Se estrena Pedro Sánchez como Secretario General del PSOE,
sin que finalmente su lucha con los otros candidatos haya resultado reñida y
dejando en los militantes y ciudadanos en general, un regusto amargo a
manipulación en silencio.
Quedan Madína y Pérez Tapias muy lejos del flamante ganador,
pues sus apoyos venían de lugares en los que su Partido había dejado de
interesar hace tiempo, por lo que resultaba imposible competir sin contar con
la mayoría numérica de Comunidades como Andalucía, Madrid o Valencia.
Llega Sánchez, con la
táctica aparentemente conciliadora de acoger a toda la militancia socialista
por igual y arropado, en una de sus primeras imágenes, por Susana Díaz, que
estando como está en el candelero de la actualidad informativa y siendo como
es, un referente de futuro para su familia política, podría formar un curioso y
conveniente tándem con el recién llegado, de cara a nuevos comicios.
Sin embargo, los ciudadanos no perciben que nada haya
cambiado desde ayer y podría decirse sin temor, que la elección del nuevo
Secretario General provoca en ellos, muy poco más que mera indiferencia.
En pleno periodo vacacional y cansados por el esfuerzo de
todo un año de continuos sobresaltos e incalculables pérdidas, los españoles no
estamos ahora mismo por recuperar la confianza que perdieron los socialistas,
desde que nos abandonaron a nuestra suerte, en la última Legislatura del
Gobierno de Zapatero.
Mucho más interés ha despertado sin duda, la final del
Mundial, que afortunadamente, acabó ayer, cómo no, con victoria alemana, además,
en el campo del deporte balompédico. También es torpeza, hacer coincidir la
elección de Sánchez con un acontecimiento de este porte y la mayoría de la
gente, ni siquiera se habrá enterado del resultado de las votaciones, hasta
esta mañana.
Cómo le vaya a Sánchez desde hoy, depende exclusivamente de
su comportamiento y así habrá de asumirlo de aquí en adelante, si quiere
continuar en el puesto durante cierto tiempo, pero sin saber muy bien por qué,
o quizá sabiéndolo, a mí me huele su llegada a más de lo mismo, creyendo como
creo, que no basta una cara nueva para cambiar en profundidad, la
estropeadísima imagen de un PSOE, que huele a moribundo, desde lejos.

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