Mientras celebrábamos la llegada del Nuevo Año, los españoles nos hemos encontrado con una subida de los combustibles que no ha podido esperar siquiera a que nos recuperáramos de los gastos de las fiestas y que hace preludiar que en 2013, el gobierno de los populares seguirá aplicando de manera inclemente, el mismo tipo de política que ha llevado al país al borde de la bancarrota, convirtiendo la vida cotidiana, en una aventura de incalculables consecuencias.
Seiscientos mil parados más, constituyen el principal balance de los doce meses de mandato de Mariano Rajoy y su obcecación en mantenerse en la línea exigida desde Europa, sin ninguna perspectiva que augure la pronta creación de empleo, hace que los vientos que soplan no sean precisamente favorables para abandonar esta situación de desconsuelo, que tanto sufrimiento está provocando, aunque nuestros políticos no parezcan especialmente afectados por el daño causado a su pueblo.
Ya nos hubiera gustado empezar el año con alguna noticia esperanzadora que nos devolviera la ilusión por la vida y poder anunciar que se cierra uno de los capítulos más negros de nuestra historia reciente, pero la realidad es la que es y si un milagro no lo remedia, no se esperan más que una nueva tanda de recortes aún sin definir, pero que ayuden a superar el déficit que arrastramos y que parece ser lo único verdaderamente importante para quién nos gobierna.
Muchos colectivos han pasado la Nochevieja encerrados en sus lugares de trabajo, en demanda de unas reivindicaciones totalmente justas que afectan a la totalidad de la población, pero que no parecen llegar a los oídos de los responsables políticos que tienen en su mano la búsqueda de nuevas soluciones y que han optado por adorar al Dios de la usura, que campa por la geografía europea, haciéndose el dueño de todo lo que puede, sin ninguna misericordia.
Otros, se han concedido una tregua necesaria para meditar nuevas acciones durante estos días tradicionalmente familiares y volverán a la carga en cuanto recuperemos la normalidad, pero en general, podría decirse que la indignación se encuentra momentáneamente en un compás de espera, que de seguro terminará en cuanto empiecen a sufrirse las consecuencias de las medidas que se nos intenten imponer, cuando los políticos vuelvan al trabajo.
Hoy, día de resaca de una noche mucho menos festiva que otros años, sólo las relaciones familiares consiguen paliar la amargura que siente este pobre país por la situación en que se encuentra.
Y es momento de hacer acopio de fuerzas para seguir luchando. ¿Qué otra cosa `podemos hacer llegados a este punto del camino?

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