martes, 15 de julio de 2014

El mas valorado


Por mucho que le pese al PP, al PSOE y a todo aquél grupo, formación o persona  que desde que se conocieron los resultados de las Elecciones Europeas, se haya dedicado a lanzar ataques indiscriminados sobre el Partido de Pablo iglesias, una encuesta del CIS viene hoy a confirmar que la mayoría de los españoles piensan que fue precisamente Podemos la que hizo mejor campaña electoral, a diferencia del PP, que ocupa el último lugar en esta lista, en la que casi todos salen bastante mal parados.
La Sociedad, que por cierto goza de un nivel de inteligencia muy superior al que le suponen la mayoría de los políticos, ha sabido entender un mensaje expresado con claridad meridiana que lejos de ser populista, ha supuesto más bien un reflejo exacto y detallado de los problemas que la vienen aquejando desde el comienzo de la crisis y ha visto en el joven Pablo Iglesias, al único político interesado por resolver verdaderamente y de manera independiente, todos los conflictos que han generado, con su mal hacer, los integrantes de las dos últimas plantillas de Gobierno.
 No es pues de extrañar que la brillantez de sus argumentos y la asombrosa entrada en escena que ha protagonizado Podemos en el cerrado mundillo de la política, en tan solo unos meses desde su creación, haya provocado un maremoto entre los líderes de los Partidos mayoritarios, que han empezado a ver que una amenaza seria de incalculables dimensiones, tal vez podría hacer peligrar y mucho, la estabilidad del sinfín de privilegios que habían venido disfrutando, con su alternancia en el poder.
Ha cundido el pánico, es innegable y así lo demuestra la reiterada práctica de ataque que ha emprendido la derecha contra Podemos, prácticamente desde la misma noche electoral y sin auténticas razones que justifiquen su exagerada beligerancia contra un grupo recién nacido para la política.
Se han entregado con auténtica saña a una descalificación personal contra quién la lidera, que sobrepasa todos los límites de la ética establecidos en el juego democrático y dice mucho de la catadura moral de los que han hecho del insulto y la mentira, la única arma con que combatir el  legítimo derecho de Podemos, a optar a puestos de responsabilidad en las tareas de gobierno.
De nada ha servido tergiversar cada frase que Pablo Iglesias ha pronunciado, ni acusarle por activa y pasiva de ser chavista o pro  etarra.
Afortunadamente, hace tiempo que el pueblo español ha aprendido a interpretar los mensajes, e incluso se ha visto obligado a leer entre líneas, cada vez que se dirige a los ciudadanos, un político.
Nada importa pues, la interpretación que de las intervenciones del líder de Podemos hayan podido hacer los periodistas adeptos a según qué tendencias, ni la reiteración en manidos argumentos que hayan podido tener los barones del PP, cada vez que les ponen una cámara delante.
Tampoco tiene ninguna relevancia la estética de Iglesias, ni dónde se compra la ropa, ni si lleva o no el pelo largo o no se pone chaqueta para acudir al Parlamento europeo.
Tales nimiedades quedan absolutamente sepultadas bajo la enorme razón que asiste a sus argumentos, que no son otros que un relato fehaciente y detallado de las miserias que le han sido impuestas por la fuerza a los ciudadanos españoles  y que se han tenido que sufrir con una desprotección total, abandonados como estamos por la propia justicia, que en general, suele someterse a la voluntad de quienes ostentan el poder, o al menos, esa es la percepción que tenemos.
El flechazo entre pueblo y Podemos, no es fruto de un embaucamiento general, ni la sociedad ha sido, pues, abducida por un encantador de masas que utiliza el populismo para obtener los frutos del poder que tanto apetecen a todos.
El millón y medio de votantes que hemos introducido en las urnas un voto para Iglesias y los suyos, lo hemos hecho de manera plenamente consciente y porque nos sentíamos plenamente identificados con cada una de las situaciones descritas en su discurso y sabíamos, además,  la urgente necesidad de hacer algo para cambiar nuestro presente y el futuro de nuestros hijos.
Claro que esta explosión de solidaridad ciudadana, este apoyo de los unos a los otros y el ascenso inesperado de Podemos en unas elecciones que siempre habían parecido no tener ninguna importancia para nosotros, ha puesto en evidencia la ineficacia para convencer que tienen en este momento los integrantes del bipartidismo y ha dejado muy claro que en el juego democrático, si nosotros queremos, nada resulta imposible.
Evidentemente, era otra cosa bien distinta lo que el PP, en este caso, pretendía de nosotros y este triunfo popular, sincero y abierto, ha dado al traste con su intención de someternos y de hacer de nosotros sumisos ciudadanos grises incapaces de expresarse con libertad, atenazados por el miedo.
Ya ven que han fracasado estrepitosamente y mucho más que fracasarán, si continúan por el camino del ataque y la difamación que han emprendido, conscientes como son, de que ya no gozan de la confianza que suponía permanecer eternamente en lo más alto del Podio, como ganadores electos.
La brisa fresca que se ha colado por la ventana ha empezado a matar el olor de podredumbre que reinaba en el panorama político español. Y el mañana depende de nosotros, como muy bien sabemos.     


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