La decisión del Primer Ministro inglés, de convocar un
Referendum para preguntar a su pueblo si desea continuar en la Unión Europea,
ha levantado ampollas entre el resto de los socios, por miedo a que los británicos se decidan por votar NO, haciendo caer de un
plumazo la idílica imagen de consenso que Merkel desea dar ante el resto del
mundo.
La histórica hegemonía que Inglaterra ha protagonizado
históricamente en el Continente, se ha visto en los últimos tiempos seriamente
afectada por el ascenso alemán y aunque siempre ha estado fuera de la moneda
única, las exigencias de Berlín han terminado por contaminar también su
economía, relegándoles a un incómodo lugar, donde la capacidad de adoptar
decisiones ha quedado considerablemente mermada, con relación a pasadas épocas.
Los ingleses deben pensar que no ganaron dos guerras para
tener que claudicar finalmente ante una supremacía alemana, ganada esta vez con
las cifras y no con las armas y en general, deben negarse a que tal cosa
ocurra, aunque para ello se vean obligados a salir de una Unión, que no hace
más que apartarse de la idea para la que fue creada y que seguramente ve en Inglaterra
el primer enemigo a batir, ahora que nos han puesto a todos bajo el mandato de
la canciller.
A los españoles no nos ha dado tiempo de calibrar la
importancia de esta noticia, sumidos como estamos en el extenso culebrón de los
sobresueldos del PP, el caso Bárcenas y
otros muchos asuntos de corrupción, incluido el que trae de cabeza a la corona y que no tienen
visos de ser resueltos con la celeridad que a todos nos gustaría, en forma de contundentes
condenas para los culpables.
Pero aún así, también a nosotros nos encantaría ser
preguntados sobre la permanencia en la Unión y casi se podría asegurar que el
noventa y cinco por ciento de nuestro pueblo estaría encantado con la idea de
abandonarla, ya que la sociedad culpa directamente al euro, de todos los males
que agitan el panorama económico del país y respiraría con tranquilidad, si se
volviera a la antigua peseta.
Esta salida de tono de los ingleses tiene sin embargo, una
importancia garrafal en la pretendida estabilidad
europea y actuar como efecto llamada a otras naciones severamente tocadas por
la crisis que de llevarse a cabo el Referendum, podrían exigir a sus
respectivos gobiernos el mismo derecho a ser consultadas, creando un clima de
inseguridad que hiciera que los socios más relevantes empezaran realmente a
temer por el fracaso de sus planes, viéndose obligados a replantearse la
terrible política de capitalismo feroz que están ensayando, sin recibir ninguna
oposición de ninguno de los gobiernos.
Habrá que prestar mucha atención a la respuesta alemana y a
los movimientos que Merkel pudiera hacer, una vez conocida la pretensión
inglesa, probablemente más que contrariada con que precisamente el país con más
prestigio de la Unión, pudiera decirle adiós, sin doblegarse a sus exigencias.
Las noticias, que estos días rebasan la capacidad de los
informadores, mantienen en vilo la atención de la ciudadanía y especialmente,
la de este sufrido pueblo nuestro, llevado al borde de la ruina por la
ineptitud de sus políticos. No sabemos dónde mirar, pero conviene no perder nada
de vista, por si acaso en esta división, estuviera nuestra victoria.

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