Una Ley de seguridad ciudadana que vuelve a los primeros años
setenta, cuando los últimos coletazos de la dictadura reprimían con dureza la
valentía de los estudiantes y obreros españoles que se atrevían a manifestarse en defensa de la libertad, cae como una losa,
potenciada por el ejecutivo del PP, sobre quienes conscientes de la mala
política que está practicando este Partido desde su llegada al poder,
encuentran en la calle el único foro desde el que ser oídos.
Los movimientos ciudadanos que han aflorado en los últimos
tiempos, como una forma de atacar la prepotencia de la mayoría absoluta que
está tensando la cuerda de las vidas de todos, en un abuso de poder sin
precedentes, verán mermados considerablemente a partir de ahora sus derechos de expresión y reunión, teniendo
que cuidar extremadamente sus movimientos, si no quieren enfrentarse a penas de
multa y hasta de cárcel, solamente por participar en manifestaciones o gritar
en contra de algún político en particular, en lo que se ha dado en llamar
escraches.
Volviendo a introducir la figura del “retenido”, que ya en
tiempos de Franco permitía una especie de limbo jurídico en el que las personas
podían permanecer siendo interrogadas, hasta que un juez decidiera si había
cometido o no un delito, el mundo de libertad que desde la llegada de la
Democracia hemos disfrutado los ciudadanos, se acaba y el criterio de la
policía sobre nuestro comportamiento en las manifestaciones marcará, a partir
de este momento, si nos llevan o no al furgón, aunque sólo sea como una medida
preventiva, que nos sacaría en ese instante de la calle.
Gracias a Mariano Rajoy, ser rebelde en España tendrá un
precio que no todos podremos pagar y se convertirá en un acto de valentía que
únicamente aquellos que estemos dispuestos a todo por defendernos de los
ataques indiscriminados de la política estaremos dispuestos a afrontar, aún a
riesgo de que empiecen de nuevo a proliferar, aquellos héroes anónimos que
acabaron por convertirse en referentes de la lucha social, en los años de la
dictadura.
Tienen los jóvenes a su favor, no haber vivido gracias al
esfuerzo impagable de sus mayores, situaciones como las que vivíamos los que ya
entonces decidimos que no toleraríamos lo injusto y por tanto, será difícil que
puedan olvidar lo apetecible que resulta
la práctica de la libertad de expresión, por lo que con toda probabilidad,
decidirán que merece la pena correr el riesgo de intentarlo y lo harán,
exactamente igual que lo hicimos los que les precedimos en esta batalla, al
parecer interminable.
No crea Rajoy que será fácil ahora silenciar a un pueblo, ni
que la sociedad estará dispuesta a acatar sumisamente cualquier Decreto que él
decida aplicar, aunque haya obtenido esa mayoría absoluta bajo la que se ampara
para cometer toda una suerte de atropellos.
La educación de los años de Democracia ha sido aprovechada al
máximo por los que antes nada teníamos y este pueblo ya no es aquella masa
formada por analfabetos que acostumbraban a manejar los abuelos de los que
ahora nos gobiernan.
Hemos evolucionado y aprendido. Conocemos a la perfección
cuáles son nuestros derechos innegociables y no estamos, de ninguna manera,
dispuestos a perder ni una sola parcela de libertad, aunque ya no contemos en
este asunto, con el apoyo de nuestros políticos.
La rebeldía, es ahora más que nunca, a causa de la situación
que padecemos, no solo un arma necesaria para ser escuchados, sino además, una
obligación para quienes estamos seguros de que este modelo político no es el
que nos conviene.
Así que por muchas leyes que promulguen, por muchas
intenciones que se tengan de convertir a los españoles en mansos corderos,
puede más la necesidad perentoria de terminar con esta pesadilla que han traído
a nuestras vidas, que el miedo a ser reprimidos como antes, por los que
injustamente, ocupan el poder.
Teniendo en cuenta que sólo falta año y medio para unas
nuevas Elecciones Generales, cualquier error en la aplicación de esta ley de
seguridad ciudadana, podría costar a Rajoy y los suyos, para siempre, su
puesto.
Que nadie olvide, por favor, que la fuerza de nuestros votos
puede, si quiere, cambiarlo todo en un momento.

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