Hace un par de años,
los españoles asistimos atónitos a una maniobra de rescate bancario que el
entonces recién llegado Presidente Rajoy trató por todos los medios de
maquillar, intentando evitar que se levantaran las iras de un pueblo que ya
entonces empezaba a dudar de sus tácticas en el ejercicio del gobierno.
La catastrófica situación en que se encontraba el país,
siempre según el líder de los populares, precisó de más de cincuenta mil
millones de euros para sacar a flote a una red bancaria que se encontraba en
práctica bancarrota y que no sucumbió gracias a un préstamo europeo con el que
nadie estaba de acuerdo y cuya devolución involucrará de manera directa a
varias generaciones de ciudadanos.
No dudó Rajoy en embarcarse en tan nefasta empresa, alegando
que resultaba ser absolutamente necesaria si queríamos empezar a superar la
crisis y prometiendo, de manera baldía, que la devolución de la cantidad
prestada y sus correspondientes intereses, no afectaría a la vida de los españoles.
Luego pudimos comprobar
en carne propia la extrema debilidad de sus argumentos y a dos años
vista de aquel nunca bien explicado suceso, el número de desempleados ha subido
en casi un millón y las familias en riesgo de exclusión que malviven por toda
la geografía española, víctimas de la más estricta miseria, ni siquiera se
pueden calcular, aunque han aumentado considerablemente.
Ya dijimos a principios del verano, que los más afectados por
la falta de trabajo eran los niños y que la desnutrición infantil hacía
necesario tomar medidas de carácter urgente, sobre todo si los comedores
escolares que proporcionaban a estos niños la única comida diaria que hacían,
se cerraban a causa del final de curso, como sucede cada año.
También hicimos hincapié en que varias Comunidades Autónomas
habían decidido mantener abiertos los comedores, en vista de la gravedad del
asunto y que las gobernadas por el PP se negaban en principio a hacerlo,
aduciendo que el hecho de acudir a la Escuela sólo a la hora de comer, podría
causar en los menores experiencias traumáticas, al quedar en evidencia su
pobreza, delante de su entorno.
Poco después y azuzados por la intervención en de una larga
lista de ONG que clamaban horrorizadas ante tan inaceptable argumento,
consideraron la posibilidad de dedicar una partida de dinero a este fin y ayer,
se reunieron con los representantes de las Comunidades autónomas para
ofrecerles dieciséis millones de euros, que además se repartirán de manera muy
poco equitativa.
Leyendo esta información, uno no puede evitar que le asalte
el recuerdo inmediato de la cantidad que se dedicó al rescate bancario y hacer
una comparación con la que piensa
destinarse a combatir la pobreza infantil, comparación que no puede producir
más que un sentimiento de auténtica repugnancia.
Porque estos menores, que son los hijos de los parados que ha
traído a nuestras vidas la Reforma Laboral, la pobreza extrema que se ven
obligados a soportar y la situación familiar en que viven, son claramente,
responsabilidad de este gobierno.
Y sin embargo, la importancia que este colectivo
absolutamente indefenso parece tener para quienes lideran el Partido en el
poder, no consigue rozar, ni de lejos, aquella que se dio a la caída en picado
de unas entidades bancarias que rozaron la la ruina, en casi todos los casos, a
causa de los desmanes de quienes las dirigían y que sin embargo, merecieron una
atención prioritaria de los líderes de la derecha.
Frente a los Cincuenta mil millones que se pidieron para
socorrer a la Banca, los dieciséis que se ofrecen para combatir el hambre de
los niños, es una cifra que no puede sino causar vergüenza en la gente de bien,
que mira con auténtica amargura, cuáles son las prioridades de su Gobierno.
Nada hay peor para un país que tener que admitir que sus
ciudadanos sufren hambre, ni nada más bochornoso para un gobernante que haber
sido el causante de que la situación llegue a estos extremos.
Sobre todo cuando mientras esto sucede, las Entidades
bancarias han conseguido superar con ayuda de todos la crítica circunstancia
que padecían y operan con total libertad sin tener que rendir cuentas, a
quienes colaboramos obligatoriamente con nuestro sacrificio en pagar religiosamente a Europa, la que debiera ser
su deuda y encima, negándose a dar créditos.

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