El socio imputado de Urdangarín, se ha marcado un órdago presentando ante el Juez la trascripción de unas conversaciones, en las que no sólo se trata de hacer desaparecer su nombre de los asuntos del caso NOOS, sino que además se menciona el de la amiga de safaris del Rey, poniendo un poco más de pimienta en este enrevesado asunto, no se sabe si con intenciones tácitas de chantaje, o porque este socio estaba empezando a entrever que al final cargaría solo con la culpa y se ha rebelado contra la idea, con cuántas armas tenía a su alcance.
Esta noticia, coincide en el tiempo con la probada financiación ilegal de Convergencia y Unió, que pone en candelero unas declaraciones de Durán y Lleida, en las que se prestaba a dimitir, si el asunto llegaba a un fin claramente inculpatorio.
La primera información parece dejar claro que el yerno del Rey no sólo hizo caso omiso de las recomendaciones de abandono de sus actividades que le sugirió el monarca, sino que además se permitió traer a sus filas a esta misteriosa princesa Calina, que tanto ha dado que hablar en los últimos tiempos, sin que se haya llegado a confirmar oficialmente su grado de intimidad con el Rey, aunque la mente es libre y cada uno imagina lo que quiere.
Lo raro es que con tan estrecha amistad, a la princesa no se le haya escapado en algún momento ni una palabra de sus contactos con estas fundaciones de NOOS, dejando al soberano en la más supina ignorancia en un asunto que concierne tan directamente a su propia hija y más aún, si la tal Calina conocía, como sería natural, la aversión de su real amigo a tal tipo de negocios.
El juez encargado del caso tiene ante sí una difícil papeleta para establecer culpabilidades y sobre todo para determinar qué grado de conocimiento del tema tenían determinados personajes de relevancia, a los que hasta ahora se había tratado desesperadamente de exculpar y que vuelven a aparecer en escena, esta vez con mucha más virulencia, en lo que aparentemente parece una urdimbre con multitud de tentáculos familiares, que habrá que desenmarañar, si se quiere verdaderamente llegar al fondo del asunto.
En cuanto a la otra cuestión, la financiación de los partidos políticos siempre ha estado caminando por una cuerda floja, coqueteando con la ilegalidad, pero nunca se había conseguido probar tan oportunamente como ahora, hasta dónde son capaces de llegar los líderes para conseguir una parcela de poder, aun que ya se había intentado en numerosas ocasiones, sin alcanzar demasiado éxito.
Y digo oportunamente, porque la acusación llega en un momento en que la cuestión de la independencia catalana estaba empezando a convertirse en un permanente dolor de cabeza para Rajoy, sin que aún hubiera encontrado una manera de hacer frente a las exigencias de Mas y los suyos, sin jugarse el esporádico apoyo que los convergentes suelen ofrecerle en determinadas cuestiones, como por ejemplo en la aprobación de su espantosa Reforma Laboral, que de otro modo, hubiera tenido que sacar adelante en solitario.
Así, hasta podemos entender el silencio de Mas en el encuentro de anteayer, cuando seguramente ya conocería la inmediata salida a la luz de este escándalo y su actitud sumisa ante la presencia del Príncipe, al que como ya relatábamos, no se atrevió a hacer ningún tipo de comentario sobre sus planes independentistas.
Sin embargo, no parece que vayan a producirse dimisiones, como por otra parte era de esperar, en este país nuestro, que en esto es calcado al catalán, ya que tampoco allí resulta fácil para ningún político apearse del poder, como queda demostrado con lo que estamos comentando.
¿Será la justicia capaz de aclarar ambos dilemas?
Esa es una pregunta peliaguda que tardará en obtener respuesta, pero la esperanza del pueblo en conocer los entresijos de este tipo de cosas, es, desgraciadamente, mínima.
Todo lo que tiene que ver con política y políticos, trae consigo un espeso velo de opacidad, que por una razón u otra, siempre acaba tapándolo todo, sin permitir que ni un solo rayo de luz se filtre para que la opinión pública pueda saber la verdad y los culpables paguen sus delitos.
Estamos tan acostumbrados a esto, que hasta nos empieza a parecer natural, cuando lo deseable sería, precisamente, todo lo contrario.

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