miércoles, 23 de enero de 2013

El ataque como defensa




La intervención del Ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, en el Congreso, era esperada hoy de manera excepcional por el resto de grupos parlamentarios, que ante la negativa de Rajoy a hacer acto de presencia para ser interrogado sobre el caso de Bárcenas y el asunto de los sobresueldos,  se hallaban ansiosos de obtener respuestas satisfactorias, mientras el entramado de corrupción continúa proporcionando a los medios de comunicación, nuevos e interesantes datos del mayor escándalo político que se ha dado en el País, desde la llegada de la Democracia.
Montoro, que se ha presentado ante los demás con un alto grado de acritud, no solo se ha negado a responder a las preguntas de los parlamentarios y especialmente, a las formuladas por el representante del PSOE, sino que se ha atrevido a calificar  las intervenciones como ruines e impertinentes, pasando inmediatamente al ataque personal , como suele ser norma en la estrategia del PP, cada vez que se enfrenta a un tema de difícil resolución, fundamentalmente si de alguna manera, perjudica de algún modo sus intereses.
Ha llegado incluso, a reclamar la presencia de Rubalcaba, desdeñando la categoría de quién en ese momento representaba a los socialistas, ante el asombro generalizado de los parlamentarios de otros partidos, que no daban crédito a lo que estaban oyendo y que igualmente exigían una mayor claridad en las respuestas de quien en ese momento ocupaba un lugar, que por la gravedad de los sucesos, debiera haber sido el de un Mariano Rajoy, como siempre inaccesible.
No ha conseguido aclararse ni si Bárcenas  se ha acogido a la Ley de amnistía fiscal aprobada por el Gobierno, ni si hay indicios de realidad en el asunto de los sobresueldos procedentes de la extorsión, por lo que la presencia del Ministro de Hacienda ha resultado ser absolutamente ineficaz, frustrando las intenciones del resto de una Cámara, tremendamente preocupada por una estabilidad política, seriamente tocada por las informaciones aparecidas en la prensa e indignada al no recibir explicación alguna del Partido en el poder, en este caso, único complicado en ambos temas, de manera directa.
Amparándose en el secreto judicial, Montoro ni siquiera ha mencionado a Bárcenas más que en una ocasión, a pesar de que hoy circulaba la noticia de que podrían existir otras cuentas de dinero negro en las Bahamas, que vendrían a sumarse a las ya descubiertas en Suiza y que han traído consigo el abandono del PP, de cualquier vinculación pasada o presente con este sujeto.
El representante socialista, que ha preguntado a Montoro directamente si en alguna ocasión había recibido algún tipo de “sobresueldo”, en su larga trayectoria en el PP, no ha conseguido otra cosa que ser duramente reprendido por el Ministro, que ha debido pensar que ante la que estaba cayendo, la mejor defensa posible era un buen ataque, probablemente sin caer en la cuenta de que son todos los españoles los que exigen con carácter de urgencia, las pertinentes explicaciones que hoy pedían los parlamentarios y que son un derecho de una ciudadanía, hastiada de los innumerables casos de corrupción descubiertos y empecinada en saber si es verdad que los que actualmente regentan el país, también están implicados en ellos.
En realidad, lo que quiere el pueblo español es oír de boca del Presidente de la Nación, al menos por una vez, un relato minucioso de lo ocurrido en su Partido y si conocía o no la existencia de los hechos, tanto en el caso de su tesorero Bárcenas, como en el de los sobres en negro que presuntamente han circulado por su Sede, ante sus mismas narices, durante casi veinte años.
Lo que quiere el pueblo español es que la justicia no pierda un solo momento en averiguar hasta donde llega este siniestro entramado y saque a la mayor brevedad posible a relucir, los nombres de los  corruptos, sin  concesiones a la importancia de los cargos que hubieren ocupado y aplicándose a fondo a la hora de dictar sentencias ejemplares, en el supuesto de demostrarse los delitos.
Si piensa Rajoy que ganará tiempo negándose a comparecer, muy al contrario, está con esta demora, firmando su sentencia de muerte política, afectado como está, por la gravedad de un asunto, del que probablemente no podrá volver a levantarse.
Que no se le vea, no quiere decir en modo alguno, que no tenga una parte primordial de responsabilidad ante su pueblo.
En sus manos está hacer frente con valentía al peor de sus momentos, u optar, como suele ser habitual en él, por  un silencio sepulcral que  podría ser considerado un síntoma de culpabilidad, a ojos de los ciudadanos.
      

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