miércoles, 9 de enero de 2013

Un encuentro apacible



Mariano Rajoy y Artur Mas estaban destinados a tener que encontrarse. La batalla que han librado durante los últimos meses sobre el tema de la independencia de Cataluña, no impide que por las obligaciones de sus cargos, se vean obligados a mantener conversaciones periódicas relacionadas con otros temas, al menos mientras que el plebiscito propuesto por el President de la Generalitat no sea un hecho y los catalanes sigan formando parte, a disgusto o no, de los territorios que conforman España.
Sin embargo este encuentro era esperado por gran parte de la población con cierto desasosiego, sobre todo si se le añadía el morbo de la presencia del Príncipe Felipe, que mientras no se demuestre lo contrario, debe ser partidario de las tesis de unidad territorial mantenidas por la Corona y que quizá esperaba alguna salida de tono por parte de Mas, dado que no suelen coincidir en actos públicos con demasiada frecuencia.
Pero no estaba el catalán en un día reivindicativo, o quizá pudo más la educación que su afán independentista, porque la cita transcurrió sin pena ni gloria, sin que de sus labios se escapara una sola referencia al tema, aunque bien podía haber aprovechado la presencia de los medios de comunicación, incluidos micrófonos abiertos dentro del AVE, para pronunciarse sobre lo que piensa o no piensa hacer, aunque solo fuera con fines propagandistas.
Frente a eso, la conversación derivó por los derroteros del aspecto físico de cada cuál y de si practicaban o no deporte diariamente, dejando absolutamente estupefactos a todos los que esperaban cierta acritud entre los asistentes al encuentro, que en cambio dieron la imagen de unos amigos charlando de temas triviales, con lo que está cayendo en el país.
Debió parecerle a Artur Mas que el heredero de la corona, al carecer aún de poder, era poca cosa para tratar con él el asunto que trae entre manos desde que asumió la jefatura de Cataluña y de hecho, más tarde dijo que se reunirá en breve con el Rey para exponerle su plan en la Zarzuela, que es dónde se debe hablar de cualquier cosa que tenga importancia y no en una inauguración que, por otra parte, viene muy bien Cat5aluña, en el terreno de las comunicaciones terrestres.
Sin embargo a Rajoy se le notaba ligeramente incómodo, quizá esperando que de un momento a otro Mas sacara los pies del plato, haciendo alguna declaración subida de tono y dando lugar a tener que improvisar sobre la marcha una respuesta de cierta contundencia, cosa que nada gusta al Presidente español, a juzgar por su afición a los discursos preparados que profesa cuando ha de tratar con la prensa.
Así que al no producirse la noticia, los amantes de las complicaciones y los alborotos, hubieron de conformarse con la imagen gráfica del encuentro, que abre hoy las portadas de todos los periódicos, pero sin poder ofrecer a los lectores ningún tipo de carnaza que pudiera suscitar una nueva polémica, ahora que ha entrado un nuevo año y todavía las cosas están relativamente tranquilas, en el terreno de la información.
La placidez del encuentro seguramente tranquilizó a Rajoy, que probablemente intentará rentabilizar la ocasión, colgándose la medalla de sus buenas dotes diplomáticas, al haber evitado el esperado encontronazo con el catalán y haber salido airoso de tan escabrosa cita.
El refranero, que contiene una cita para cada ocasión, lo explicaría diciendo que dos no discuten, si uno no quiere.



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