lunes, 21 de enero de 2013

La paciencia del pueblo español




            Agotados por las nefastas vicisitudes del último año, los españoles contemplábamos con amargura el entorno de pobreza que han ido dejando a nuestro alrededor la mayor crisis de todos los tiempos y las diabólicas medidas ideadas por nuestros ineptos políticos para sortearla.
Con indignación, pero con infinita paciencia, hemos soportado primero, el giro a la derecha de un Partido Socialista en el que confiábamos y que decidió abrir peligrosísimas puertas por las que empezar a dejar escapar los derechos de los trabajadores y el fraude electoral protagonizado por un PP, que en cuanto se instaló en el poder, comenzó una carrera contra reloj de recortes inasumibles, que nos han ido llevando a la ruina, mientras Bancos y grandes Empresas recibían con los brazos abiertos ayudas económicas astronómicas, con las que solventar la gravísima situación en la que nos encontramos y de la que no saldremos jamás, si no se da trabajo digno a los seis millones de desempleados que recorren a diario nuestras calles.
Es verdad que hemos luchado denodadamente contra lo que ha sucedido y que nunca hemos tirado la toalla intentando que la voz popular fuera escuchada por quienes gobiernan nuestro destino, pero es que pensábamos que la media de nuestros políticos se habían dedicado a esta actividad por una cuestión meramente vocacional y no con ocultas intenciones de enriquecimiento, como ahora han demostrado los incontables casos de corrupción que han ayudado considerablemente a mermar los recursos de nuestro país, sin que ni la Ley, ni las medidas policiales, hayan ayudado a erradicarlos.
El escándalo de los sobresueldos en negro de la cúpula del Partido Popular, con una duración en el tiempo, de veinte años mal contados, no puede por menos que causar en nosotros, la gente buena, honrada y cumplidora que forma la ciudadanía, un ramalazo de ira que podría ser la chispa que faltaba para prender el fuego de una violencia, que durante mucho tiempo ha sido hábilmente contenida por el pacifismo natural del pueblo, hasta agotar todas las posibilidades de protesta dentro del orden establecido, aunque latente en el interior de los que han tenido que soportar un derrumbamiento total de su modo de vida y que la han refrenado, en un ejercicio de inusitado autocontrol, verdaderamente admirable.
Pero cuando los desheredados contemplan que todos sus inasumibles sacrificios se han ido sufriendo, mientras los encargados de velar por el bienestar de una Nación y en este caso, de su gobierno, se lucraban personalmente  hasta enriquecerse de manera escandalosa, por medio de prácticas de extorsión y sabe Dios, si también de los impuestos religiosamente pagados por los contribuyentes, una desazón creciente se ha apoderado de pronto de todos nosotros y nos exige con urgencia, una respuesta contundente,  a tan alto grado de inmoralidad e indecencia.
 Los españoles no queremos ser gobernados por una lista de corruptos por acción u omisión y que han sido además los artífices de todas las medidas que han ido seccionando nuestro bienestar y que han sido aplicadas una a una, en contra de nuestra propia voluntad y sin otorgarnos derecho a protesta. Sobre todo cuando entretanto, unos señores a los que no ha tocado el fantasma del paro y que ya contaban con suculentos sueldos como correspondía a la responsabilidad de su cargo, ingresaban en su cuenta particular, sin declararlo a la Hacienda pública, sobres de dinero exigido a una patronal, que desde el primer momento debió negarse en bloque a tales prácticas, pero que se acostumbró a ser extorsionada, cargando las pérdidas sufridas por ellas, en las doloridas espaldas de sus trabajadores.
 La política española, pide a gritos una purga que ponga a cada uno de los actuales políticos dónde le corresponda y que haga cargar con las consecuencias de sus actos a todos sin excepción, aunque esas consecuencias les lleven a tener que pasar por las cárceles del país el tiempo que, en justicia, corresponda a su delito y aunque los escaños del Parlamento quedasen vacíos, si se probara que todos sus miembros han incurrido en falta.
Ha de quedar claro, que las explicaciones ofrecidas por Rajoy, diciendo que no le temblará la mano si llega a conocer un caso flagrante de corrupción, no nos han convencido. Sencillamente, no creemos una palabra del desconocimiento que alega sobre el asunto de los sobres, siendo como es, parte importante de su Partido desde hace tantos años y habiendo estado trabajando a diario, precisamente en el lugar en el que durante veinte años, se ha estado cometiendo el delito.
 Y si lo supo y miró hacia otro lado ¿qué se puede esperar de su gestión como Presidente y cuántas veces más habrá vuelto los ojos, quizá en cuestiones de vital importancia?
La paciencia del pueblo español está agotada y ni la mayoría absoluta que posee, ni la reiterada costumbre de intentar engañar al pueblo adjudicando la culpa de sus errores a otros, ni la patética ayuda de los medios empeñados en una defensa de su gestión que suena a servilismo barato, pueden ya hacer cambiar la opinión que la ciudadanía ha ido adquiriendo  sobre el Partido Popular, con Rajoy a la cabeza.
Y aunque se sabe que no dimitirán de motu propio, las circunstancias exigen que se habilite a la mayor urgencia, un mecanismo legal que permita a este pueblo ahora impaciente, exigir aunque sea por medio de firmas, el cese inmediato de este gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones, en las que ya se verá a quién se vota, pero en las que desde luego, habría que demostrar HONRADEZ, para hacerse con un poder que solo pueden otorgar los votos.
           


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