jueves, 17 de julio de 2014

¿A quién sirve el Gobierno?


Hace  un par de años, los españoles asistimos atónitos a una maniobra de rescate bancario que el entonces recién llegado Presidente Rajoy trató por todos los medios de maquillar, intentando evitar que se levantaran las iras de un pueblo que ya entonces empezaba a dudar de sus tácticas en el ejercicio del gobierno.
La catastrófica situación en que se encontraba el país, siempre según el líder de los populares, precisó de más de cincuenta mil millones de euros para sacar a flote a una red bancaria que se encontraba en práctica bancarrota y que no sucumbió gracias a un préstamo europeo con el que nadie estaba de acuerdo y cuya devolución involucrará de manera directa a varias generaciones de ciudadanos.
No dudó Rajoy en embarcarse en tan nefasta empresa, alegando que resultaba ser absolutamente necesaria si queríamos empezar a superar la crisis y prometiendo, de manera baldía, que la devolución de la cantidad prestada y sus correspondientes intereses, no afectaría a la vida de los españoles.
Luego pudimos comprobar  en carne propia la extrema debilidad de sus argumentos y a dos años vista de aquel nunca bien explicado suceso, el número de desempleados ha subido en casi un millón y las familias en riesgo de exclusión que malviven por toda la geografía española, víctimas de la más estricta miseria, ni siquiera se pueden calcular, aunque han aumentado considerablemente.
Ya dijimos a principios del verano, que los más afectados por la falta de trabajo eran los niños y que la desnutrición infantil hacía necesario tomar medidas de carácter urgente, sobre todo si los comedores escolares que proporcionaban a estos niños la única comida diaria que hacían, se cerraban a causa del final de curso, como sucede cada año.
También hicimos hincapié en que varias Comunidades Autónomas habían decidido mantener abiertos los comedores, en vista de la gravedad del asunto y que las gobernadas por el PP se negaban en principio a hacerlo, aduciendo que el hecho de acudir a la Escuela sólo a la hora de comer, podría causar en los menores experiencias traumáticas, al quedar en evidencia su pobreza, delante de su entorno.
Poco después y azuzados por la intervención en de una larga lista de ONG que clamaban horrorizadas ante tan inaceptable argumento, consideraron la posibilidad de dedicar una partida de dinero a este fin y ayer, se reunieron con los representantes de las Comunidades autónomas para ofrecerles dieciséis millones de euros, que además se repartirán de manera muy poco equitativa.
Leyendo esta información, uno no puede evitar que le asalte el recuerdo inmediato de la cantidad que se dedicó al rescate bancario y hacer una  comparación con la que piensa destinarse a combatir la pobreza infantil, comparación que no puede producir más que un sentimiento de auténtica repugnancia.
Porque estos menores, que son los hijos de los parados que ha traído a nuestras vidas la Reforma Laboral, la pobreza extrema que se ven obligados a soportar y la situación familiar en que viven, son claramente, responsabilidad de este gobierno.
Y sin embargo, la importancia que este colectivo absolutamente indefenso parece tener para quienes lideran el Partido en el poder, no consigue rozar, ni de lejos, aquella que se dio a la caída en picado de unas entidades bancarias que rozaron la la ruina, en casi todos los casos, a causa de los desmanes de quienes las dirigían y que sin embargo, merecieron una atención prioritaria de los líderes de la derecha.
Frente a los Cincuenta mil millones que se pidieron para socorrer a la Banca, los dieciséis que se ofrecen para combatir el hambre de los niños, es una cifra que no puede sino causar vergüenza en la gente de bien, que mira con auténtica amargura, cuáles son las prioridades de su Gobierno.
Nada hay peor para un país que tener que admitir que sus ciudadanos sufren hambre, ni nada más bochornoso para un gobernante que haber sido el causante de que la situación llegue a estos extremos.
Sobre todo cuando mientras esto sucede, las Entidades bancarias han conseguido superar con ayuda de todos la crítica circunstancia que padecían y operan con total libertad sin tener que rendir cuentas, a quienes colaboramos obligatoriamente con nuestro sacrificio en pagar  religiosamente a Europa, la que debiera ser su deuda y encima, negándose a dar créditos.





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