martes, 29 de enero de 2013

¿Abdicación o abolición?



 La abdicación de la Reina de Holanda desata una nueva polémica en torno a nuestra monarquía, que difícilmente va a poder escapar ilesa del caso de corrupción protagonizado por Urdangarín y que cada vez se acerca más al entorno más íntimo de Juan Carlos, cuya imagen quedó seriamente tocada después del accidente de caza que sufrió el pasado año y por el que ya se vio obligado a pedir perdón a todos los españoles.
Muchos son los que piensan que también él debiera abdicar, en la persona de su hijo, que acaba de cumplir cuarenta y cinco años, pero a medida que la crisis va haciendo mella en la situación de las familias, va aumentando el número de ciudadanos que preferirían la instauración de una República, por considerar que los gastos que produce todo lo relacionado con la familia real, no compensa el papel que juega esta institución, a todas luces obsoleta.
Algunas voces de relevancia política ya se han pronunciado en este sentido y más aún ahora que se ha podido comprobar que no todos los miembros cercanos a la corona son en realidad tan angelicales e idílicos como se pretendía hacer creer a los ciudadanos y que su sentido de la responsabilidad en estos momentos de especial crudeza , dista mucho de satisfacer las expectativas que albergaban los ciudadanos, que ven las últimas actuaciones borbónicas como un claro signo de insolidaridad, que no admite disculpas, en un periodo de tantas carencias.  
El caso Noos, que podría ser la punta de un iceberg  todavía escondido bajo las aguas, se va enredando paulatinamente poniendo en evidencia que los negocios del yerno del Rey parecían ser conocidos y apoyados por el ámbito palaciego, restando fuerza al argumento de que la propia infanta ignoraba las actividades de su cónyuge , aunque su secretario personal estaba al tanto de casi todo, como pretende demostrar la imputación que hoy hemos conocido y que ya se verá en qué termina y las consecuencias que produce.
La monarquía,  impuesta a los españoles a cambio de un periodo pacífico de transición y que nunca ha sido votada, más que como parte de una Constitución que ya se nos dio escrita y que nos urgía aprobar para dejar atrás la pesadilla de la dictadura franquista, se ha ido marchitando con el paso del tiempo y perdiendo una gran parte de la popularidad que ganó con su actuación en el golpe de estado del 23F, que  para los más jóvenes, que ahora conforman el grueso de los desempleados en este país, queda demasiado lejana en el tiempo y n o supone mérito alguno, si es sopesada con el escándalo en que  se ve envuelta una corona, que representa un sistema de gobierno demasiado arcaico para los gustos de estas generaciones, en pleno siglo XXI.
Quizá habría llegado el momento de hacer una consulta popular que clarifique las preferencias y que permita a la ciudadanía elegir con libertad qué sistema de gobierno le parece que podría defender mejor sus intereses, generando los menos gastos posibles a las arcas del Estado, ya que la cuestión económica se ha convertido en algo de vital importancia para la mera supervivencia.
Esta cuestión, que parece impensable bajo el mandato de un partido conservador, nutrido mayoritariamente por herederos de monárquicos de rancio abolengo, se ha convertido sin embargo, en conversación habitual en la calle y empieza a plantearse como una de las preocupaciones de una ciudadanía, cansada del comportamiento de la realeza y de los privilegios inherentes a su cargo, que no parecen haberse resentido con los efectos de la crisis.
La polémica pues, está servida y la placidez de que disfrutaba la corte, probablemente, está tocando fondo, incluso sin conocer la sentencia de un caso Noos, que con toda seguridad, va a traerle una etapa convulsa de la que no va a ser fácil salir. También los Reyes deben saber que ya nada es eterno.



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