domingo, 13 de enero de 2013

Justicia a la española



Ya quisieran los españoles, que en algún momento de sus vidas cometieron un delito contra la seguridad vial, con resultado de muerte, que los trámites que consiguieran su libertad, se solucionaran en dos días.
En el caso de Ángel Carromero, el dirigente de las Nuevas generaciones del PP, que fue condenado en Cuba a cuatro años de prisión, por conducir temerariamente el coche en el que viajaban dos disidentes cubanos muertos en accidente, han bastado unas cuantas horas y el empeño de todos los líderes conservadores del Partido en el poder, para conseguir eludir su estancia en prisión y poder reubicarlo en el puesto que ocupaba en Madrid, como si todo lo ocurrido allende los mares, se hubiera tratado de un mal sueño.
Desde el principio, se ha intentado vender esta historia como una aventura de carácter político que ponía en evidencia las malas relaciones existentes entre el Partido de Rajoy y el régimen cubano, tratando de hacer aparecer a Carromero como un mártir, con el que la justicia de Cuba se ha ensañado a placer, procurando que su estancia allí resultara ser lo más incómoda posible y como si lo sucedido se hubiera tratado de una invención de las autoridades de la isla para perjudicar a un “pobre muchacho” que gustaba con demasiada frecuencia de defender los derechos humanos, frente al régimen dictatorial de los Castro y sobre el que ahora ha caído todo el peso de su ley, de manera absolutamente injusta.
Pero la verdad es que la muerte de los disidentes cubanos es real, como también lo es que el conductor del coche siniestrado era precisamente Carromero, que además ya había tenido otros problemas con la seguridad vial en la propia España y que la condena que se le ha impuesto es la que marca estrictamente la ley cubana para este tipo de delitos y que sería la misma que tendría que cumplir cualquier ciudadano de allá que se encontrara en similares circunstancias.
Aún recordamos la airada opinión que numerosos miembros del PP tuvieron a bien manifestar en el caso de Farruquito y su empecinamiento en conseguir un endurecimiento de las penas en esta y otras cuantas historias de repercusión mediática, e incluso la celeridad con que se les veía acercarse al lado de las familias de las víctimas, para mostrarles su apoyo incondicional cuando reclamaban justicia.
Estas víctimas cubanas  , no parecen alcanzar la categoría suficiente para ser situadas al mismo nivel que las españolas, ni este accidente merece ser tratado con la misma dureza que los de aquí, a juzgar por el empeño que han demostrado los populares en minimizar la responsabilidad del condenado, probablemente porque se trata de uno de los suyos y no conviene al partido estar relacionado con episodios de esta clase, ni aquí, ni en cualquier otra parte del planeta.
Y sin embargo, la libertad de Carromero constituye un tremendo agravio comparativo `para los condenados por delitos similares, que han de esperar meses para obtener un régimen abierto y cuyos abogados ya se han manifestado en contra de la agilización de este proceso, convertido en un claro caso de favoritismo descarado, movido implícitamente desde las altas instancias políticas.
También los familiares de las víctimas de otros accidentes se han declarado absolutamente en contra de la libertad de este individuo, por considerar que las penas han de ser cumplidas en su totalidad, independientemente de que las sentencias hayan sido dictadas aquí o en cualquier otra parte y de que los condenados tengan o no relevancia en cualquier medio, o gocen o no de importancia sus apellidos.
Solo le faltaba a la imagen de la justicia un traspié como este, para terminar de dejar a los ciudadanos convencidos de su total parcialidad y de que cuando se trata de lidiar con delitos en los que se ve implicado algún cargo político, su inutilidad es manifiesta.
También la inmediata reinserción laboral de Carromero daría para escribir largo y tendido, teniendo en cuenta la inmensa dificultad con que se encuentra cualquier excarcelado para poder acceder a un puesto de trabajo, fuera cual fuere su delito, y aún en el caso de haber pagado por él a la sociedad, con el cumplimiento total de su pena.
Esta justicia a la española, que fabrica a merced culpabilidades e inocencias y aplica sentencias aleatoriamente según el viento político que sople, resulta ser una de las mayores vergüenzas que arrastra nuestro país y deja nuestra credibilidad reducida a cenizas, colocándonos al nivel de cualquier república bananera.
Tanto criticar a Cuba y al final la injusticia ha sido peor, en cuanto este individuo ha llegado a España.

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