo para continuar negándose, apelando
a esta razón de peso, a la celebración del Referendum.
Ya veremos lo que sucede en días venideros, pero la
proximidad de la reunión entre Mas y Rajoy, que se celebrará el treinta del
presente mes, viene ya marcada por la importancia inaplazable de este tema, que
sin duda ha aportado al Presidente español una inyección de moral y al catalán,
una incómoda historia que tener que
explicar y que hace palidecer, desde luego, todo lo que tenga que ver con sus
ansias de independencia.

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