El máximo representante del empresariado español ataca de
frente a uno de los colectivos más castigados por los efectos de la crisis, las
amas de casa, y las acusa directamente de apuntarse a las listas del desempleo,
con la intención de llegar a cobrar algún subsidio y sin ningún ánimo de
encontrar un sitio en el paupérrimo panorama laboral que nos ha legado la
Reforma Laboral que Rajoy aprobó, con su plena aquiescencia.
Demostrando un desconocimiento garrafal de cómo funciona la
concesión de subvenciones, a pesar de que por el cargo que ocupa debiera
obligatoriamente estar al tanto de todas estas materias, Rosell incurre en el
gravísimo error de ignorar que sin que se haya cotizado con anterioridad,
resulta imposible obtener del Estado ningún tipo de ayuda económica, como suele
ocurrir en el caso de una mayoría de mujeres, que decidieron quedarse en casa
para cuidar a la familia.
Este colectivo, frecuentemente vapuleado e ignorado por todos
los gobiernos que han ido pasando por el poder desde la llegada de la
Democracia, ha sido sin embargo el sostén silencioso de las carencias que han
azotado a las familias desde que se empezaron a producir masivamente los despidos
y estas mujeres han demostrado, pese a quién pese, ser las mejores economistas
de este país, a juzgar por los juegos malabares que se ven obligadas a realizar
para poder llegar a fin de mes, con los recursos irrisorios que llegan a sus
manos y que en muchos casos no superan los cuatrocientos y pico euros.
Quizá esa pueda ser la razón de que muchas de ellas, acuciadas
por la necesidad que viven en su vida cotidiana, hayan decidido incorporarse al
panorama laboral inscribiéndose en las
listas del INEM, con la esperanza de encontrar algún puesto que palie al menos
en parte, la gravísima situación en que se encuentran, al no percibir en
muchísimos casos, ningún tipo de ingresos, por encontrarse sus maridos e hijos,
en paro.
Que este intento moleste al Presidente de la Patronal, puede
dar una idea de la catadura moral que posee quién ocupa tan importante cargo y
deja al descubierto las auténticas intenciones que mueven a un empresariado
español, que lo único que no perdona en ningún caso, es ver mermados sus pingües
beneficios.
Qué pueden esperar los trabajadores de quién se atreve a
hacer estas declaraciones, no puede ser más evidente y no puede ser otra cosa
que mala voluntad por parte de quién probablemente nunca ha conocido, en carne
propia, ningún tipo de carencia.
Su ataque a las amas de casa y la flaqueza de un argumento
que no contempla la auténtica realidad legal en la concesión de los subsidios,
no solo deja claro el afán de ocultar lo que verdaderamente sucede en el
panorama laboral español, por parte de Rosell, sino que incide sin fundamento,
nuevamente, sobre uno de los colectivos más desamparados que existen en este
país.
Ya sabemos que pedir su dimisión no daría ningún fruto, pero aún así, expresar
que Rosell no merece de ninguna manera ocupar el cargo que ostenta, es, tras su
intervención sobre este tema, más que una obligación, una exigencia que no debe
eludirse ni callarse, teniendo en cuenta que este cargo es de enorme
importancia para el buen desarrollo de las relaciones entre trabajadores y
empresarios.
Qué fácil es, sentado en la poltrona que nos permite vivir
como un Rey, cuestionar las intenciones de los que nada tienen y no ver en
ellas más que mala intención y deseo de engañar al Estado, para beneficio
propio.
Cree el ladrón, que todos son de su condición.

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