domingo, 27 de enero de 2013

El secreto de los nombres



Los últimos escándalos de Corrupción y los pequeños pasos que unos y otros están dando, con suma cautela, alrededor de ellos, garantizan un continuo flujo de noticias a todo aquel que esté interesado por los asuntos políticos, aunque más bien cabría decir en el panorama actual, por los casos de delincuencia.
El Presidente Rajoy, el más cauteloso de todos, ha optado por marcharse a Chile sin haber ofrecido ninguna explicación de los gravísimos asuntos en que se halla inmerso y por segunda vez, fracasa en su intento de hacer entender a Merkel la necesidad de un programa de expansión que remedie la profunda herida que está gangrenando nuestro país y un poco sin saber qué hacer con los seis millones de parados, si no recibe pronto el permiso teutón para dejar de recortar y dedicar esfuerzos a la creación de empleo, prioritariamente.
Mientras, los ciudadanos no saben qué periódico comprar ni en qué cadena televisiva quedarse, para intentar leer entre líneas algún dato que pueda aclararles quiénes son los corruptos que durante más de veinte años aceptaron los sobres procedentes de la extorsión o si a Bárcenas se le descubren más cuentas en otros paraísos fiscales, además de la de Suiza, como parece que puede pasar, según las palabras veladas de algún que otro periodista.
Se descubre también que el Secretario de las infantas aparece en ciertas conversaciones del caso Noos, demostrando que Urdangarín no se encontraba tan solo como se pretende hacernos creer y que contaba con apoyos de un círculo muy cercano a la familia de su inocente esposa, lo que obliga por fin, a retirar su perfil de la página Web que tiene la corona, aunque la medida no deja de parecer un intento a la desesperada, por hacer desaparecer cualquier vínculo  con el díscolo yerno.
Pedro J. Ramírez se atreve a insinuar que el caso de los sobresueldos puede acarrear en breve, una grave crisis de gobierno dejando entrever que puede haber miembros del ejecutivo entre los presuntos implicados, aunque sin querer adelantarse a las noticias que con toda probabilidad se publicarán en su periódico en fechas próximas y que podrían poner la guinda al pastel del escándalo, si acusan directamente a algún Ministro de Rajoy, de haberse beneficiado del dinero negro  del que tanto se habla.
Lo cierto es que la cohorte de periodistas cercanos a la ideología conservadora, andan sobre excitados de debate en debate, intentando encontrar un asunto que pueda equipararse en gravedad a este del tesorero Bárcenas y las pagas extraordinarias repartidas durante veinte años, y han creído hallar en los ERE de Andalucía un filón del que tirar para intentar salvar del naufragio a sus adorados correligionarios, pero  la pérdida de credibilidad sufrida a causa de los acontecimientos, hace que los lectores y espectadores hayan perdido gran parte de su natural inocencia y ya no crean una sola palabra que venga de parte de las derechas, ni aunque las juren sobre La Biblia.
Tampoco se entiende la dilación en publicar la lista de presuntos corruptos por parte de El Mundo, si es que la tiene.
Las cosas han llegado a un punto, en que la urgencia por saber de quiénes debemos abominar para siempre se ha convertido en una necesidad perentoria para un pueblo cansado de cargar injustamente con la culpa de la crisis y que reclama su derecho a conocer la verdad de cuanto ocurre entre  los bastidores de la clase política, aunque hubiera que construir nuevas cárceles para albergar a tanto delincuente como se mueve por esos ambientes, amparados en la impunidad que, hasta ahora, ha supuesto la importancia de un cargo.
Si Pedro J, y sus periodistas poseen la información que finalmente destape los rostros de los culpables, que la publiquen sin dar tiempo a urdir magníficas coartadas que garanticen la impunidad a quienes se han atrevido a lucrarse de una práctica delictiva flagrante y si no, que se ahorren las elucubraciones que han puesto en la cabeza de todos nosotros, haciéndonos creer que llegarían hasta el fondo del asunto, sin ahorrar esfuerzos por ofrecer la lista de todos los nombres, aunque algunos de ellos pudieran representar la mayor hecatombe política de nuestra historia reciente.   


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