lunes, 7 de enero de 2013

Premiando la ineptitud



En un país con seis millones de parados, muchos de ellos con gran capacitación para la gestión de empresas, a Telefónica no se le ocurre otra idea que contratar a Rodrigo Rato como asesor, a pesar del enorme agujero que ha dejado su paso por Bankia, que ha costado a los españoles tener que pedir un rescate, para evitar que las finanzas de la nación cayeran de bruces en la bancarrota.
En pleno proceso judicial por lo ocurrido en esta entidad y sin que todavía los jueces se hayan pronunciado sobre su implicación en el agujero de quince mil millones que ha quedado al descubierto tras su salida, la suerte se le vuelve a poner de cara al ex ministro de Aznar, que no solo se convierte en uno de los pocos ciudadanos que encuentran una nueva ocupación, sino que además, la remuneración que recibirá por la misma pudiera estar cercana a los cien mil euros, cifra que se aleja de manera abismal de la que constituye el salario mínimo interprofesional que se está ofreciendo a miles de trabajadores con su misma titulación y que no arrastran la lacra de haber conducido a la ruina, ningún otro tipo de negocio.
Creíamos los españoles incautamente, que ya habíamos pagado con creces a Rato, la desilusión que le produjo el nombramiento de Rajoy como sucesor de Aznar, ya que se le ofreció primero, un puesto de nivel internacional del que no salió muy bien parado y después, el asunto de Caja Madrid, que terminó por conducirnos a todos a la situación extrema en que nos encontramos, pero al parecer, nuestra deuda no ha terminado de saldarse y ahora que ya resulta imposible por lo ocurrido, ofrecerle algún cargo político, alguien se las ha compuesto para reubicarlo en una de las empresas más fuertes del Estado, en la que también militan otros personajes de dudosa catadura, como Urdangarín o Zaplana, de los que será mejor no hablar.
No se sabe muy bien qué espera Telefónica que haga Rato en sus filas, pero si la misión que piensan encomendarle encierra la esperanza de fomentar un negocio productivo, las pasadas experiencias indican que su especialidad es justamente ir cerrando aquello que toca, sin que hasta el momento se haya producido superavit en ninguna de las empresas que ha gestionado, sino más bien todo lo contrario y escandalosamente.
No se comprende que los dueños de estas Compañías puedan obviar el pasado laboral de sus asesores y que admitan a personajes con una trayectoria curricular tan nefasta, sin ningún tipo de exigencias que garanticen la limpieza de su futura gestión, incluso ignorando su imputación en procesos judiciales en curso, de los que podría salir un veredicto que demostrara una culpabilidad que automáticamente les convertiría en delincuentes financieros, que bien podrían repetir sus pasadas jugadas, creando nuevas situaciones de extrema dificultad, ahora en el sector privado, cuando ya no pueden hacerlo en el público.
La única explicación que podría tener este hecho es que también Telefónica tuviera alguna deuda que saldar con el ex ministro o bien que éste guardara alguna información delicada relacionada con esta empresa o con alguno de sus directivos y que no interesa que vea la luz, por las consecuencias que pudiera traer ante una opinión pública, ya suficientemente indignada con lo que está ocurriendo en el país y que sólo necesita una mecha que prender, para provocar un estallido social de incalculables consecuencias.
Es inaceptable que en la larga lista de desempleados que existe actualmente en España, no haya nadie que pueda disputar este magnífico puesto de trabajo a Rodrigo Rato, estando además el ex ministro, como está, en esa franja de edad en la que casi resulta imposible encontrar un empleo y que tanta desesperación está causando en miles de padres de familia, que se ven con el agua al cuello, sin que para ellos se abra nunca ninguna puerta.
Los jóvenes universitarios que se están viendo obligados a emigrar para buscar el sustento lejos de su tierra, tienen hoy un motivo de peso para sentirse absolutamente defraudados con la actitud de estos empresarios españoles, que prescindiendo de cualquier cuestión ética o moral, otorgan el privilegio de un contrato suculento al responsable directo de la ruina de Bankia y que, a la vez, son capaces de ofrecer sin ningún tipo de rubor a cualquiera que llame a su puerta, puestos mileuristas que ni siquiera pagan el tiempo y el dinero invertido en la educación que poseen y que avergüenzan a cualquiera que tenga principios y siga creyendo que el hombre necesita conservar su dignidad, para vivir de una forma decente.
No es de extrañar, si la actitud del empresariado español se rige por estas normas, que no consigamos salir de una crisis, en la que su papel debiera estar encaminado y con urgencia, a combatir drásticamente los casos de flagrante corrupción que hasta ahora se han dado a diario y no a fomentarlos otorgando a dedo toda suerte de privilegios, a quien no merece siquiera un cargo de portero, en la más pequeña de las fábricas que pueblan el territorio español, al que tanto daño ha hecho, sin resultar siquiera herido en el encontronazo.



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