jueves, 24 de enero de 2013

El desmarque inglés



La decisión del Primer Ministro inglés, de convocar un Referendum para preguntar a su pueblo si desea continuar en la Unión Europea, ha levantado ampollas entre el resto de los socios, por miedo a que los británicos  se decidan por votar NO, haciendo caer de un plumazo la idílica imagen de consenso que Merkel desea dar ante el resto del mundo.
La histórica hegemonía que Inglaterra ha protagonizado históricamente en el Continente, se ha visto en los últimos tiempos seriamente afectada por el ascenso alemán y aunque siempre ha estado fuera de la moneda única, las exigencias de Berlín han terminado por contaminar también su economía, relegándoles a un incómodo lugar, donde la capacidad de adoptar decisiones ha quedado considerablemente mermada, con relación a pasadas épocas.
Los ingleses deben pensar que no ganaron dos guerras para tener que claudicar finalmente ante una supremacía alemana, ganada esta vez con las cifras y no con las armas y en general, deben negarse a que tal cosa ocurra, aunque para ello se vean obligados a salir de una Unión, que no hace más que apartarse de la idea para la que fue creada y que seguramente ve en Inglaterra el primer enemigo a batir, ahora que nos han puesto a todos bajo el mandato de la canciller.
A los españoles no nos ha dado tiempo de calibrar la importancia de esta noticia, sumidos como estamos en el extenso culebrón de los sobresueldos del PP, el caso Bárcenas  y otros muchos asuntos de corrupción, incluido el que  trae de cabeza a la corona y que no tienen visos de ser resueltos con la celeridad que a todos nos gustaría, en forma de contundentes condenas para los culpables.
Pero aún así, también a nosotros nos encantaría ser preguntados sobre la permanencia en la Unión y casi se podría asegurar que el noventa y cinco por ciento de nuestro pueblo estaría encantado con la idea de abandonarla, ya que la sociedad culpa directamente al euro, de todos los males que agitan el panorama económico del país y respiraría con tranquilidad, si se volviera a la antigua peseta.
Esta salida de tono de los ingleses tiene sin embargo, una importancia garrafal  en la pretendida estabilidad europea y actuar como efecto llamada a otras naciones severamente tocadas por la crisis que de llevarse a cabo el Referendum, podrían exigir a sus respectivos gobiernos el mismo derecho a ser consultadas, creando un clima de inseguridad que hiciera que los socios más relevantes empezaran realmente a temer por el fracaso de sus planes, viéndose obligados a replantearse la terrible política de capitalismo feroz que están ensayando, sin recibir ninguna oposición de ninguno de los gobiernos.
Habrá que prestar mucha atención a la respuesta alemana y a los movimientos que Merkel pudiera hacer, una vez conocida la pretensión inglesa, probablemente más que contrariada con que precisamente el país con más prestigio de la Unión, pudiera decirle adiós, sin doblegarse a sus exigencias.
Las noticias, que estos días rebasan la capacidad de los informadores, mantienen en vilo la atención de la ciudadanía y especialmente, la de este sufrido pueblo nuestro, llevado al borde de la ruina por la ineptitud de sus políticos. No sabemos dónde mirar, pero conviene no perder nada de vista, por si acaso en esta división, estuviera nuestra victoria.


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